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La pobreza es una realidad compleja que todavía afecta a millones de personas en el mundo. Toma múltiples causas que componen en su conjunto un marco socioeconómico que la perpetúa y que hace que salir de ella implique un cambio sistémico. Múltiples herramientas tecnológicas nos ayudan a abordar el reto de erradicarla (ODS 1) de forma más efectiva, pero se debe prestar especial atención a su uso y diseño. Está demostrado que las desigualdades que afectan a las personas haciéndolas vulnerables en la sociedad (un medio offline), tienden a replicarse (e incluso potenciarse) en el medio digital.

Esto sucede a través de algoritmos que reproducen injusticias y desigualdades sociales, diseños no inclusivos de tecnología o políticas públicas y empresariales que no recogen esta dimensión, entre otros ejemplos. Con lo cual, nos encontramos con un escenario digital muy presente que, mal concebido, replica patrones de marginalización de forma sistemática, no respetando derechos digitales y de las personas básicos. 

Digitalizarse casi no es una opción (teletrabajo, automatización de procesos, pagos y compras online…)  Puesto que hoy convivimos e interactuamos en este medio digital de manera constante y prácticamente natural, se debe prestar atención a este medio como una de las vías más importantes de entrada y perpetuación de la pobreza. El uso de redes sociales, plataformas y herramientas digitales ha permitido multiplicar el alcance de cualquier organización. Pero se trata, no solo de usar la tecnología a nuestro alcance, sino de hacerlo de forma consciente y responsable.

¿Qué sucedería si fuese tu foto la que se viraliza como estereotipo de pobreza? ¿Y si no eres consciente de que los algoritmos que utiliza tu organización para filtrar potenciales trabajadores discriminan a ciertos colectivos por falta de datos o un mal diseño? ¿Y si no pudieras acceder a un medio digital porque tienes alguna capacidad para la cual no está adaptado? El mayor problema es no saber que tienes un problema.

Es por ello, que son importantes la publicación de cartas, políticas o iniciativas, pues aportan gran visibilización de esta conversación social tan necesaria. Cada vez son más las empresas que se especializan en auditoría de algoritmos, ética tecnológica, adaptación para discapacidades, etc.

Desde el sector público ya se han impulsado iniciativas de diferentes países que recogen compromisos, recomendaciones y buenas prácticas en torno a la utilización de tecnología con ética y derechos digitales. Por ejemplo, en julio 2021 se publicó laCarta española de Derechos Digitales” y en diciembre 2022 la “Declaración europea sobre derechos y principios digitales para la década digital”.

Desde el tercer sector, it-willbe.org ha lanzado su “Posicionamiento Ético en Derechos Digitates” traduciendo intenciones en acciones y adquiriendo una serie de compromisos en torno a este tema, pretendiendo liderar una transición y adaptación digital ética desde el sector social.

Algunos de los compromisos adquiridos destacados son:

  • Crear mecanismos de participación directa de los y las beneficiarias de los proyectos en el diseño tecnológico;
  • No publicar ninguna imagen con caras reconocibles de menores y/o que perpetúen estereotipos como el de pobreza o analfabetismo;
  • Incrementar la acción en alfabetización digital en terreno.

Este tipo de iniciativas y compromisos, como el de it-willbe.org, suponen pasos importantes desde un sector que tradicionalmente ha estado poco digitalizado, para avanzar en el uso responsable y ético de tecnologías que ya estamos constantemente utilizando y que nos permiten hacer que la solidaridad sea eficiente para crear un mayor impacto positivo.

Normalmente la tecnología se crea desde otros sectores y se adopta en el social. La apuesta de it-willbe.org es seguir impulsando proyectos de innovación y base tecnológica para idear y desarrollar esa tecnología desde una entidad social que conoce de primera mano las necesidades y retos de las personas más vulnerables. Abordando así, desde el principio los retos de diseño, concepción y uso que presenta la tecnología y que contribuyen a perpetuar desigualdades sociales. Como diría el dicho “más vale prevenir que curar”.

Así, trabajar en proyectos de base de innovación tecnológica partiendo desde el respeto y la incorporación de los derechos digitales y la dimensión ética, asegura que las soluciones creadas para abordar el reto de la pobreza serán más coherentes y pondrán a las personas en el centro.

De igual manera, puesto que la pobreza es un reto complejo, requiere de combinar soluciones desde diferentes sectores e involucrar a actores de disciplinas variadas que puedan aportar valor en el conjunto. La clave, en este punto, es la colaboración, para tener resultados positivos reales y sostenibles en el tiempo.

Más información en https://it-willbe.org/

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