
Durante décadas, el Producto Interno Bruto (PIB) ha sido la gran referencia para medir el éxito de las economías. Sin embargo, mientras las cifras macroeconómicas continúan creciendo en muchos países, también aumentan las desigualdades, la crisis climática, la desconfianza institucional y el deterioro de la salud mental y la cohesión social.
Según recoge el nuevo informe Contar lo que cuenta: una brújula del progreso para las personas y el planeta, impulsado por Naciones Unidas, esta situación evidencia una desconexión cada vez más profunda entre el crecimiento económico y el bienestar real de las personas.
El documento, presentado esta semana por el secretario general de la ONU, António Guterres, propone avanzar hacia un sistema de medición más amplio que complemente el PIB con indicadores sociales, ambientales y de calidad de vida.
Aunque el PIB continúa siendo una herramienta útil para calcular la actividad económica, el informe recuerda que nunca fue concebido para medir bienestar, sostenibilidad o justicia social. Sin embargo, con el tiempo, se ha convertido en el principal parámetro con el que gobiernos, mercados e instituciones evalúan el progreso de las sociedades.
El problema, advierten los expertos, es que este indicador deja fuera elementos esenciales para comprender cómo viven realmente las personas. El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, la concentración de la riqueza, la contaminación, la pérdida de biodiversidad o el impacto de las crisis sobre la salud mental apenas aparecen reflejados en las estadísticas económicas tradicionales.
“Lo que medimos influye en lo que valoramos”, señala el informe.
Ante este escenario, Naciones Unidas creó en 2025 un Grupo Independiente de Expertos de Alto Nivel con el objetivo de desarrollar nuevas propuestas para complementar el PIB y orientar mejor las políticas públicas.
El resultado es una propuesta de “tablero de progreso” integrado por 31 indicadores organizados en cuatro grandes áreas: bienestar actual, equidad e inclusión, sostenibilidad y resiliencia, y principios fundamentales como los derechos humanos, la paz y el respeto por el planeta.
Entre las variables que incorpora este nuevo enfoque aparecen indicadores vinculados a la vida cotidiana y al bienestar social que rara vez ocupan un lugar central en la evaluación económica. Entre ellos destacan:
El informe también plantea medir cuestiones más complejas de cuantificar, como la confianza social, la calidad institucional o la capacidad de las sociedades para afrontar futuras crisis económicas, sanitarias o climáticas.
Según explican los expertos, el objetivo es evitar escenarios de “crecimiento sin progreso”, en los que las economías aumentan su producción mientras empeoran las condiciones sociales y ambientales.
El documento utiliza además el auge de la inteligencia artificial como ejemplo de las limitaciones de medir el desarrollo únicamente a través del crecimiento económico.
Aunque la IA puede aumentar significativamente la productividad global, también podría intensificar problemas como la destrucción de empleo, la concentración de poder económico o el desarrollo de tecnologías militares cada vez más sofisticadas.
Por ello, el informe advierte de que evaluar la inteligencia artificial solo por su contribución al PIB sería una visión “miope”, incapaz de reflejar sus impactos sociales y democráticos.
Entre las recomendaciones finales, el grupo de expertos propone que los países desarrollen paneles nacionales de progreso adaptados a sus prioridades y alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Asimismo, plantea que Naciones Unidas publique un informe anual global que complemente las métricas económicas tradicionales con indicadores sobre bienestar humano y sostenibilidad ambiental.
Durante la presentación del documento, António Guterres insistió en que el desafío no pasa por eliminar el PIB, sino por dejar de utilizarlo como única referencia para medir el éxito de las sociedades.
“El crecimiento a cualquier costo nos deja a todos más pobres, no más ricos”, afirmó el secretario general de la ONU, según recoge el informe presentado por Naciones Unidas.