Salimos a la calle, entramos en casa, llegamos al trabajo y la economía nos persigue allá donde vayamos. Han llegado incluso a convencernos que no hay nada en este mundo que no esté controlado por la economía. Y lo que es peor, nos trasladan de muchas maneras, que además nosotros no podemos comprender y debemos asumir su omnipotencia. Cuánta mentira, cuánta carencia de rigor, cuánto análisis parcial, escorado, inservible fuera de las peceras donde viven.
Toda organización, todo grupo humano que quiere crear algo nuevo, y ahí incluyo también el ámbito de lo social, y todas las actividades que se realizan desde la RSC (en el ámbito del voluntariado corporativo, programas de desarrollo local, …) debería tener un desde dónde compartido, y un para qué común.
El Gobierno español no contempla imponer a las empresas españolas el requerimiento “informe o explique“ sobre sus impactos en su memoria de sostenibilidad en la Estrategia española de Responsabilidad Social de las Empresas (RSE). Así lo explicó este pasado jueves a diarioresponsable.com Miguel Ángel García Martín, director general de Economía Social, Trabajo Autónomo y Responsabilidad Social de las Empresas, que se ha hecho cargo en este 2013 de la redacción del borrador del Plan Nacional de Responsabilidad Social de las Empresas solicitado a todos los países de la Unión Europea y que fue enviado a los miembros de la Comisión Permanente del Consejo Estatal de la RSE el pasado mes de Octubre.
El mundo está cambiando a pasos vertiginosos, para dar respuesta a los retos globales se exigen soluciones urgentes y sistémicas. No hay duda que se están haciendo progresos pero estos ni tienen la escala ni la celeridad suficiente para adaptarse a la velocidad y magnitud de los cambios disruptivos que se están produciendo.
La demanda de una reflexión crítica sobre nuestra realidad social, institucional y organizacional no ha dejado de crecer con la entrada en el nuevo siglo. Más bien podemos decir que ésta se ha acentuado no sólo con la petición de análisis interdisciplinares serenos, profundos y rigurosos sino también con la exigencia de orientaciones críticas y plausibles con las que hacer posible de éste un mundo a la altura de las más altas expectativas humanas. Por tanto, como se mostrará a lo largo de estas páginas, que se abran caminos para una auténtica transformación que hagan posible la justicia y la igualdad global.
Esta es una de las preguntas que más de 60 expertos de varias disciplinas, representantes del mundo académico, de la sociedad civil y de las empresas nos hicimos hace apenas unos días en Cumberland Lodge, un espacio privilegiado para la reflexión en torno a cuestiones de actualidad situado en el Great Park de Windsor.
Hace unos días la prensa trajo la noticia de que Moritz Erhardt, un interno de 21 años que trabajaba en Bank of America Merrill Lynch, en Londres, fue encontrado muerto en la ducha de su apartamento. Sus compañeros explicaron que Moritz trabajaba muchas horas, muchas más de las que son no ya saludables, sino no peligrosas: llevaba tres días seguidos trabajando hasta las seis de la mañana. Y, de paso, nos enteramos de que esa es una práctica frecuentísima en numerosos empresas, sobre todo en el mundo financiero.
Al presidente de Vodafone España, Francisco Román “lo nacieron” en Madrid hace 57 años. Su madre venía a dar a luz a la capital y tras cada uno de sus partos volvía Santander donde residía toda la familia. Su infancia transcurrió en las verdes praderas cántabras hasta que a los 15 años toda la familia se trasladó Madrid.
Si uno da una vuelta por la hemeroteca de la prensa económica internacional encontrará un buen número de situaciones de crisis empresariales cuya mala gestión les dañó seriamente su reputación. Compañías que tuvieron incidentes graves en materia de seguridad alimentaria, o emisiones incontroladas de productos altamente contaminantes, malas prácticas contables, sobornos, explotación infantil… cualquiera de nosotros podría nombrar, al menos, un ejemplo.