Las ciudades deben estar a la vanguardia de un nuevo contrato social

A pesar de las grandes extensiones de tierra vacía en diferentes regiones, vivimos en un mundo cada vez más urbano. Las previsiones de la ONU señalan que en 2050 más de 70% de la población mundial vivirá en ciudades. Más de la mitad del crecimiento urbano total tendrá lugar en China y la India, que se están erigiendo en centros de crecimiento económico. Es por esto que, en un contexto de inminente cambio climático, resulta necesario volver sobre el concepto de ciudades sostenibles y justas; no basta con construir nuevas ciudades ecológicas, sino que es preciso transformar las existentes. El nuevo informe de ONU-Habitat “Ciudades y pandemias: hacia un futuro más justo, verde y equitativo” demuestra cómo las ciudades pueden reducir el impacto de futuras pandemias y ser más prósperas, justas y respetuosas con el medio ambiente. 

La inesperada llegada del coronavirus hace poco más de un año ha desencadenado una crisis global que trasciende largamente el sistema sanitario y afecta a toda la humanidad. Es claro también que no es una crisis aislada, sino que es parte de una crisis ambiental y civilizatoria más profunda, más duradera y más difícil de superar. La crisis sistémica y con múltiples aristas a la que estamos asistiendo no tiene una única causa y, por consiguiente, tampoco una única solución. Una situación que nos plantea una encrucijada histórica y por lo tanto una oportunidad: seguir por el mismo camino o cambiar de rumbo. Y en esta ecuación, las ciudades son un factor central que puede cambiar futuros resultados. 

Las áreas urbanas han estado a la vanguardia de la crisis de la COVID-19, con el 95 por ciento de casos registrados en las ciudades en los primeros meses. Actualmente, con la llegada de las nuevas olas de contagios nuevamente las ciudades están en el ojo de la tormenta. Las áreas urbanas se enfrentaron a una crisis de salud pública que cambiaba rápidamente, junto con desafíos en la movilidad y el transporte seguros, el aumento de las necesidades de agua y saneamiento, el uso crítico de los espacios públicos y las consecuencias económicas de los cierres.

Las infecciones virales siempre han sido parte de la naturaleza, pero esta pandemia ha sido creada por nosotros o, mejor dicho, por nuestro modelo actual de apropiación de la naturaleza.  En este contexto, las ciudades y sus modos in- sostenibles de existencia tienen gran parte de la responsabilidad. Las grandes urbes cada vez más avanzan sobre ecosistemas en donde nunca antes hubo un contacto estrecho y frecuente entre personas y animales silvestres. Por ejemplo, al deforestar, abrir caminos a través de bosques, selvas o humedales; y al establecer poblaciones humanas, generalmente en condiciones precarias, en las fronteras forestales y mineras.

El recientemente publicado Informe de ONU- Habitat advierte que los líderes y planificadores urbanos ahora necesitan repensar cómo las personas se mueven a través y dentro de las ciudades, utilizando las lecciones de la COVID-19, según Los patrones de desigualdad, caracterizados por la falta de acceso a los servicios básicos, la pobreza y las condiciones de hacinamiento.

Las recomendaciones de ONU-Habitat incluyen un mayor enfoque a nivel local en la planificación de vecindarios y comunidades autónomas e inclusivas. El documento explora cómo las ciudades compactas y bien planificadas, que combinan funciones residenciales y comerciales con espacios públicos y viviendas asequibles, pueden mejorar la salud pública, la economía local y el medio ambiente. Asimismo, la publicación pide que las ciudades estén a la vanguardia del movimiento hacia un nuevo “Contrato Social” entre los gobiernos, la ciudadanía, la sociedad civil y el sector privado. Asimismo, recomienda fortalecer el acceso a las finanzas municipales para permitir a los líderes de la ciudad construir una nueva economía urbana que reduzca el riesgo de desastres, así como abordar el cambio climático desarrollando soluciones basadas en la naturaleza e invirtiendo en infraestructura sostenible para permitir un transporte bajo en carbono.

En este sentido, alguna de las acciones claves que se destacan a escala regional son:

  • Reforzar la coordinación entre ciudades, regiones y territorios mediante la creación de plataformas de toma de decisiones y plataformas compartidas. La creación de juntas regionales con el mandato y el poder de cooperar, unificar y gestionar redes de ciudades o aglomeraciones urbanas podría ayudar a subsanar estas deficiencias.
  • Adoptar medidas de protección del medio ambiente, los cinturones paisajísticos y los límites de crecimiento urbano, para limitar la conversión del uso del suelo y reducir el deterioro de los ecosistemas. Esto reducirá los riesgos de propagación de enfermedades zoonóticas y exposición crónica a niveles nocivos de contaminación atmosférica contaminación atmosférica y así disminuir la susceptibilidad a enfermedades respiratorias.
  • Imponer directrices de planificación estrictas que prioricen la calidad del aire y la salud pública.
  • Mejorar la conectividad dentro de las ciudades y regiones mediante políticas urbanas nacionales y planes que aseguren el flujo y la circulación de bienes, servicios y mano de obra también durante  las crisis. Superar las divisiones existentes y promover una expansión holística de la infraestructura regional, tanto física como digital, ayudará también a reducir el impacto socioeconómico de la pandemia
  • Los gobiernos deben incentivar la inversión en medios de producción localizados para los suministros esenciales, como las cadenas de suministro de alimentos y productos médicos, creando una resiliencia regional frente a las crisis repentinas en el suministro mundial.

La tan nombrada y aclamada “nueva normalidad” es otra de las aristas que aborda la investigación llevada a cabo por ONU- Habitat. Sobre este punto, el Informe describe cómo puede surgir una nueva normalidad en las ciudades donde la salud, la vivienda y la seguridad se priorizan para los más vulnerables no solo por necesidad social, sino también por un profundo compromiso con los derechos humanos para todos. Para lograr este cometido, es necesario que las administraciones se concentren en políticas públicas para proteger los derechos sobre el suelo, mejorar el acceso al agua, el saneamiento, el transporte público, la electricidad, las instalaciones de salud y educación y garantizar una conectividad digital inclusiva.

Maimunah Mohd Sharif, Directora Ejecutiva de ONU-Habitat, afirmó que: “Necesitamos abordar frontalmente la pobreza sistémica y la desigualdad en las ciudades, dando un mayor enfoque a la vivienda, los servicios básicos, la movilidad sostenible y la conectividad. Esto también significa proteger los puestos de trabajo y brindar apoyo financiero a las ciudades para permitirles crear resiliencia financiera".

Por su parte, António Guterres, Secretario General de la ONU, en el prólogo del Informe afirma que: “Las ciudades son motores de dinamismo e innovación y pueden ayudarnos a superar los déficits de desarrollo. Pueden encabezar reformas hacia un nuevo contrato social para abordar la pobreza, fortalecer la protección social, restaurar la confianza pública y llegar a las personas marginadas o discriminadas”.  Pensar un horizonte con ciudades más resilientes, sostenibles y equitativas es posible, pero para ello primero debemos permitirnos pensarlo. Y sobre esa base, implementar un cambio transformador y duradero en el cual la forma en que las grandes urbes y pueblos se recuperen de la pandemia tendrá un gran impacto en los esfuerzos mundiales para lograr un futuro sostenible para todos y todas.

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