
¿Cómo? “Fabricamos incubadoras neonatales de bajo coste, de hardware abierto, para hospitales de países donde una incubadora comercial (que puede rondar los 35.000 euros) es sencillamente inalcanzable. IncuNest cuesta en torno a 1.500 euros, es una versión simplificada, con lo importante, para dar una esperanza en lugares sin recursos”.
El proyecto cuenta con más de 300 incubadoras que han salvado la vida de 5.200 bebés en 37 países y Sánchez Bergasa afirma que “lo que de verdad importa no es lo sofisticada que sea tu tecnología, sino si el personal sanitario local puede mantenerla viva cuando tú ya no estás” y
El fundador y CEO de Medical Open World define el proyecto como “ingeniería puesta al servicio de la cooperación” y destaca que “donde hay una incubadora encendida, hay una familia esperanzada”.
Asegura que sus padres han sacrificado toda una vida por él. Valora como indispensables las alianzas como la que tienen con los Salesianos desde 2020 y lanza un mensaje de esperanza “independientemente de lo que uno esté pasando, la vida es bellísima si se mira con los ojos de gratitud justa y sincera”.
A los emprendedores “les diría que digan que sí más de lo que parece razonable: todo lo bueno que me ha pasado en mi vida empezó porque dije que sí a algo antes de saber muy bien cómo lo iba a hacer”.
Esta entrevista forma parte de la serie #ConversacionesdeImpacto en la que han participado Gonzalo Fanjul, Pablo Sánchez, Arancha Martínez, Gloria Gubianas, María Guerrero, Amaia Rodríguez, Natalia Valle, Manuel Lencero, Irene Milleiro, Antonio Espinosa de los Monteros, Diana de Arias, Tomás Garnelo y Carmen Pino, Pedro Ruiz Aragoneses y Juan Carlos Pérez.
Pablo Sánchez Bergasa clausuró el XXIV Congreso de Fundraising, organizado por la AEFr.
Pablo Martín: ¿Quién es Pablo Sánchez Bergasa?
Pablo Sánchez Bergasa: Suelo responder que soy Ingeniero electrónico, pero creo que respondo mejor si digo que soy hijo de Juan Ignacio y Mª Paz, hermano de Marta, Fermín y Cristina, amigo de mis amigos y acompañado de ilusión por gente maravillosa. Soy alguien ordinario, no se me ocurren grandes ideas, pero como buen navarro soy extremadamente cabezón y descubrí una bonita idea sobre dar una esperanza a recién nacidos prematuros y decidí liderar este proyecto junto a otros cabezones.
PM: Siempre cuentas que de pequeño te gustaba construir cosas y entender cómo funcionaban. Mirando hacia atrás, ¿qué personas o experiencias han sido decisivas para convertir esa curiosidad en una vocación de servicio?
PSB: Si tengo que señalar a una persona decisiva, es Eugenio Gubía, fue mi profesor en la UPNA. Me contagió su pasión por la electrónica de una manera que todavía hoy sigo notando, y sueño con poder inspirar a otros algún día como él me inspiró a mí. Esa curiosidad de joven, sin él, probablemente se habría quedado en afición; gracias a él se convirtió en herramienta, y esa herramienta acabó convirtiéndose en vocación de servicio.
PM: Medical Open World nace en 2015 y te dedicas en cuerpo y alma a ella desde 2017 con una misión muy concreta: evitar que 1,5 millones de prematuros al año mueran por falta de una incubadora. ¿Qué recuerdas del primer bebé cuya vida supiste que había cambiado gracias a vuestro trabajo?
PSB: Han pasado ya varios años y miles de bebés desde entonces, y aún así hay algo que no se olvida: la primera vez que ves con tus propios ojos que una máquina que has diseñado (con mis fallos, rediseños, noches dándole vueltas a añadir más funcionalidades…) está manteniendo con vida a un recién nacido que había sido descartado por ser demasiado prematuro. Es un instante muy silencioso, la verdad. No hay grandes discursos. Hay una incubadora encendida, una familia esperanzada.
