
La Unión Europea podría quedarse lejos de sus compromisos climáticos si no acelera de forma decidida la reducción de emisiones. Así lo concluye el último número de Papeles de Economía Española, editado por Funcas, que analiza el avance real hacia la neutralidad climática y pone el foco en los retos estructurales que aún persisten .
Según este monográfico, titulado “Transición hacia la neutralidad climática: objetivos y realidad”, Europa dispone de un marco ambicioso de políticas públicas para recortar los gases de efecto invernadero. Sin embargo, los expertos coinciden en que el progreso actual no es suficiente para alcanzar el objetivo intermedio de reducir al menos un 55% de las emisiones en 2030 respecto a 1990.
En el caso español, los datos son claros. Tal y como recoge el estudio, las emisiones netas deberían reducirse todavía un 43% adicional para cumplir los objetivos climáticos. Aunque desde 2005 se ha producido una tendencia descendente, esta ha estado vinculada en gran medida a factores como la mejora de la eficiencia energética, cambios en la estructura económica o periodos de desaceleración, más que a una transformación profunda del modelo productivo .
El peso creciente del sector servicios —que ya representa más del 70% de la economía pero solo genera el 3% de las emisiones— ha contribuido a esta reducción. Sin embargo, otros sectores siguen siendo un obstáculo clave, especialmente el transporte, donde la intensidad de carbono apenas ha variado en las últimas décadas.
El informe también subraya que la transición ecológica no avanza al mismo ritmo en todo el territorio. Las diferencias en la estructura productiva, el mix energético o el desarrollo tecnológico explican por qué algunas comunidades autónomas han logrado reducciones significativas —como Galicia o Aragón— mientras otras presentan avances más moderados .
A escala global, el análisis apunta a una brecha creciente entre países. Mientras las economías desarrolladas han conseguido reducir sus emisiones per cápita, en los países en desarrollo estas continúan aumentando debido al crecimiento económico y demográfico. Esta desigualdad, advierten los expertos, podría agravarse en el futuro, ya que los países con más recursos cuentan con mayor capacidad para adaptarse y mitigar los impactos del cambio climático.
Uno de los aspectos más relevantes desde una perspectiva social es el papel de los hogares. A diferencia de los sectores productivos, las familias encuentran mayores dificultades para reducir su huella de carbono. El nivel de gasto se identifica como el principal factor determinante: a mayor consumo, mayores emisiones asociadas .
Aunque existen ejemplos de hogares con niveles de emisiones más sostenibles, el informe señala que estos casos siguen siendo minoritarios, lo que evidencia la necesidad de políticas públicas más eficaces y accesibles que faciliten cambios en los hábitos de consumo.
En materia de movilidad, medidas como la promoción del transporte público o la implantación de zonas de bajas emisiones han tenido efectos positivos, pero insuficientes. El estudio apunta que estas iniciativas no logran reducir de forma significativa las emisiones si no se acompañan de restricciones más firmes al uso del vehículo privado y mejoras sustanciales en la calidad del transporte público.
Asimismo, instrumentos como el PERTE de descarbonización industrial, que ha movilizado 530 millones de euros, presentan limitaciones derivadas de los plazos ajustados y la falta de tecnologías maduras en algunos sectores, lo que pone en duda su impacto real a corto plazo .
En conjunto, el diagnóstico es claro: aunque existen avances, la velocidad actual no es suficiente. Según informa Funcas, acelerar la descarbonización no solo es una cuestión técnica o económica, sino también social, ya que implica transformar patrones de consumo, reducir desigualdades y garantizar que la transición sea justa para todos los territorios y colectivos.
El reto, por tanto, no es solo cumplir objetivos climáticos, sino hacerlo sin dejar a nadie atrás.