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Una visión holística

La visión del mundo por parte del ser humano se compone de las múltiples visiones de aquellos que, de una manera u otra, nos habitan.

La justicia social puede abordarse también como un compendio de lo que por ella se entiende desde diferentes disciplinas, desde distintas maneras de comprender la sociedad y al hombre.

En las siguientes líneas repasaré algunas visiones de la justicia social, desde la filosofía al feminismo, pasando por la política, la literatura, la ética o la sostenibilidad.

Empecemos por la filosofía. Para Julián Marías, hay factores sociales que proceden de la forma en la que se organiza la vida colectiva que influyen en las vidas individuales y las condicionan de tal manera que introducen en ellas una injusticia previa a todo ejercicio particular de justicia. Es decir, una sociedad es justa en la medida en la que “sus vigencias” hacen que las personas puedan vivir a la “altura de su tiempo”.

Cabría preguntarse cuál es el proyecto colectivo de nuestro tiempo y si como sociedad damos una respuesta adecuada ante él.

Pasemos a la ética. Adela Cortina se refiere a la justicia social como “ese ideal que ha recorrido los siglos y persigue crear una sociedad en que todos los seres humanos vean reconocido su igual derecho (…) a llevar adelante los planes de vida que tengan razones para valorar”.

Me quedo además con la llamada de Cortina al sector empresarial: “la empresa del futuro será social o no será”. Una afirmación que parte de la firme idea de que la economía no está libre de valores y de la premisa indiscutible de que una sociedad que no pretenda ser justa es una sociedad inhumana.

Por su parte, el poder político, como sostiene Cortina, está obligado en primera instancia a proteger los derechos, porque esa es su tarea.

Y aquí buscamos la visión desde ese poder político, desde Europa, desde sus valores, derechos y principios, más necesarios hoy que nunca: la libertad, la democracia, la igualdad, el respeto al Estado de Derecho y la defensa de los derechos humanos entre otros.

La visión de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pasa por una Unión de igualdad, tolerancia y justicia social. Apuntala el concepto de igualdad para apostar por la creación de oportunidades para todos, “mujeres y hombres; ciudadanos del este, oeste, sur o norte; jóvenes o mayores”.

La filósofa Amelia Valcárcel liga, por su parte, un sentido moral a la democracia, que necesita imperiosamente la prédica humanista y que está amparada por el voluntariado. Introduce así otro factor ligado a la justicia social.

“El próximo milenio será el del voluntariado”, sostiene, del mismo modo, Adela Cortina.

La igualdad entre mujeres y hombres, defendida por Cortina y Valcárcel, es también parte de la justicia social. ¿Sin igualdad real podemos hablar de justicia social?

Para conseguir dicha igualdad debemos romper la dicotomía entre espacio público, asociado con la visibilidad, y espacio privado, asociado con la invisibilidad. Las mujeres han estado confinadas al espacio privado, donde, como explica la filósofa Hannah Arendt, se pierde la posibilidad de ser visto y oído; se coarta la capacidad tener protagonismo y donde, lo más importante de todo, no se permite influir sobre la percepción de los asuntos, sobre la construcción social de la realidad.

Si la construcción social de la realidad está vetada a una parte de los ciudadanos no podemos hablar, entonces, de justicia social. Es entonces necesario ofrecer visibilidad a todos los grupos, para humanizar la sociedad y restaurar la dignidad de todos.

Para la que fuera primera ministra de Noruega y presidenta de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, Gro Harlem Brundtland, justicia social, igualdad de genero y sostenibilidad son condiciones necesarias para el cambio. “No infravaloremos el papel clave de las mujeres. No podemos permitirnos ignorar este hecho tan decisivo”, advertía la que fue artífice del conocido como Informe Brundtand.

“El desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”, rezaba el informe, donde encontramos la guía para afirmar también que no habrá justicia social sin un desarrollo sostenible.

Igualdad y sostenibilidad, dimensiones de la justicia social a las que habría que añadir una última, la educación. El privilegio de la comunicación, de esa forma suprema de “humanidades” a la que se refería Emilio Lledó. “Ese anhelo de superación, de cultura, de cultivo es, tal vez, la empresa más necesaria en una colectividad, en una ‘polis’ y en su memoria. En ella, en esa educación de la libertad, alienta el futuro, el de la verdad, el de la lucha por la igualdad, por la justicia, por la inteligencia”.

Todo lo anterior expuesto conforma mi personal visión de la justicia social. Una justicia social holística y completa, compleja e igualitaria, para una prosperidad sostenible.

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Opinióndia justicia social

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