
Un ciclo consiste en una serie de fases que se suceden en un mismo orden, hasta llegar a un estado a partir del cual vuelven a repetirse. Las circunstancias por las que se producen estas fases son distintas, así como el contexto y los actores que los protagonizan, pero por lo general se pueden sacar una serie de lecciones que sirven para entender lo que sucede en el futuro. En economía, los ciclos comienzan con una fase de expansión, seguido de auge, recesión, depresión para, tras recuperarse, volver a comenzar con la expansión. Un ciclo largo consta de distintos ciclos cortos que suelen durar entre 3 y 5 años. Vamos camino de cinco años desde que se comenzase a generalizar lo relacionado con la sostenibilidad en el sector financiero.

Incluso podría parecer que las dos cosas no van juntas, porque pensamos en el voluntariado en general, en el formato antiguo, todavía no podemos ver el voluntariado de una manera más moderna, joven y genial. El voluntariado tiene una flexibilidad pocas veces encontrada, ya que se adapta exactamente a quien lo realiza. Puede ser más tradicional, tranquilo, pacífico, como agitado, frenético, jovial e incluso puede ser todo esto junto y mezclado. Seguro que me repito, pero vale la pena mencionar que el voluntariado es una de las actividades más inclusivas y democráticas que tenemos a nuestro alcance. ¿Y dónde entra la tecnología en toda esta conversación?

La política es el conjunto de actividades de negociación y compatibilización de intereses en la toma decisiones que afectan a la sociedad, como la distribución de los recursos. La democracia, la menos mala de las formas de gobierno conocidas, se asocia a la confianza. Esta afirmación suele interpretarse como que los ciudadanos deben confiar en sus representantes, pero existe otra cara de la moneda. Los representantes electos deben confiar en los ciudadanos, algo absolutamente crucial para una cultura democrática completa que es habitualmente ignorado por los poderes del estado.