
En términos de paridad, el sector de la ingeniería en nuestro país continúa siendo una de las industrias con mayor brecha de género. Según el Observatorio de Ingeniería en España únicamente alrededor del 20% de los trabajadores son mujeres, alcanzando tan solo un 12% en telecomunicaciones. Estos datos nos recuerdan que la brecha sigue existiendo y, por ello coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, celebrado el pasado viernes 23 de junio, es importante que levantemos la voz para mostrar al mundo la importancia de la igualdad en esta profesión tan necesaria para el desarrollo económico de las sociedades a nivel global.

Son muchos los autores que actualmente se ocupan de los medios y los problemas de las nuevas tecnologías. Son muchas las opiniones y, algunos de ellos, echan la culpa a la mediatización que se ha producido en la vida social. Por ejemplo, J. Pérez Ternero comenta en un reciente e interesante texto , que la mediatización está transformando profundamente el escenario sociotecnológico y mediático y los ámbitos clave de nuestro sistema social: la “conversación personal” y la “conversación pública” . No es una idea realmente nueva pero, a mi modo de ver, tiene razón cuando afirma que durante décadas se ha construido un ecosistema mediático que impide incluso el intercambio transparente de la información y que encierra a la persona en una especie de burbuja mediática con tintes narcisistas.

Cada vez son más los organismos, empresas y personas que están sensibilizados con la necesidad de cuidar la salud mental. La Organización Mundial de la Salud y la Organización Mundial del Trabajo son dos ejemplos de ello, con sus reiterados llamamientos a cuidarla a través de la adopción de medidas para abordar trastornos como el estrés o la depresión. Hablamos de un tema esencial y universal para el bienestar y la prosperidad de la sociedad y que se debe cuidar en todos los ámbitos de la vida, en las comunidades, en los colegios, en los hogares y, por supuesto, también en el entorno laboral donde el ODS 3 de Salud y Bienestar y el ODS 17 de Alianzas para lograr los objetivos cada vez están ganando mayor protagonismo en las estrategias ESG de las empresas vinculadas con los empleados.

El voluntariado es una actividad noble e importante para la sociedad, que implica la donación de tiempo y talento para ayudar a las personas u organizaciones que necesitan apoyo. Sin embargo, no todos los voluntarios actúan con responsabilidad, compromiso y respeto por las causas que eligen. Los malos voluntarios pueden participar en actividades de voluntariado con el fin de obtener reconocimiento, ganar influencia o aprovecharse de la situación para obtener beneficios personales. En este nuevo artículo reflexiono sobre quienes son los llamados “malos voluntarios”, cuáles son sus principales atributos y las causas por las cuales estos pueden causar más problemas que soluciones.

La diversidad en el lugar de trabajo significa que cada empleado -independientemente de su sexo, origen, edad, creencias religiosas, capacidades físicas u orientación sexual- sienta que forma parte de la empresa y pueda desarrollarse libremente como desee. Esto no sólo beneficia a los propios empleados, sino también a toda la empresa, ya que los equipos diversos son más creativos, innovadores y tienen más éxito (McKinsey). No es de extrañar, que cuanto más diverso es un equipo, más polifacéticos son los conocimientos y mayor es su rendimiento.