¿Sanidad privada? No, no quiero que alguien gane dinero a costa de mi salud. ¿Escuela privada? No, no quiero que a mis hijos le cuenten historias los que ganan dinero con ellas. Me parece que hay no poca gente que piensa así. Privado = corrupto, malo, pervertido por el dinero, explotador de los trabajadores… Claro que también podemos oír el argumento al revés: público = ineficiente, politizado, corrupto, perezoso…
Me paré a pensar en esto hace unos días, leyendo una entrada de un blog -no me quedé con la referencia- cuyo título era parecido al que he puesto aquí. ¿Se fiaría usted de que un policía privado vigilase su calle? Bueno, ya lo hacen; quizás no mi calle, pero sí el banco y el supermercado que visito, el museo al que llevo a mis hijos y la universidad en que estudian…
Se ha discutido en extenso sobre la necesidad de que la RSE tenga jerarquía dentro de la organización, asumiéndola como un enfoque integral de gestión empresarial y no como un conjunto de iniciativas aisladas que no guardan relación con el negocio principal de la empresa.
Pero es justamente allí, en el vínculo entre RSE y Negocio donde todavía los actores de RSE necesitamos entrenarnos para las negociaciones internas con responsables de áreas duras de la empresa que en general tienen a su cargo velar por la “sustentabilidad económica y financiera”.
George Orwell publicó en agosto de 1945 su famosa Animal farm, al decir de los que saben, la más lúcida fábula jamas escrita contra los Estados totalitarios y sin duda una obra de referencia universal. Por cierto, el manuscrito de Rebelión en la granja –como una feliz premonición de su futuro éxito/importancia– fue afortunadamente rescatado de los escombros de la casa del escritor, al norte de Londres, destruida parcialmente en junio del 44 por una bomba V-1 alemana.
Cualquier pasaje del libro es una invitación a la reflexión, hoy más que nunca: “Y, sobre todo, ningún animal debe tiranizar a su propia especie. Débiles o fuertes, listos o simplotes, todos somos hermanos. Ningún animal debe matar a otro animal. Todos los animales son iguales”, proclama el viejo Major en la parte final del discurso que, al principio de la trama, dirige a todos los animales de la granja; el verraco fue el ideólogo que con sus palabras inspiro los siete mandamientos, los principios teóricamente “inmutables”, las normas que deberían guiar a los animales en su particular revolución tras hacerse con el poder en la Granja Solariega del señor Jones.
El desafío que más nos desvela a quienes nos desempeñamos profesionalmente en organizaciones promotoras de la Responsabilidad Social y la Sustentabilidad en Latinoamérica es bastante claro. Que las prácticas de gestión sustentables se extiendan masivamente entre un actor bien concreto: las pequeñas y medianas empresas.
¿El motivo? Claramente, es una cuestión de escala. No existe forma de universalizar las buenas prácticas de gestión responsable sin involucrar a las PyMES de nuestras naciones. Al menos en Argentina, éstas concentran entre el 85% y el 90% del empleo, y los porcentuales son bastante similares en otros países de la región.
Con este título tan comercial pero tan cierto, quiero dar reflejo de lo que me estoy encontrando a lo largo de todo este año en muchas ocasiones: los interminables informes de RSC o Sostenibilidad de las grandes empresas. Informes que rondan las 500 páginas llenas de datos, tablas e información de la que sinceramente no nos podemos creer apenas nada y soy de la opinión de que el exceso de información se ofrece voluntariamente para cansar al lector, aunque de todas formas son informes llenos de verdades a medias.
De aquí se entiende ahora que diga en el título que “menos es más”, porque no hace falta tantísima información para demostrar una voluntad responsable y sostenible, porque no hace falta seguir absolutamente todas las normas certificables y hacer sus informes para ser ético y demostrarlo.