PM: Cuando uno habla de cooperación internacional suele pensar en ayuda humanitaria, pero pocas veces en ingeniería. ¿Cómo explicas qué es Medical Open World a alguien que nunca ha oído hablar del proyecto?
PSB:Fabricamos incubadoras neonatales de bajo coste, de hardware abierto, para hospitales de países donde una incubadora comercial (que puede rondar los 35.000 euros) es sencillamente inalcanzable. IncuNest cuesta en torno a 1.500 euros, es una versión simplificada, con lo importante, para dar una esperanza en lugares sin recursos. Me gusta decir que lo nuestro es ingeniería puesta al servicio de la cooperación. Es cooperación porque nosotros damos la herramienta, pero las manos son suyas.
PM: Habéis trabajado ya en 37 países y el proyecto cuenta con más de 300 incubadoras que han salvado la vida de 5.200 bebés. ¿Qué has aprendido de tus viajes a terreno en los que ponéis en marcha las incubadoras?
PSB:Cada viaje me enseña algo distinto, pero si tengo que quedarme con una idea que se repite es esta: sobre el terreno, lo que de verdad importa no es lo sofisticada que sea tu tecnología, sino si el personal sanitario local puede mantenerla viva cuando tú ya no estás. He visto equipos carísimos parados en un rincón del hospital porque se rompió una pieza tonta. Eso te cambia la forma de diseñar para siempre. También aprendo mucha humildad en cada viaje: llegas pensando que vas a "salvar" algo, y sales entendiendo que el verdadero mérito es del personal sanitario local, que hace milagros todos los días con mucho menos de lo que tiene cualquier hospital europeo. Nosotros solo les damos una herramienta.
PM: Después de haber visto de cerca tantos hospitales donde una incubadora marca la diferencia entre la vida y la muerte, ¿qué relativizas hoy que antes te parecía importante?
PSB: De esos 1,5 millones de bebés que mueren todos los años, se estima que 1 millón no supera su primer día de vida. Cuántas veces nos hemos quejado de un mal día que hemos tenido, sin saber que eres la envidia de millones. Estoy seguro de que, independientemente de lo que uno esté pasando, la vida es bellísima si se mira con los ojos de gratitud justa y sincera.
PM: Muchas veces se habla de innovación, pero vosotros habláis de soluciones apropiadas, reparables y sostenibles. ¿Por qué crees que, a veces, la mejor tecnología no es la más sofisticada, sino la que mejor responde a las necesidades reales?
PSB: Porque la tecnología no sirve de nada si no sobrevive al contexto donde se usa. Hablamos de soluciones apropiadas, reparables y sostenibles porque hemos comprobado una y otra vez que una incubadora estupenda sobre el papel, pero imposible de arreglar en el hospital donde se instala, es peor que una incubadora sencilla que cualquier técnico local puede mantener funcionando durante años. Usamos componentes comerciales que se pueden comprar en cualquier distribuidor del mundo de forma accesible.
PM: ¿Qué papel desempeñan las alianzas con universidades, empresas, hospitales o centros educativos para conseguir que Medical Open World siga creciendo?
PSB: Son el músculo de todo lo que hacemos. Sin nuestra alianza con Salesianos, que fabrica el IncuNest con nosotros desde 2020, no tendríamos la capacidad productiva ni la formación técnica que necesitamos. Con hospitales colaboramos para validar clínicamente cada mejora, y con empresas y aceleradoras conseguimos el empujón que una ONG por sí sola no puede darse. Cada alianza cubre una pieza que a nosotros solos nos faltaría.
PM: El Premio Princesa de Girona Social te ha dado y os ha dado a Medical Open World gran visibilidad. ¿Qué responsabilidad sientes cuando un proyecto pasa de ser una iniciativa poco conocida a convertirse en un referente del emprendimiento social?
