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Son muchas las razones que podríamos enumerar para responder a la pregunta anterior. Pero quizá la más relevante es que el liderazgo de las grandes compañías se apuntala sobre diferentes ventajas competitivas. Y sin duda alguna, una de las ventajas competitivas más difíciles de imitar, y, por tanto de las más sostenibles en el tiempo es la reputación.  Y, desde el punto de vista de los inversores institucionales, una de las variables fundamentales para conseguir una buena reputación es contar con un buen gobierno corporativo.

También conviene señalar que, desde hace unos años, las agencias de rating incorporan en sus criterios de valoración crediticia (metodología de valoración de riesgos) aspectos relacionados con el gobierno corporativo.

Dado lo anterior, podemos concluir que las empresas deben preocuparse por el  buen gobierno corporativo porque las buenas prácticas relacionadas con la gobernanza tienen influencia, positiva o negativa, en la percepción externa que se tiene sobre la compañía y, porque lo anterior parece influir positivamente en la percepción al respecto del valor económico que los inversores están dispuestos a pagar sobre una compañía en particular. Sabemos que el gobierno corporativo trata, entre otras cosas, de resolver los conflictos de interés más significativos que se producen entre: directivos y accionistas, accionistas de control y accionistas minoritarios, la empresa y sus fuentes de financiación...

Adicionalmente, el desarrollo de buenas prácticas de gobierno corporativo tiene por objetivo dar seguridad a los inversores, a los mercados (financieros o no financieros). Trasladando a los inversores certidumbre al respecto de que el comportamiento interno de las compañías, y de sus organismos de dirección, se ajustará siempre a lo establecido por las leyes, a lo declarado por las compañías (a sus valores y principios corporativos), y a la apuesta estratégica  aprobada por sus accionistas o propietarios. Por otro lado pretende orientar a la cúpula directiva quienes velarán en todo caso por la obtención de resultados en el largo plazo. Esto es, pretende minimizar el riesgo empresarial centrándolo en lo que podemos denominar riesgo “competitivo”

Para conseguir lo anterior, dar seguridad a los inversores, se pueden producir dos tipos de respuestas:

–    Acentuar la disciplina de mercado, centrar los esfuerzos en agilizar y dinamizar el funcionamiento de los mercados y no en sustituirlos (ejemplo: blindaje de las sociedades, exigiendo más y mejor información,…)

–    Centrar la respuesta en la regulación y hacer que funcione la justicia frente a las conductas dolosas y desleales de los “hombres de empresa”. Sustituir la autorregulación (“murallas chinas”) por los códigos de buen gobierno y las exigencias de responsabilidad social de la empresa.
Claramente la opción ganadora ha tenido más que ver con la regulación que con la auto-regulación liberal. Así, en los últimos tiempos, se han producido diferentes tipos de propuestas y recomendaciones en todo tipo de economías y países. En este sentido, el “European corporate governance institute” (ECGI) ha documentado de manera exhaustiva los diferentes avances y propuestas desarrollados en 94 países o áreas geográficas diferentes al respecto del concepto de buen gobierno corporativo.

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OpiniónBuen Gobierno

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