Pequeños gestos, grandes logros

Este año, Naciones Unidas ha puesto el foco en la economía digital para la celebración del día mundial de la Justicia Social. Se trata de fomentar el diálogo con los Estados miembros y las instituciones de las Naciones Unidas y otras partes interesadas sobre las medidas necesarias para superar la brecha digital, ofrecer oportunidades de trabajo decente y proteger los derechos humanos y laborales en la era moderna de las tecnologías digitales. Todo ello orientado a  buscar soluciones para lograr el desarrollo sostenible, erradicar la pobreza; promover el pleno empleo, la protección social universal, la igualdad entre los géneros y el acceso al bienestar social y la justicia para todos.

Me parecen unos objetivos ideales, pero para mí, igual de importante o incluso más es preguntarme qué puedo hacer yo en mi día a día. Como periodista, y sobre todo como responsable de este diario, darle toda la visibilidad posible. No en vano, junto con la sostenibilidad, la justicia social es uno de los hilos conductores de nuestra línea editorial. Así lo pergeñó su fundador, Jordi Jaumà, que, como ya sabeis, abandonó este mundo en la primavera de 2020. Por ello, los que formamos el comité editorial, creamos el Premio Jordi Jaumà a la Justicia Social, que en esta primera edición ha sido para nuestra querida Adela Cortina por decisión unánime. 

Y como persona, ¿cómo peleo por ella? ¿cómo contribuyo a que sea cada vez más una realidad y menos un deseo no sé si alcanzable o no? Francamente, no se me ocurre cómo lograr un reparto equitativo de los bienes sociales, que es una de sus muchas acepciones. Tampoco tengo muy claro, salvo cumpliendo puntualmente con mis impuestos, qué más hacer para que el Estado del bienestar lo sea realmente para todos. Así podría seguir ennumerando todo el conjunto del derechos que quedan recogidos bajo este paraguas de la justicia social sin estar muy segura de mi aportación a su consecución, de modo que prefiero cambiar mi planteamiento, adaptarlo a lo que efectivamente está en mi mano, es decir, a las personas a las que llego. Y marcarme como mínimo un propósito diario que sea factible y hacerlo. Dedicar un rato a ser ejemplar, bueno, a tratar de serlo. Y, sobre todo, dedicar todos los ratos del día a no ser lo contrario.

Si cada uno de nosotros hace un pequeño gesto al día, el efecto de la suma de todos será grande, muy grande. Así me planteo la vida, así peleo por la justicia social. Gracias a todos los que habeis hecho posible este especial, es un claro ejemplo de que muchos pocos hacen algo grande.

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