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“Aldealista nació de un deseo, se convirtió en un sueño y comenzó con un encargo de mi abuela: “Haz algo por tus pueblos”. Explica Juan Carlos Pérez, CEO y socio fundador de Aldealista, startup que nació en 2020, cuando la pandemia le pilló en Castiñeiro, una aldea de San Xoán de Río (Ourense).
Juan Carlos Pérez: "Aldealista es la promesa que le hice a mi abuela y con una sola frase consiguió darme un propósito"

La app conecta a las personas con los pueblos: “Somos una plataforma de impacto real y una empresa pequeña con alma. Acompañamos a personas que quieren comenzar una nueva etapa de su vida en el rural”.

Juan Carlos se presenta como hijo de la despoblación, sus padres tuvieron que emigrar de dos aldeas de San Xoán de Río. Nació en Suiza, se formó en Barcelona y profesionalmente ha trabajado entre Madrid, Panamá y Noruega.

Considera que “no hay que salvar los pueblos. Quizá sean los pueblos los que puedan salvarnos a nosotros” y que es el momento de impulsar lo rural “dejando de mirar el rural como una ciudad a la que le faltan cosas porque tiene sus propios activos: comunidad, naturaleza, espacio, identidad, silencio, cuidados y otra relación con el tiempo. No necesita copiar a la ciudad. Necesita convertir sus fortalezas en oportunidades”.

Junto a Chemi, el alcalde de San Xoán de Río, forman una ‘pareja de impacto’ que han convertido a esta localidad de Ourense, que cuenta con nueve parroquias y con 590 vecinos, “en un laboratorio rural vivo porque dejamos de preguntarnos qué nos faltaba y empezamos a crear valor con lo que ya teníamos. Desde un pueblo pequeño también se pueden impulsar cambios grandes”.

Conversé con Juan Carlos en el ‘V Camino Hacia la Economía de Impacto’, encuentro que se celebró entre el 8 y el 10 de julio en Santander.

Esta entrevista forma parte de la serie #ConversacionesdeImpacto en la que han participado Gonzalo FanjulPablo SánchezArancha MartínezGloria GubianasMaría GuerreroAmaia RodríguezNatalia ValleManuel LenceroIrene MilleiroAntonio Espinosa de los MonterosDiana de AriasTomás Garnelo y Carmen Pino, y Pedro Ruiz Aragoneses

¿Quién es Juan Carlos Pérez?

Soy hijo de la despoblación. Mis padres tuvieron que emigrar de dos aldeas de San Xoán de Río (Ourense): Cambela y Castiñeiro. Nací en Suiza, me eduqué en Barcelona y mi vida transcurrió entre Madrid, Panamá y Noruega.

En 2020 regresé a Castiñeiro. La pandemia me sujetó allí y me permitió reconectar con mis orígenes. Lo que parecía una parada temporal se convirtió en mi lugar y en mi propósito. Volví para cuidar de los míos y descubrí que también podía hacer algo por los pueblos de los que venimos.

“Nacimos de un deseo, de un sueño, de un encargo”. Puedes presentar Aldealista para aquellos que no la conocen aún.

Aldealista nació de un deseo, se convirtió en un sueño y comenzó con un encargo de mi abuela: “Haz algo por tus pueblos”.

Somos una plataforma de impacto real y una empresa pequeña con alma. Acompañamos a personas que quieren comenzar una nueva etapa de su vida en el rural. Empezamos con una app sencilla, casi como un juego: deslizabas localidades y descubrías con qué pueblo podías hacer match. Aquel juego nos permitió descubrir algo enorme: miles de personas desean vivir de otra manera.

La app creó la comunidad. El Mapa de Deseo nos permite saber cómo, dónde y para qué quiere vivir cada persona. La Llave Aldealista activa un acompañamiento personalizado para encontrar territorio, vivienda, empleo o una oportunidad para emprender.

La app inspira. El Mapa escucha. La Llave abre el camino.

No somos una app para elegir pueblos. Somos una plataforma para ayudar a comenzar una nueva vida.

¿Qué papel ha jugado tu abuela en la creación de Aldealista?

Mi abuela es el origen de todo. Vio marcharse a generaciones enteras, cerrar casas y apagarse aldeas. Cuando regresé, me dijo: “Haz algo por tus pueblos”.

Aquella frase convirtió mi regreso en un propósito. Aldealista es la promesa que le hice a mi abuela.

Desde vuestro nacimiento contáis con 24.885 usuarios, habéis realizado 11.089 matches entre usuarios y localidades y tenéis presencia en 52 países. ¿Cómo ha sido vuestro crecimiento?

Comenzamos jugando a elegir pueblos y terminamos creando una comunidad global. La app confirmó que el problema no es que nadie quiera vivir en el rural. El problema es que ese deseo estaba disperso y no encontraba vivienda, oportunidades ni acompañamiento.

Primero hicimos visible el deseo. Ahora estamos construyendo el camino para convertirlo en una decisión real. Nuestro crecimiento no se mide solo en usuarios. Se mide en personas que encuentran su lugar y en casas que vuelven a tener luz.

¿Puedes explicar cómo se hace un match entre un usuario y una localidad?

En la app, el match empieza con una primera afinidad hacia un lugar, pero el verdadero match comienza cuando escuchamos a la persona.

