
La desigualdad en el reparto de la riqueza vuelve a situarse en el centro del debate social tras el Día del Trabajo, celebrado el pasado viernes 1 de mayo. Según advierten Oxfam Intermón y la Confederación Sindical Internacional (CSI), la remuneración de los directores generales ha crecido a un ritmo muy superior al de los salarios de las personas trabajadoras, evidenciando una brecha cada vez más profunda.
El informe, publicado en la antesala del 1 de mayo, pone cifras a esta tendencia: en 2025, los sueldos de los altos ejecutivos aumentaron un 11% en términos reales, mientras que el salario medio apenas creció un 0,5%. Esta diferencia refleja, según las organizaciones, un modelo económico en el que una parte creciente del valor generado se concentra en manos de directivos y accionistas.
El estudio, que analiza 1.500 grandes empresas en 33 países, muestra que la remuneración media de un director general alcanzó los 8,4 millones de dólares en 2025. A ese ritmo, una persona trabajadora necesitaría cerca de 490 años para percibir esa misma cantidad.
Además, casos extremos evidencian la magnitud del fenómeno: al menos cuatro directivos superaron los 100 millones de dólares en salario y bonificaciones en el último año. Paralelamente, los milmillonarios ingresaron en conjunto el equivalente a 2.500 dólares por segundo en dividendos.
Desde una perspectiva de largo plazo, la tendencia es aún más preocupante. Entre 2019 y 2025, los salarios reales de la población trabajadora han caído un 12%, mientras que los de la alta dirección han aumentado un 54%, consolidando una dinámica de creciente concentración de riqueza.
En el caso español, los datos refuerzan este diagnóstico. Según recoge el análisis de Oxfam Intermón, la remuneración de los directores generales de las principales empresas creció un 16% en el último año. En contraste, el salario medio apenas ha aumentado un 3,6% desde 2019.
Esta desigualdad se traduce en cifras contundentes: un alto directivo gana en un solo año lo que una persona trabajadora promedio tardaría prácticamente un siglo en obtener. Actualmente, los sueldos de estos ejecutivos multiplican por 98 el salario medio en España.
Miguel Alba, responsable de Desigualdad y Sector Privado de Oxfam Intermón, advierte —según recoge el informe— que estas remuneraciones “alcanzan dimensiones desorbitadas”, muy alejadas de la realidad de quienes afrontan los costes básicos de vida.
El informe también pone el foco en otras dimensiones de la desigualdad. La brecha salarial de género en estas grandes empresas se sitúa en torno al 16%, lo que implica que, en la práctica, las mujeres dejan de cobrar a partir del 4 de noviembre de cada año en comparación con sus compañeros.
Asimismo, las organizaciones alertan del creciente poder político de las grandes fortunas. Según una encuesta global citada en el análisis, la mitad de la población considera que “los ricos suelen comprar las elecciones”. Este fenómeno, advierten, puede erosionar la democracia y debilitar derechos laborales.
Ante este escenario, tanto Oxfam Intermón como la CSI insisten en la necesidad de adoptar medidas estructurales. Entre ellas, destacan la implementación de una mayor fiscalidad sobre las grandes fortunas, el establecimiento de límites a la remuneración de la alta dirección y la actualización de los salarios mínimos conforme a la inflación.
Según defienden, estas políticas permitirían avanzar hacia economías más justas, donde el trabajo sea adecuadamente remunerado y se refuercen tanto la cohesión social como la calidad democrática.
En un contexto marcado por la conmemoración del Día del Trabajo, el informe lanza un mensaje claro: sin cambios profundos en el modelo de distribución de la riqueza, la brecha entre quienes más ganan y quienes sostienen el sistema productivo seguirá ampliándose.