Así lo afirma el último informe publicado por El Banco Mundial, el cual explica que, tras el cierre de las escuelas a raíz de las medidas sanitarias tomadas con la llegada del coronavirus, muchos niños y niñas en edad escolar verán afectada su formación. Concretamente, la investigación sostiene que la pandemia ha agravado la crisis mundial de aprendizaje que ya existía.
La educación de más de 70 millones de niños y niñas ha empeorado tras la pandemia

Es evidente que la pandemia no ha afectado a todas las personas ni a todas las generaciones por igual. Sin dudas, las poblaciones más pobres han sido más fuertemente golpeadas por el coronavirus y los niños y niñas lo han sufrido especialmente. De acuerdo con dos nuevos informes del Banco Mundial publicados durante este mes de diciembre, debido a los cierres de escuelas relacionados con la COVID-19  72 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria podrían verse afectados por la pobreza de aprendizajes, lo que significa que a los 10 años no podrán leer y entender un texto sencillo.

El informe afirma que la pandemia está agravando la crisis mundial de aprendizaje que ya existía: debido a ella, podría aumentar del 53 % al 63 % el porcentaje de niños en edad de asistir a la escuela primaria de los países de ingreso bajo y mediano que se ven afectados por la pobreza de aprendizajes. Asimismo, los expertos afirman que esta generación de estudiantes podría perder alrededor de 10 billones de dólares en ingresos generados a lo largo de toda la vida, monto equivalente a casi el 10 % del producto interno bruto (PIB) mundial.

El estudio destaca que la pandemia ha generado dos conmociones de gran envergadura. Por un lado, debido a los cierres de establecimientos educativos, la mayoría de las y los estudiantes del planeta no concurre a la escuela: 1600 millones durante el pico de la pandemia en abril de 2020 y casi 700 millones incluso hoy en día. Y por otro lado,  el impacto negativo de la contracción sin precedentes de la economía mundial sobre el ingreso de las familias ha contribuido al aumento de la deserción escolar. 

Sobre este aspecto la investigación explica que los grupos marginados son más propensos a quedar aún más rezagados. Además, las niñas corren mayor riesgo de embarazo adolescente y matrimonio prematuro durante la pandemia. Asimismo, los niños con discapacidad, las minorías étnicas, los refugiados y las poblaciones desplazadas tienen menos probabilidades de acceder a materiales de aprendizaje remoto adecuados y de regresar a la escuela después de la crisis.

Como respuesta a la pandemia, en el marco de los sistemas educativos ha sido necesario implementar rápidamente innovaciones en el aprendizaje remoto a gran escala. Para llegar a la mayor cantidad posible de niños y jóvenes, se han aplicado enfoques de aprendizaje a distancia multimodal que combinan recursos virtuales con material de radio, televisión y telefonía móvil, así como impreso, para los más vulnerables. Sin embargo, las enormes brechas digitales que existen en todo el mundo han sido una gran barrera, desde la conectividad hasta las habilidades digitales y las desigualdades en la calidad del apoyo parental y los entornos de aprendizaje en el hogar contribuyen a agravar las desigualdades en el aprendizaje.

El estudio concluye que los países pueden trazar su propio camino asumiendo el compromiso político en materia de educación que este dentro de sus posibilidades. En este sentido, sugiere llevar a cabo inversiones y reformas a fin de garantizar que:

  1. El alumnado esté preparado y motivado para aprender, con un mayor énfasis en el desarrollo integral de los niños y niñas y el apoyo a la continuidad del aprendizaje fuera de la escuela, y mejor preparación a través de una educación preescolar de calidad, estimulación temprana y una nutrición adecuada;
  2. Las y los docentes sean eficaces y se sientan valorados, y estén preparados para asumir la función cada vez más compleja respaldada por la tecnología que permita enseñar a estudiantes con diversos niveles de aprendizaje, lo que requiere una trayectoria profesional meritocrática y apoyo permanente a través de capacitación práctica centrada en la calidad de la instrucción;
  3. Los recursos de aprendizaje, incluidos un programa académico eficaz y el aprendizaje combinado, respalden prácticas pedagógicas que garanticen que cada estudiante reciba instrucción en el nivel que necesita;
  4. Las escuelas sean espacios seguros e inclusivosen los que se adopte un enfoque integral que trascienda el entorno escolar con el objetivo de prevenir y abordar la violencia, y no dejar atrás a ningún niño;
  5. Los sistemas educativos estén bien administradosy cuenten con directivos escolares que promuevan una práctica pedagógica más eficaz y una burocracia educativa competente que sea diestra en el uso de la tecnología, los datos y las evidencias.

Si bien no existe un único camino para abordar el aprendizaje en el futuro, la investigación realizada por el Banco Mundial sugiere:

  • Llevar a cabo reformas sistémicas respaldadas por un compromiso político y un enfoque que involucre a todo el Gobierno y se centre en la necesidad de que todos los niños aprendan
  • Hacer constante hincapié en la equidad y la inclusión
  • Actuar a partir de las evidencias y centrarse en los resultados
  • Garantizar el compromiso financiero necesario
  • Realizar inversiones inteligentes en tecnología educativa

Mamta Murthi, vicepresidenta de Desarrollo Humano del Banco Mundial afirmó que “Si no se adoptan medidas urgentes, es probable que esta generación de estudiantes nunca logre desarrollar plenamente sus capacidades ni su potencial para generar ingresos, y los países perderán capital humano esencial para sostener el crecimiento económico a largo plazo”.

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