Con el Mapa de Deseo que se sube a un espacio de datos conocemos cómo quiere vivir, qué necesita y qué busca: vivienda, trabajo, emprendimiento, servicios, naturaleza o comunidad.

Después cruzamos ese deseo con las oportunidades reales del territorio. La Llave Aldealista activa el acompañamiento para convertir esa afinidad en una transición posible.

Un match no es que un pueblo te guste. Es que allí puedas construir una vida.

“No podemos esperar más. Es el momento de impulsar el rural”. ¿Cómo se puede hacer sin llevar a lo rural las recetas de la ciudad?

Dejando de mirar el rural como una ciudad a la que le faltan cosas. El rural tiene sus propios activos: comunidad, naturaleza, espacio, identidad, silencio, cuidados y otra relación con el tiempo.

No necesita copiar a la ciudad. Necesita convertir sus fortalezas en oportunidades.

No hay que salvar los pueblos. Quizá sean los pueblos los que puedan salvarnos a nosotros.

Aldealista se ubica en Castiñeiro, una aldea del concello de San Xoán de Río, en Ourense, que cuenta con 590 vecinos, repartidos en nueve parroquias y que junto al alcalde, José Miguel Pérez Blecua, habéis situado este enclave en el mapa del impacto en España. ¿Cómo ha sido ese impulso entre José Miguel y tú?

Chemi y yo compartimos una certeza: un municipio pequeño no tiene por qué pensar en pequeño. Él ha aportado valentía institucional, capacidad de acción y conocimiento del territorio. Nosotros, innovación, comunidad y conexiones.

San Xoán de Río se ha convertido en un laboratorio rural vivo porque dejamos de preguntarnos qué nos faltaba y empezamos a crear valor con lo que ya teníamos. Desde un pueblo pequeño también se pueden impulsar cambios grandes.

Aldealista ha recibido varios premios en vuestra corta vida. Habéis sido los ganadores de la Impact Social Cup 2025, ganadores de la iniciativa “Que vivan los pueblos 2023”, impulsada por Yoigo y Unlimited, entre otros galardones. ¿Para qué os han servido los reconocimientos y premios?

Nos han dado visibilidad, credibilidad y acceso a nuevas alianzas, pero un premio no abre una casa, no crea un empleo y no trae una familia.

Lo importante es transformar ese reconocimiento en inversión, vivienda y oportunidades para el territorio.

Los premios son un altavoz. El impacto empieza después.

Cada vez más jóvenes quieren emprender con impacto. ¿Qué les recomendarías? ¿Qué errores cometiste tú al principio que intentarías evitarles?

Que empiecen por un problema real, no por una presentación bonita. El impacto no es una etiqueta. Tiene que formar parte del modelo de negocio.

Mi principal error fue querer avanzar demasiado rápido y hacer demasiadas cosas a la vez. He aprendido que tener visión también significa saber priorizar, crear equipo y cuidar la sostenibilidad económica.

El propósito enciende el proyecto. El modelo de negocio evita que se apague.

¿Cómo te imaginas a Aldealista dentro de diez años? ¿Cómo te gustaría que se hubiera potenciado de verdad la colaboración entre la ciudad y el rural?

Imagino Aldealista como una gran infraestructura de transición entre personas y territorios. Me gustaría que cualquier persona pudiera expresar en el Mapa de Deseo cómo quiere vivir y encontrar, a través de la Llave Aldealista, un camino real hacia una vivienda, una oportunidad y una comunidad.

También me gustaría que ciudad y rural dejaran de mirarse como mundos opuestos. La ciudad puede aportar inversión, conocimiento, talento y conexiones.

El rural puede devolver comunidad, naturaleza, alimentos, cuidados, tiempo y sentido. No se trata de llevar la ciudad al pueblo. Se trata de construir una relación nueva entre ambos.

El futuro no será urbano o rural. Será compartido, un equilibrio territorial. 

¿Qué es para ti el éxito?

Que tu vida haya servido para mejorar la vida de otras personas.

Para mí, el éxito es una casa que vuelve a tener luz, una familia que encuentra su lugar o una persona mayor que vuelve a creer en el futuro de su pueblo.

El éxito no es llegar más lejos. Es dejar algo mejor detrás de ti.

¿A quién admiras?

A quienes mantienen vivos nuestros pueblos sin aparecer en los titulares.

A quienes abren cada mañana un pequeño negocio, cuidan a sus mayores, trabajan la tierra o deciden quedarse.

Y, especialmente, a mi abuela. Con una sola frase consiguió darme un propósito.

Ser feliz es…

Estar donde debes estar, con las personas que quieres y haciendo algo que tiene sentido.

¿Qué te gustaría hacer antes de que acabe el año?

Que las personas que hoy están en nuestro Mapa de Deseo terminen el año comenzando una nueva etapa en el rural. Que una Llave deje de ser un símbolo y abra una puerta de verdad.

Un libro…

‘La casa de mi padre’, de Jaime Izquierdo.

Porque el territorio no es solo el lugar del que venimos. También puede ser el lugar desde el que reconstruimos el futuro.

Y una película…

La vida es bella.

Porque incluso en los momentos más difíciles, el amor, la imaginación y la esperanza pueden proteger lo verdaderamente importante.

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