PSB: Es una sensación vertiginosa. De un día para otro pasas de ser un proyecto que pocos conocían a convertirte en una referencia, y eso pesa: ya no hablas solo por ti ni por MOW, hablas en parte por todo el emprendimiento social español. Siento la responsabilidad de estar a la altura, de no convertir el premio en un punto final sino en un punto de partida, y de usar la visibilidad para abrir puertas que hasta ahora nos costaba mucho abrir: alianzas, financiación, talento. El reconocimiento no cambia el trabajo del día a día, pero sí cambia lo que se espera de ti.
PM: Cada vez más jóvenes quieren emprender con impacto. ¿Qué les recomendarías? ¿Qué errores cometiste tú al principio que intentarías evitarles?
PSB: Les diría que digan que sí más de lo que parece razonable: todo lo bueno que me ha pasado en mi vida empezó porque dije que sí a algo antes de saber muy bien cómo lo iba a hacer. Y les diría que no hace falta esperar a tener la solución perfecta para empezar. Si tengo que señalar errores propios, diría que al principio quise controlarlo todo yo solo, y tardé en aprender a delegar y a rodearme de gente mejor que yo en lo que yo no soy bueno.
PM: Si dentro de diez años Medical Open World hubiera cumplido plenamente su propósito, ¿cómo te gustaría que hubiera cambiado la atención neonatal en los países donde trabajáis?
PSB: Me gustaría que tener una incubadora dejara de ser un lujo de hospital de referencia y pasara a ser lo normal en cualquier centro con maternidad, igual que aquí damos por hecho que existe. Me gustaría que la atención neonatal en esos países se apoyara en una red de producción y mantenimiento local, formada por técnicos de allí, no dependiente de que nosotros sigamos volando a cada país. Y si soy sincero, mi sueño es que en diez años MOW ya no tenga que existir para esto, porque ese estándar de cuidado se haya convertido en la norma y no en la excepción.
PM: ¿Crees que España está aprovechando suficientemente el talento de ingenieros y científicos para resolver desafíos sociales? ¿Qué nos falta para conectar mejor innovación e impacto?
PSB: Creo que en España tenemos un talento técnico enorme que muchas veces no encuentra el canal para volcarse en lo social, porque no siempre se le enseña a un ingeniero que eso también es una salida profesional seria. Nos falta normalizar que se puede hacer ingeniería de primer nivel al servicio de una causa, con la misma exigencia técnica que en cualquier empresa. También nos falta más financiación para esa fase intermedia, cuando el proyecto ya no es una idea de garaje, pero tampoco es todavía una empresa consolidada, que es justo donde nosotros hemos vivido gran parte de nuestro recorrido.
PM:¿Qué es para ti el éxito?
PSB: Decir que sí, y hacer lo ordinario con amor extraordinario.
PM:¿A quién admiras?
PSB:A mis padres. En este proyecto de las incubadoras yo he sacrificado parte de mi juventud, pero ellos han sacrificado toda una vida por mí. Cuando lo pienso así, cualquier cosa que yo haya dado se queda pequeña al lado de lo suyo.
PM:Ser feliz es...
PSB:Preocuparte de que los que están cerca de ti lo sean.
PM: ¿Qué te gustaría hacer antes de que acabe el año?
PSB: Lanzar IncuTwin, la “mascota” de las incubadoras. Es una incubadora en miniatura que quiero dar a los que me acompañan en mi ilusión (donantes, empresas que nos ayudan, ONGs que han llevado incubadoras…), con la que puedes apadrinar una incubadora en destino. IncuNest e IncuTwin tienen conexión a internet, por lo que cuando meten a un bebé en IncuNest, tu IncuTwin se ilumina y te informa para que puedas acompañar a ese bebé y su familia.
PM: Un libro…
PSB:‘Van Thuan. Libre entre rejas’. Cuenta la historia real del cardenal vietnamita encarcelado 13 años sin juicio. Lo elegí porque me encantó cómo en medio de una realidad devastadora siempre se puede sembrar esperanza.
PM: Y una película…
PSB:‘Vive como quieras’ (1938) de Frank Capra. Me gustó cómo muestra que la felicidad no está en tener más, sino en vivir con autenticidad y rodeado de la gente que quieres.