En una entrada anterior expliqué lo que me parece podemos definir comoemprendeduría social. Ahora me interesa explicar por qué son empresas. Para ello, me remitiré a una idea sencilla, procedente de la microeconomía.
Supongamos una empresa que produce boligrafos. Al precio actual, de un euro cada unidad, puede producir y vender 1.000 unidades al día, con un coste total de 0,90 euros cada uno: o sea, sus costes de producción son de 900 euros, sus ingresos osn 1.000 y su beneficio es de 100 euros. El lector ya se habrá dado cuenta de que no está en situación de competencia perfecta; por las razones que sean (quizás porque sus bolígrafos se diferencian de los demás por su marca, o su diseño, o su calidad, etc.), puede mantenerse en esa situación durante mucho tiempo.
Ahora supongamos que un emprendedor social compra la empresa. Nada ha cambiado, ¿verdad? Pero él persigue objetivos sociales. Uno podría ser dar empleo a trabajadores con discapacidad. Y otro podría ser emplear el beneficio para financiar una residencia de ancianos con pocos recursos, que es otra de las iniciativas emprendedoras de nuestro protagonista. En el primer caso, si los empleados discapacitados son menos productivos, o tienen más ausencias, o necesitan atenciones especiales, sus costes aumentarán. Si lo hacen hasta un euro, la empresa sigue siendo sostenible: sus costes y sus ingresos son 1.000, y no hay beneficios, que no interesan a nuestro emprededor social.
Cabo Delgado es una provincia situada al Norte de Mozambique. Los indicadores de desarrollo humano en esta zona la convierten en una de las provincias más pobres de uno de los países más pobres del mundo. Sin embargo es justamente debajo de su suelo donde en los últimos años se ha descubierto una de las mayores reservas de gas del mundo, multiplicando la inversión extranjera y las expectativas sobre los beneficios para la provincia y el país, pero también los riesgos de desigualdad y conflicto.
El reto es lograr que la inversión y el crecimiento económico derivados de la explotación y comercialización de los hidrocarburos se traduzcan realmente en un desarrollo inclusivo y sostenible y que proporcione medios de vida y oportunidades económicas a la población.
Lo hemos conseguido, los días 14, 15 y 16 de septiembre nos hemos RSEncontrado en el CaixaForum Madrid.
Recién finalizado el II RSEncuentro, y aunque tenemos pendiente realizar un análisis en profundidad desde el Comité organizador, la Fundación CEPAIM, entidad organizadora de este II RSEncuentro creemos que se han cumplido los objetivos. Durante estos tres días se ha abordado la gestión de la diversidad y la gestión ética de personas. Todas y todos hemos sido creadores de conocimiento a través de la participación, el aprendizaje y el debate que ha favorecido un punto de encuentro donde compartir experiencias y saberes
Las mesas de diálogo nos han hecho reflexionar sobre distintas cuestiones: ¿por qué es necesaria una gestión ética de personas? ¿qué tiene que ver la gestión responsable con los derechos humanos? ¿Cómo conseguimos una responsabilidad real a través de la diversidad, la igualdad y el procomún? ¿Puede existir justifica social si no hay igualdad y equidad de género? ¿Qué papel tienen las empresas en la promoción de la conciliación y la corresponsabilidad? ¿No deberíamos propiciar políticas que incluyan a los hombres como agentes de cambios? Virginia Carrera nos habló de la propuesta de la PPIINA y la reivindicación de los permisos iguales e intransferibles por nacimiento y adopción, cuestión que ya ha materializado la empresa Change.org teniendo como referente a Francisco Polo.
Mucho se habla de materialidad, temas relevantes… ¿Qué significa? ¿Qué nos aporta? Es un concepto que nos ayuda a centrarnos en lo que es importante para una organización y para las personas que se relacionan con ella. Permite identificar y priorizar cuáles son esos temas relevantes desde un enfoque sostenible, más allá de lo estrictamente financiero, que afectan al negocio así como al capital intangible de una compañía.
El análisis de materialidad cumple un rol fundamental para avanzar en la gestión responsable y consciente de las empresas. Es un proceso que permite evaluar cómo estamos realmente escuchando a nuestros grupos de interés, y también aquellos canales con mayor fuerza para revelarnos información clave. Aumenta la capacidad para observar la evolución sobre temas de creciente importancia frente a aquellos que van perdiendo peso.
A veces tenemos una visión del mundo y, en particular, de la economía, más bien rígida. Hay gente que trabaja y gente que dirige, empresas ya constituidas que siguen unos cauces jurídicos desarrollados, unos productos y unos mercados, unas funciones y unos objetivos que, si hacemos caso a los economistas (al menos a los más teóricos), están dados. Pero luego resulta que la vida es mucho más rica.
Digo lo anterior porque estos días he estado repasando mis ideas sobre los emprendedores sociales. Y he llegado a la conclusión, nada nueva, de que son como los demás. Bueno, no como la idea que tenemos de los demás, que sigue el esquema rígido mencionado antes, a los que consideramos como gente que lo que quiere es ganar dinero, a veces a costa de lo que sea. Y, claro, luego resulta que los empresarios y directivos de las empresas con fines de lucro no tienen una sola motivación, sino muchas, que, además, van cambiando en el tiempo, al ritmo de los cambios en el entorno, la tecnología y los clientes.
Nos encontramos en un año marcado por la agenda de encuentros en torno a diferentes vertientes de la sostenibilidad, como la pasada Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Addis Abeba en julio, y la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se desarrollará a finales de noviembre-principios de diciembre en París.
Estos meses, sin embargo, es otro evento el que toma el protagonismo, la Cumbre Especial sobre Desarrollo Sostenible del 25 al 27 de septiembre en Nueva York, cita en la que los jefes de estado y de gobierno ratificarán, salvo sorpresa mayúscula, la agenda de desarrollo post 2015, cuyo contenido final fue aprobado el pasado 2 de agosto, a la espera de las rúbricas señaladas. Sin duda estamos en unos meses clave para determinar los esfuerzos que la comunidad internacional deberá acometer en los próximos años, mediante la participación conjunta de los estados, la sociedad civil y el sector empresarial.