Abordar las problemáticas contemporáneas con perspectiva de género resulta esencial para combatir las crisis medioambientales y de seguridad. El cambio climático es una amenaza determinante para la paz y la seguridad en el siglo XXI: afecta a todas las personas, pero no por igual. Este, perjudica de manera particular y más fuerte a las mujeres. El informe “Género, clima y seguridad: mantener una paz inclusiva en la primera línea del cambio climático”, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y ONU Mujeres revela este estrecho e indisociable vínculo entre género, clima y seguridad.
Combatir la desigualdad de género y el cambio climático: dos caras de una misma moneda

En las sociedades contemporáneas son mayoritariamente las mujeres quienes se ocupan de sostener la vida. En muchas ocasiones lo hacen obligadas por mecanismos materiales y simbólicos, bajo el mito y el mandato del trabajo doméstico y de cuidados asociado a las mujeres y realizado por amor o por deber. Sostener la vida se vuelve aún más complejo en un contexto adverso signado por una crisis medioambiental que atraviesa todos los planos.

El cambio climático es una amenaza determinante para la paz y la seguridad en el siglo XXI que afecta de manera desigual a hombres y mujeres siendo estas últimas las más perjudicadas. Las normas de género y las dinámicas de poder dan forma a cómo las mujeres y los hombres de diferentes orígenes experimentan la inseguridad de un clima cambiante o contribuyen a sus soluciones. La crisis medioambiental, así como la crisis de la sostenibilidad de la vida inciden de manera particular y negativamente sobre las mujeres. Entre otras razones, y como consecuencia del desigual sistema de relaciones de género, que asigna a las mujeres una vinculación más estrecha con la naturaleza, la cual es producto del pensamiento dualista cartesiano que estructura el mundo en dualismos jerarquizados y sexualizados que separan la realidad en pares: hombre/mujer, producción/reproducción, razón/emoción, mente/cuerpo, cultura/naturaleza. En estos pares, la primera posición se asocia con la masculinidad y se percibe como jerárquicamente superior, mientras que la segunda se relaciona con lo femenino y se configura como inferior y por ello se desvaloriza.

A medida que los países intentan recuperarse de los devastadores impactos sociales y económicos de la pandemia de la COVID-19, la desigualdad de género continúa agravándose y visibilizándose.  El informe  Género, clima y seguridad: mantener una paz inclusiva en la primera línea del cambio climático  elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Departamento de Asuntos Políticos y Consolidación de la Paz de las Naciones Unidas (DAPCP), revela los estrechos vínculos entre género, clima y seguridad y muestra que las mujeres en la primera línea de acción climática están desempeñando un papel vital en la prevención de conflictos y en la construcción de la paz sostenible e inclusiva.

El informe recientemente publicado, se basa en una serie de estudios de casos de investigación y experiencias sobre el terreno y ofrece un marco integral para comprender cómo el género, el clima y la seguridad están inextricablemente vinculados. El informe evalúa los puntos para instar a la acción a través de las agendas globales existentes y sugiere recomendaciones concretas sobre cómo los formuladores de políticas públicas, los profesionales del desarrollo y los donantes pueden contribuir al cumplimiento de tres objetivos interrelacionados: paz y seguridad, acción climática e igualdad de género.

El documento explica que la situación se vuelve aún más compleja en aquellas comunidades afectadas por los conflictos y los efectos de un clima cambiante, convirtiéndose así en una doble crisis. La pandemia ha venido a agravar aún más los impactos del cambio climático en la seguridad alimentaria, los medios de vida, la cohesión social y la seguridad. Esto puede socavar los avances en favor del desarrollo, intensificar la violencia y también obstaculizar los procesos de paz frágiles.

En este contexto, afirma el informe, las mujeres y las niñas enfrentan un sinnúmero de desigualdades. Dobles y triples jornadas laborales destinadas a tareas domésticas y de cuidados, cargas económicas desproporcionadas debido a los diferentes tipos de marginación, las expectativas de género pueden llevar a hombres y mujeres a recurrir a la violencia cuando los medios de vida tradicionales fallan y los cambios socioeconómicos de envergadura pueden resultar en alteraciones de los patrones de migración.

Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, explica sobre este punto que “El acceso desigual a la tenencia de la tierra, los recursos financieros y el poder de decisión puede crear estrés económico en hogares enteros en tiempos de crisis y puede dejar a las mujeres desproporcionadamente expuestas a riesgos de seguridad relacionados con el clima.” En este sentido, la experta afirmó que la crisis climática va mucho más allá del clima y abordarla de manera efectiva requiere respuestas que consideren los vínculos entre género, clima y seguridad necesariamente.

El informe deja claro con evidencia empírica y tomando casos de diferentes latitudes la necesidad urgente de una acción contundente con perspectiva de género para abordar esta crisis medioambiental. Las intervenciones en torno a los recursos naturales, el medioambiente y el cambio climático, por ejemplo, brindan oportunidades significativas para el liderazgo político y económico de las mujeres y fortalecen sus contribuciones a la paz. Los programas sostenibles de recursos naturales también ofrecen oportunidades para mitigar la violencia sexual y de género en los conflictos. Reconocer que la paz y la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo son interdependientes es vital para forjar un futuro mejor, argumentan los autores del informe.

Las consideraciones de género también deben reflejarse plenamente en las políticas y programas emergentes sobre los riesgos de seguridad relacionados con el clima, por diferentes motivos. Por un lado, para fortalecer la conciencia y la comprensión de vulnerabilidades particulares, y por el otro, para resaltar las oportunidades de liderazgo e inclusión de mujeres y grupos marginados en los procesos de toma de decisiones. Resulta urgente que se realicen más inversiones para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en los Estados frágiles, incluyendo las implicaciones para la movilidad humana y especialmente en los sectores relacionados con los recursos naturales, donde son particularmente bajas.

En este nuevo escenario al que hemos llamado nueva normalidad, y en el cual estamos comenzando a pensar transformaciones estructurales tras la pandemia, combatir la crisis climática y la desigualdad de género son dos caras de una misma moneda. Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, expresó que “reconstruir mejor, con perspectiva de género, significa garantizar que nuestras economías post COVID-19 aborden las desigualdades fundamentales en la sociedad y pongan fin a la violencia contra las mujeres.”

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