
La pandemia del Covid-19 ha llevado a un nivel de tensión muy elevado a nuestro sistema sanitario, está atentando gravemente contra la vida y la salud de muchas personas y nos va a dejar, al menos en España, una difícil situación económica: cierre de empresas, enorme desempleo, importantes pérdidas de renta y un colosal endeudamiento público.

Ir a trabajar es una amenaza cotidiana para el personal de la salud debido a la crisis del Covid-19; el día 6 de abril el Ministerio de Sanidad informó que de dicho personal, 19.400 personas están infectadas, el 10% hospitalizadas y el 20% han sido dadas de alta. Los recursos sanitarios de principal necesidad en los centros de salud son mascarillas, guantes, batas, respiradores, test rápidos y kits PCRs. La población en general requiere igualmente mascarillas, gel antiséptico, guantes y bolsas de plástico para hacer la compra. Si antes luchábamos por reducir el plástico ahora el plástico es un material necesario para protegernos de cualquier superficie donde pueda estar el virus.

La pandemia del COVID-19 nos hace iguales en el riesgo para la vida y la salud. El virus puede infectarnos a todos, todos podemos enfermar y morir. Solo en esto somos todos iguales.

En ‘Consejo a los políticos para gobernar bien’ Plutarco recuerda que el Rey de los persas tenia encargado especialmente a uno de sus chambelanes para que, por la mañana, entrara en su habitación y le dijera: “Levántate, mi Rey, y piensa en los asuntos de los que el gran Oromasdes ha querido que tú te ocupes”. Y Plutarco nos cuenta que, más allá de lo que Oromasdes (dios supremo de la antigua religión de los persas) quisiera, “la voz que siempre le dice y recomienda esto resuena dentro del gobernante instruido y sabio”.

Nuestro nivel de comprensión necesita un reajuste cotidiano. Muchas tradiciones de todos los tiempos, de Oriente y de Occidente, insisten en este punto. Revisar cómo estamos actuando y cuál es nuestra escala de valores. Ver más allá. Discernir y activar la voluntad.

El Comisario de Justicia de la Unión Europea (UE), Didier Reynders anunció, el pasado 29 de abril, una iniciativa legislativa sin precedentes para principios del 2021 que haría la debida diligencia en derechos humanos y medio ambiente obligatoria, tras su aprobación por el Consejo y el Parlamento.

En numerosos talleres, eventos y paneles surge la gran pregunta que rescata el título de este artículo: ¿Cómo reforzar los argumentos de la sostenibilidad para mejorar las chances que las iniciativas logren apoyos internos?

Con el propósito de contrastar de forma cuantitativa cuál es la importancia real de la investigación y desarrollo (I+D) en un país , empleo el Producto Interno Bruto (PIB) y el Índice de Innovación de Bloomberg (Índice de Innovación). Si bien los dos reflejan comportamientos pasados, permiten deducir las consecuencias derivadas de decisiones presentes y facilitan la formulación de estrategias a largo plazo.

En los últimos meses estamos viviendo una verdadera explosión de la Inteligencia Artificial (IA) aplicada a un problema social. Estamos utilizando la IA para predecir el comportamiento de la epidemia, identificar y aislar a individuos infectados o analizar los factores que explican la evolución de los pacientes.

Ya lo dijimos en un artículo anterior, alto, claro y en latín: Primum vivere deinde philosophari. O sea, primero vivir. Después ya tendremos ocasión de filosofar. Dejemos que sea el propio lector quien sustituya el verbo filosofar por el contenido que considere más pertinente.