
Durante años, organizaciones, gobiernos y filántropos han comprobado que muchas soluciones, especialmente en agricultura, funcionan bien en contextos concretos, pero al trasladarse a otros países pierden efectividad. Factores como el clima, el tipo de suelo, la regulación o las preferencias culturales pueden cambiar completamente los resultados.
Este es el caso de Semilla Nueva, una organización que desarrolla semillas de maíz biofortificadas para mejorar la nutrición y los ingresos de pequeños agricultores.
Según organismos como la FAO (Food and Agriculture Organization) o el Programa Mundial de Alimentos (World Food Programme, WFP) han señalado que el maíz es un pilar alimentario en muchas regiones, pero con limitaciones nutricionales. De ahí el creciente interés, respaldado también por iniciativas como HarvestPlus, en la biofortificación para abordar este problema.
Semilla Nueva ha demostrado que este enfoque puede funcionar en Centroamérica. En Guatemala y El Salvador, sus semillas han logrado aumentar de forma significativa los ingresos de pequeños agricultores, al tiempo que mejoran la calidad nutricional del grano. Pero la verdadera prueba empieza ahora, al intentar trasladar esta solución a otros contextos internacionales como África.
Es por eso que en 2022, la fundación Open Value decidió financiar a Semilla Nueva con capital catalítico para realizar una investigación que respondiera a la siguiente pregunta: ¿Es posible adaptar esta innovación al contexto africano de forma efectiva y segura?
Hoy esa pregunta empieza a encontrar respuesta en Ruanda. Semilla Nueva ha iniciado una colaboración con One Acre Fund, una de las organizaciones agrícolas más influyentes del continente africano, que trabaja con millones de pequeños agricultores proporcionándoles semillas, financiación y asistencia técnica.
En lugar de introducir directamente nuevas variedades, los agricultores están probando maíz biofortificado procedente de Guatemala para evaluar su aceptación. Sabor, apariencia, textura…variables que rara vez aparecen en los modelos económicos, pero que determinan si una innovación se adopta o se rechaza.
Este paso es relevante, ya que la adopción por parte de los agricultores es un factor determinante para el impacto. Estudios en economía del desarrollo, como los del J-PAL (Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab), han mostrado que la aceptación del usuario final es tan importante como el rendimiento técnico.
Las fronteras invisibles de una semilla
Otro de los puntos clave es que antes de que una semilla pueda cruzar de un continente a otro, debe atravesar una serie de filtros.
El primero es regulatorio. Organismos como la IPPC (International Plant Protection Convention) establecen estándares globales para evitar la propagación de plagas y enfermedades a través del comercio de material vegetal. Cada país, además, tiene sus propias autoridades fitosanitarias que evalúan cualquier nueva variedad.
El segundo es ecológico. La introducción de nuevas variedades puede tener efectos sobre la biodiversidad local. Por eso, los marcos regulatorios modernos, incluidos los protocolos derivados del Convenio sobre la Diversidad Biológica, exigen evaluar posibles impactos antes de autorizar su uso.
El tercero es agronómico. Suelos, lluvias, temperaturas, altitudes: variables que determinan si una semilla prospera o fracasa.
Y el cuarto, es cultural. La validación de factores culturales y de consumo, como sabor o apariencia es clave.
Una vez validada la aceptación, el siguiente paso es la adaptación local. Semilla Nueva está trabajando en convertir variedades locales africanas en versiones biofortificadas, en colaboración con actores como One Acre Fund y centros de investigación como el CIMMYT (International Maize and Wheat Improvement Center).
La meta es que, hacia 2027, estas semillas puedan estar listas para su distribución a gran escala en contextos africanos.
El caso de Semilla Nueva ilustra que, en lugar de construir infraestructura propia en nuevos mercados, la estrategia pasa por integrarse en redes existentes y colaborar con actores locales.