
Decíamos en la primera parte de este artículo a finales del año pasado que medir las nubes como si fuesen relojes es, según Popper, el mayor error de la ciencia. Su gran acierto fue, en cambio, demostrar que la refutación de las hipótesis es la mejor forma de que dicha ciencia avance. Son sus dos grandes aportaciones junto, por supuesto, a la idea de una sociedad abierta que lucha permanentemente contra sus enemigos. Las tres están de plena actualidad hoy en día.

La Directiva 2014/95/UE introdujo la obligación para que determinadas empresas[1], presentaran información relativa, como mínimo, a cuestiones medioambientales y sociales, así como relativas al personal, al respeto de los derechos humanos y a la lucha contra la corrupción y el soborno.

La pobreza es una realidad compleja que todavía afecta a millones de personas en el mundo. Toma múltiples causas que componen en su conjunto un marco socioeconómico que la perpetúa y que hace que salir de ella implique un cambio sistémico. Múltiples herramientas tecnológicas nos ayudan a abordar el reto de erradicarla (ODS 1) de forma más efectiva, pero se debe prestar especial atención a su uso y diseño. Está demostrado que las desigualdades que afectan a las personas haciéndolas vulnerables en la sociedad (un medio offline), tienden a replicarse (e incluso potenciarse) en el medio digital.

La diversidad biológica abarca seres vivos y no vivos de nuestro planeta, su interconexión y sistemas. Ha estado disminuyendo rápidamente la última década con las actividades humanas. Se estima que las poblaciones silvestres se han reducido 69% en promedio los últimos 50 años y los ecosistemas naturales en un 47% por el uso recursos a un ritmo que supera con creces la capacidad de la naturaleza para restaurarse. Como la vida en la tierra depende de la biodiversidad, también la economía. De hecho, más de la mitad del PIB mundial depende directa e indirectamente de los productos y servicios de la naturaleza.