¡Cuántas veces decimos que la confianza es clave en el buen funcionamiento de las empresas! Porque reduce los costes de transacción (hay que montar menos controles y menos supervisión), porque es contagiosa (si los demás confían en mí me veo impulsado a confiar en los demás, el menos hasta que alguien traicione mi confianza), porque anima a todos a pensar más en los demás y menos en uno mismo…
Me dirá el lector que esa la función de compliance o cumplimiento en la empresa: un departamento o persona encargado de que todos cumplan la ley, que detecte laas violaciones contra las normas (incluido el código interno de buenas prácticas) y recoja las quejas. Bien, pero me parece que esa no es la confianza de que hablaba antes. El Chief Compliance Officer (CCO) crea confianza para la empresa y para los que la dirigen, pero no necesariamente para los empleados.
Un mantra de la calidad es la obsesión por conocer las necesidades y expectativas del cliente. No parece calar el mismo mantra entre ciertos gestores de RSE con respecto a sus stakeholders. Estos gestores parecen decidir sobre las respuestas a la ciudadanía, sin considerar a la ciudadanía. Un yerro empresarial similar al político “para el pueblo, sin el pueblo”. Para algunas empresas plantar flores en un parque público es todo lo que necesitan hacer para contentar a ese stakeholder llamado sociedad.
Conocer al cliente es vital, ya se sabe; pero no solo respecto a las necesidades que demanda del producto o servicio, sino integralmente. Lo que teme, lo que ama. Y conocerlo supone una actualización permanente. Lo que preocupaba a los clientes -a la sociedad- hace una década es muy diferente a lo que les inquieta hoy, y a lo que les afectará mañana. De ahí la importancia de un estudio como el que realiza Pew Research Center. Una consulta sobre las preocupaciones más importantes de las personas, en 40 países del orbe.
Esto es posible debido a una tecnología patentada y desarrollada en Chile por un Ingeniero Mecánico. El proyecto SIEFCOC (Sistema Eficiente de Cocción) se está perfeccionando de forma exhaustiva, con el objeto de masificar su venta a todos los estratos socioeconómicos, permitiendo el acceso a las familias más necesitadas del mundo.
Todos los alimentos inmersos en solución acuosa poseen diferentes temperaturas de ebullición, dependiendo del tipo de comida y de la altura sobre el nivel del mar donde se esté cocinando. Por ejemplo, el agua a nivel del mar hierve a 100° centígrados, en cambio a una altura de 2.500 metros sobre el nivel del mar el agua hierve a 93° centígrados. Esta temperatura es la máxima permitida, por lo que es imposible de superar aun cuando se aumente al doble o al triple la intensidad de calor de la cocina.
“Transparencia: fuente de confianza en la empresa” es el título del último Cuaderno de la Cátedra “la Caixa” de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo, que ha escrito Claudia Lucía Alejos (aquí). Como todos los Cuadernos de la Cátedra, es un repaso a un tema importante para la RSC, con lenguaje asequible.
Lucía define la transparencia como aquella propiedad que “permite a una persona razonable e informada la toma de decisiones, generando credibilidad hacia la empresa”. Por tanto, la transparencia no es información sin más, sino información dirigida hacia las personas que deben tomar decisiones que tengan que ver con una organización. Habrá, por tanto, distintas transparencias, según de qué stakeholders se trate: inversores, empleados, clientes, proveedores… La transparencia es, pues, un derecho que mira a los intereses legítimos de los stakeholders. No hay un derecho a la transparencia en general.
Pues no hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumple. Y en este aspecto el mundo se encuentra a prácticamente a un mes de la llamada Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible. Y dejo en mayúsculas las dos últimas palabras, para realzar el significado que implican ambas para el futuro de la humanidad.
Esta cumbre viene a ser una segunda parte de lo que se conoce como los Objetivos del Milenio que se establecieron al inicio del presente milenio. Buscando ampliarlos y profundizarlos en aras de mejorar la vida de toda la humanidad, y buscar la reconciliación con los ecosistemas que dan y prolongan todos los modelos de vida que coexisten en este pedazo de piedra que llamamos planeta tierra.
Si bien las metas que se fijaron hace 15 años no se han cumplido en su totalidad, quiero ver el “vaso medio lleno” y reconocer que se han logrado algunos avances significativos.