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La economía circular busca cerrar el ciclo de los recursos y maximizar el valor de los productos el mayor tiempo posible. Su objetivo no es solo reducir el impacto, sino regenerar el entorno, optimizar costes, generar nuevas oportunidades económicas y responder a una sociedad cada vez más consciente.
Economía circular en la industria cárnica: avanzar más allá del reciclaje

Frente a retos globales como el cambio climático, la escasez de recursos o la presión regulatoria, este modelo se presenta como una vía imprescindible para garantizar la continuidad y la competitividad de la industria europea.

Aplicada al sector cárnico, uno de los principales motores de la industria alimentaria española, la circularidad adquiere una relevancia estratégica. En 2024, según datos de ANICE, el sector facturó más de 41.000 millones de euros, un 8% más que en 2023, con 3.404 empresas que produjeron más de 7 millones de toneladas de carne. Esta escala convierte cada residuo en una oportunidad, desde la valorización de subproductos para nuevas aplicaciones en alimentación, cosmética, bioplásticos o fertilizantes, hasta la optimización de envases y recursos energéticos.

Mi experiencia en la industria me ha enseñado que la transformación hacia la economía circular puede abordarse a través de varias palancas clave. La primera es la valorización de subproductos. Proyectos innovadores en los que trabajamos desde Incarlopsa, como, por ejemplo, Newprotein, desarrollado junto con MOA Biotech y la Universidad de Extremadura, utilizan fermentación avanzada para convertir residuos en proteínas funcionales para productos crudos, curados y cocidos, reduciendo la dependencia de fuentes proteicas tradicionales y generando recursos de alto valor añadido. Este tipo de avances solo son posibles mediante una colaboración estrecha entre el sector privado, la administración y centros de investigación, que permite escalar la innovación, compartir conocimiento y acelerar la transferencia tecnológica.

Otra palanca esencial es el ecodiseño de envases: materiales reciclados, reciclables o monomateriales sostenibles, junto con envases activos que prolongan la vida útil de los alimentos, contribuyen a reducir el desperdicio sin comprometer calidad ni seguridad. La eficiencia energética y los proyectos de autoconsumo solar también son fundamentales, avanzando hacia una producción más limpia y baja en carbono.

Finalmente, la apuesta por la proximidad es otro pilar esencial de este modelo. En Incarlopsa trabajamos con proveedores y ganaderos locales en la medida de lo posible, priorizando la compra de materias primas y servicios en el entorno más cercano. Esta forma de operar no solo garantiza trazabilidad y calidad, sino que también impulsa la actividad económica en zonas rurales, contribuye a fijar población y refuerza un tejido productivo más equilibrado y sostenible

En mi día a día, estos principios se convierten en un eje transversal de gestión, y permiten obtener resultados tangibles. Nuestro proyecto Reducción de Desperdicio, iniciado en 2020, ha logrado disminuir un 36,5% los residuos alimentarios respecto al inicio, aprovechando 519,5 toneladas de alimentos y evitando la emisión de 100 toneladas de CO₂ equivalente solo en 2024. Estas prácticas muestran cómo la economía circular no solo protege el entorno, sino que también potencia la eficiencia y la rentabilidad del sector.

Además, la circularidad impulsa empleo rural y sostenible, generando miles de puestos de trabajo y fortaleciendo la economía local. En Incarlopsa generamos más de 4.500 puestos de trabajo entre directos e indirectos en Castilla-La Mancha, Castilla y León y Andalucía, y trabajamos con 229 proveedores locales y un 100% de proveedores de ganado nacionales.

En 2026 y más allá, el reto de la industria cárnica será anticiparse y liderar los cambios. Apostar por la circularidad exige visión estratégica, inversión continuada e innovación abierta, reforzando la colaboración público-privada con la administración y los centros tecnológicos, y reivindicando el papel social y económico del sector como embajador de una Marca España comprometida, responsable y sostenible.

El sector cárnico ha enfrentado retos históricos, desde crisis de mercado hasta cambios regulatorios, y siempre ha demostrado resiliencia y capacidad de adaptación. Con la combinación adecuada de innovación, inversión, alianzas y compromiso con la sostenibilidad, no hay duda de que seguirá marcando el camino, demostrando que la producción responsable y competitiva pueden ir de la mano.

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