
Vivimos un momento histórico que nadie habríamos podido imaginar hace tan solo unos meses. Todo se tambalea y las organizaciones se enfrentan a situaciones totalmente nuevas e inciertas. Y aunque ya comencemos a estar cansados de la llamada “nueva realidad” lo cierto es que nadie sabemos en qué se concretará, cómo será la vida en las organizaciones dentro de unos meses. Ni siquiera mañana.

Cuando tanta gente habla tan bien de una persona es que su huella y su legado quedarán ahí por mucho tiempo.

Leo a Boaventura de Sousa, el sociólogo portugués: “El virus es un pedagogo que nos esta intentando decir algo. El problema es saber si vamos a escucharlo y entender lo que nos esta diciendo. Lo dramático es que tiene que ser por esa vía de muertes para que nosotros, los europeos, los del Norte, que no estamos tan acostumbrados a epidemias y somos muy arrogantes, lo entendamos (...) Si matamos el virus pero seguimos con el
mismo modelo de desarrollo, de Estado y de Sociedad, van a venir otros”.

En Europa seguimos sufriendo por el COVID-19. Miles de fallecidos, incertidumbre económica, dificultades para adaptarnos… Hemos de seguir trabajando y lograremos salir de esta juntos. Pero me gustaría llamar la atención sobre otros lugares donde el punto álgido de la pandemia está aún por llegar o se está alcanzando y donde esa recuperación económica y social no será tan sencilla.

Llevamos una buena temporada recibiendo más y más noticias negativas, hasta el punto de que llegan a interferir en nuestra forma de centrarnos en lo importante para nosotros mismos, los demás y la naturaleza. Así que te invito a leer este artículo que intenta centrarse en noticias positivas.

Celebrando el próximo 8 de junio, día de los Océanos, y en el contexto del “Nuevo Normal” que todos queremos construir, Joseba Bontigui el fotógrafo y artista enamorado del mar y Quiero, la plataforma generadora de cambio, reflexionan en cómo podemos hacerlo mejor como personas para cuidar el planeta y la sociedad, inspirados en el comportamiento de las ballenas, en el marco de #abetterway. Fascinados por las ballenas francas, que el fotógrafo ha estudiado durante años, nos dejan comportamientos para el post-COVID 19.

¿Se puede aprovechar el poder de las finanzas para apoyar la transición ambiental? ¿Se debería? ¿Deberían las empresas comprometerse con objetivos ajenos a su rendimiento financiero, en particular en lo que respecta a su impacto en la sociedad y el medio ambiente, o deberían limitarse a maximizar el valor para los accionistas? ¿Son estas dos visiones contradictorias o están alineadas en un horizonte temporal suficientemente largo?

Un tión, es un tío muy grande, y eso es lo que era Jordi y seguirá siéndolo.

Querido Jordi, soy uno de esos novatos que se sumaron a la RSC cuando tú ya acumulabas mucha experiencia, cuando tú ya estabas rodeado de los pesos pesados del sector y, cuando hablo de pesos pesados me refiero a su sabiduría.

¡Sí, señor! ¡Reactivar! ¡Reactivar!... Que es un verbo dinámico, de los que transmiten energía y quitan el luto. De los que nos cargan las baterías del optimismo, los reservorios de la fuerza vital. Frente a criadores de pájaros de mal agüero, en contra de toda laya de profetas de calamidades de auto cumplimento, en el polo opuesto a todos los anticipadores de las penalidades del Valle de Josafat, tenemos que situarnos los que enarbolamos la divisa de voluntad de vencer; y decirlo muy alto y muy claro: ¡Pongámonos a reactivar!