¿Cómo se atreven? Les preguntaba la activista sueca Greta Thunberg a los líderes mundiales en la cumbre del clima de Naciones Unidas. Con lágrimas en los ojos, la joven puso en palabras el dolor y la decepción ante la inacción de los mayores responsables de la destrucción masiva del planeta a la que estamos asistiendo como humanidad. Si bien es cierto que los organismos internacionales y las propias naciones tienen el deber de legislar en favor de la protección del medioambiente, debemos asumir nuestra parte de responsabilidad como ciudadanas y ciudadanos. Cabría preguntarnos entonces, ¿Cómo nos atrevemos a mirar hacia otro lado ante la emergencia climática?
¿Cómo nos atrevemos a mirar hacia otro lado?

Hoy celebramos el día mundial de la tierra, aunque ¿realmente hay algo para celebrar? La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra mediante una resolución adoptada en 2009. Este día reconoce a la Tierra y sus ecosistemas como el hogar común de la humanidad, así como la necesidad de protegerla para mejorar los medios de vida de las personas, contrarrestar el cambio climático y detener el colapso de la biodiversidad. La primera vez que se celebró este día fue en 1970 cuando millones de personas salieron a las calles de Estados Unidos para protestar contra los derrames de petróleo y la contaminación de los ríos.

Lo dijimos y lo volvemos a repetir: no existe un planeta B. La tierra es una sola y debemos dejar de destruirla. Gabriel García Márquez ya nos decía que creía que “todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra”. Es cierto, aún estamos a tiempo, pero para poder compartirla debemos antes cuidarla y defenderla como nuestro bien más preciado. Lamentablemente, estamos lejos de que la protección medioambiental sea una prioridad.  Los océanos se encuentran llenos plásticos y se vuelven más ácidos. El calor extremo, los incendios forestales, las inundaciones y las olas de frío como el temporal Filomena que acechó España hace pocos meses son solo algunas de las muestras de los efectos que tiene la destrucción medioambiental. Hoy nos enfrentamos a una pandemia sanitaria mundial con una fuerte relación con la salud de nuestro ecosistema. Al respecto ya hay sobrada evidencia científica que prueba los vínculos entre la pandemia de coronavirus y la crisis climática. Estas son dos caras de una misma moneda.

Científicos en todo el mundo han expresado su preocupación por la potencial aparición de nuevas pandemias en tiempo venideros. Los cambios en la biodiversidad afectan al funcionamiento de los ecosistemas y pueden ocasionar alteraciones importantes de los bienes y servicios que estos proporcionan. Los vínculos específicos entre la salud y la biodiversidad incluyen posibles impactos en la nutrición, la investigación sanitaria y la medicina tradicional, la generación de nuevas enfermedades infecciosas y cambios significativos en la distribución de plantas, patógenos, animales e incluso asentamientos humanos, algo que puede ser alentado debido al cambio climático.

Aquí resulta muy interesante retomar el concepto de “ sindemia” una categoría que reúne lo social y lo biológico.  Este término desarrollado por antropólogos médicos, proporciona un marco teórico para prevenir y tratar las comorbilidades. El termino sindémico se refiere a problemas de salud sinérgicos que afectan la salud de una población en sus contextos sociales y económicos, lo cual tiene directa relación con el medioambiente como condicionante principal de las condiciones de vida de las personas.  Se habla de sindemia cuando dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades. Bajo esta definición muchos especialistas afirman que el coronavirus es una sindemia, ya que el SARS-CoV-2 interactúa con enfermedades no transmisibles (como diabetes, cáncer, problemas cardiacos, etc.) y además lo hace en un contexto social y ambiental caracterizado por la inequidad o desigualdad social.

El lado positivo de todo este panorama adverso y complejo es que evidentemente la preocupación por el medioambiente está ocupando un lugar más importante en la escena pública. Una encuesta desarrollada en más de 30 países sobre el cambio climático realizada por Facebook y la Universidad de Yale concluye que el 86% de las y los españoles cree que el cambio climático debería ser una prioridad alta o muy alta para el gobierno.Además, el 75% de los participantes de la investigación considera que el cambio climático es una realidad. Por otro lado, más de 6 de cada 10 participantes dicen que quieren tener más información acerca de esta problemática urgente.

A todas luces, la Madre Tierra está instándonos a la acción. La naturaleza está sufriendo y el momento de actuar es ahora. Este Día Internacional de la Madre Tierra, es una buena ocasión para reflexionar en torno a las transformaciones que debemos hacer como sociedad y el cambio necesario hacia una economía más sostenible que sea respetuosa de las personas y del medioambiente. Hay muchas acciones por hacer,  desde las más grandes hasta las más pequeñas. El sector empresarial, los líderes políticos y cada persona desde su casa puede aportar para detener la emergencia climática. Tomemos este día para comenzar o profundizar nuestro accionar en la defensa del planeta tierra. Desde Diario Responsable seguiremos haciendo nuestro aporte cotidiano desde la comunicación y el periodismo -valga la redundancia- responsable.  Y tu ¿ seguirás mirando hacia otro lado?

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