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El pasado 29 de junio, como recogía en su edición de aquella fecha Diario Responsable se entregaban los galardones correspondientes a la V Edición del Premio Bankinter Consumer Finance-Universidad Pontificia Comillas a la Investigación en Ética Empresarial. El trabajo que recibió el primer premio venía firmado por Clara Gallego Sosa, Milagros Gutiérrez Fernández y Yakira Fernández Torres, investigadoras de la Universidad de Extremadura y llevaba por título: “Apuesta por la sostenibilidad del gran sector bancario europeo y su relación con la diversidad de género en el ámbito directivo. Una visión desde la Agenda 2030”.

Más allá de la noticia, convenientemente recogida ya, merece la pena subrayar algunas de las claves que subyacen implícitas en el excelente trabajo académico que las autoras presentaban. Sobre todo, en estos momentos, en los que el manuscrito anda embarcado a la aventura del consabido periplo -¡tan universitario, cuanto sorprendente!-, en busca de una revista del mayor alto impacto posible – “¡que, a poder ser, sea un Q-1!... y ¡como mínimo un Scopus, ¿eh?!...”- que lo acabe acogiendo entre sus páginas, a mayor gloria del ranking y en la vía hacia la meta del anhelado sexenio de investigación.

Los lectores que no sean del gremio académico quizás hayan fruncido un tanto el ceño, tratando de dar en el busilis y el arcano de la jerga: que si Scopus, que si sexenio, que si Q-1… “¡Y eso qué es!”

Con todo, estoy convencido de que la idea de fondo les habrá debido de quedar palmaria con la pista de aquella voz inglesa, que aquí funge como palabra clave y que define la RAE en los siguientes términos:” clasificación de mayor a menor, útil para establecer criterios de valoración”.

Veremos si las coautoras del trabajo galardonado con el primer premio acaban teniendo suerte y viendo publicado su paper en un buen journal. Nótese que así, en esos términos, queda la cosa mucho más impactante: mucho más que si dijéramos, un suponer, viendo publicado su artículo en una buena revista… “¿Verdá, usté?”… ¡Ya lo creo! ¡Dónde va a parar!

Por lo demás, la valoración de jurado del premio ya está hecha. ¡Que les quiten ahora lo bailáo a las coautoras! Y, en todo caso, a juicio del leal entender de quienes hubieron de emitir el fallo, supuesto el nivel científico y las formalidades propias de un buen trabajo de investigación, el tema abordado -y esto le consta a quien suscribe- contribuyó de manera directa a inclinar la balanza a favor de la obra de las investigadoras extremeñas. Y ¿por qué? Dejo enunciada no más una respuesta para que el lector juicioso abunde por su cuenta en las consideraciones que estime conveniente.

La banca desempeña un papel de primer orden en el entramado institucional que da vida y estímulo al sistema económico: conectar, intermediando de manera eficiente y ágil, economías deficitarias -inversores- con economías superavitarias -ahorradores-; aportar financiación para llevar a término proyectos económicos de toda escala y alcance… constituyen, entre otros, aspectos esenciales del quehacer financiero y representan lo que, sin duda, se puede calificar como clave en la actividad bancaria y en el quehacer profesional de quienes la conforman.

Si, de paso, se prestara atención a algo obvio e inmediato en el propósito de la banca -a saber: que habría que orientar el negocio al largo plazo; en busca siempre de la excelencia; apostando por la competencia y la profesionalidad, por la capacidad y el mérito de quienes hayan de dirigir la organización en todos los niveles, ya operativos, ya estratégicos; por la diversidad de sensibilidades y perspectivas complementarias, entre otras, la femenina; y, sobre todo, si, como no debiera ser de otro modo, si la dinámica de la banca se orienta al servicio del bien común-; digo que si se pusieran los medios convenientes para que aquel propósito recibiera la atención que se merece y que constituye la condición de posibilidad del éxito a largo plazo, se estaría, cimentando no sólo la sostenibilidad del business bancario, sino que, al paso que se estaría llevando a término una práctica bien orientada, susceptible de verse enmarcada entre las aspiraciones y metas de los Objetivos del Desarrollo Sostenible… se estaría evidenciando un modus operandi, del que tomar nota y como, sin duda, está al alcance de cualquiera, podría verse extrapolado a otros contextos y sectores. Si se generalizare, se estaría apostando a favor de la eficiencia y en aras de la justicia, desde una gestión cimentada en los valores morales que dan norte y sustrato a la Ética Empresarial.

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