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Vivimos un momento de hiperproducción de diagnóstico. Informes estratégicos, barómetros, índices y escenarios se suceden a un ritmo vertiginoso. Cada sector tiene los suyos y cada comunidad profesional los consume —cuando lo hace— dentro de su propio perímetro.
Algo está cambiando… y no es solo una crisis más

Tres informes clave ayudan a entender por qué la inestabilidad ha dejado de ser excepcional

El resultado es paradójico: sabemos mucho, pero a menudo entendemos poco el conjunto.
Algo así como tener todos los mapas… pero no una brújula clara.

Los informes se leen de forma fragmentada: los de defensa, en clave geopolítica; los de riesgos, en clave económica o técnica; los de confianza, como termómetros sociales más o menos preocupantes.

Rara vez se ponen en diálogo. Rara vez se interpretan como síntomas de un mismo cambio de fase.

Este artículo parte de una intuición sencilla: cuando documentos tan distintos —en origen, lenguaje y público— empiezan a converger en el diagnóstico, no estamos ante una coincidencia, sino ante una señal estructural.

La Estrategia de Defensa Nacional 2025 del Gobierno de Estados Unidos, el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial y el Barómetro de la Confianza 2025 de Edelman no se citan entre sí. No comparten metodología ni objetivos. Y, sin embargo, cuando se leen conjuntamente, describen un mundo sorprendentemente similar.

Un mundo en el que la inestabilidad deja de ser excepcional y pasa a ser estructural. Un mundo en el que los riesgos son conocidos, pero difíciles de gobernar colectivamente. Un mundo en el que las instituciones y organizaciones cargan con expectativas crecientes en un contexto de confianza fragmentada.

El objetivo de esta lectura cruzada no es resumir informes —para eso ya existen excelentes síntesis—, sino interpretar el clima de época que emerge cuando se observan en conjunto.

DE LA GESTIÓN DE CRISIS A LA GESTIÓN DE LA INESTABILIDAD

Durante años hemos interpretado el contexto global como una sucesión de crisis: financiera, climática, sanitaria, energética, geopolítica. Cada una con su relato, sus medidas extraordinarias y la promesa implícita de una vuelta a la normalidad.

Ese marco empieza a quedarse corto. Entre otras cosas, porque la normalidad a la que aspiramos se menciona mucho… pero se deja ver poco.

Lo que emerge con creciente claridad es un cambio de fase: el paso de una lógica de gestión de crisis a una lógica de gestión permanente de la inestabilidad. No como anomalía, sino como condición estructural del sistema.

La diferencia es profunda. Gestionar crisis implica identificar un problema, activar mecanismos excepcionales y restaurar un equilibrio previo. Gestionar la inestabilidad supone aceptar que ese equilibrio ya no existe —o que, si existe, es transitorio— y que las estructuras políticas, económicas y organizativas deben operar sin la expectativa de un retorno claro a un estado anterior.

Este desplazamiento se refleja en el lenguaje dominante: resiliencia, anticipación, seguridad ampliada, riesgos sistémicos, escenarios prolongados. No apuntan a una disrupción puntual, sino a la asunción de que el entorno será volátil, interdependiente y difícilmente predecible durante un periodo indefinido.

Las implicaciones son claras. El riesgo deja de ser algo a evitar para convertirse en una variable estructural que debe integrarse en la toma de decisiones. Y las responsabilidades se difuminan: las expectativas se redistribuyen entre Estados, empresas, organizaciones sociales y ciudadanía, a menudo sin marcos claros de coordinación, legitimidad o rendición de cuentas.

TRES CAPAS DE LECTURA DE UN MISMO MUNDO

Este cambio de fase no se formula de manera homogénea. Se expresa de forma distinta según el lugar desde el que se observa la realidad. Los tres informes pueden leerse como tres capas de interpretación del mismo contexto: poder, sistema y sociedad. 

El poder se prepara

La Estrategia de Defensa Nacional 2025 no es relevante solo por su contenido militar, sino por los supuestos que normaliza. Asume un entorno de competencia estratégica permanente, erosión del orden multilateral y conflicto prolongado.

La seguridad deja de ser sectorial para convertirse en un marco transversal que incluye economía, tecnología, cadenas de suministro, infraestructuras críticas e incluso cohesión social. El objetivo ya no es evitar el conflicto, sino estar preparados para gestionarlo de forma sostenida.  

El sistema lo sabe

El Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial ofrece un diagnóstico ampliamente compartido: riesgos conocidos, interconectados y persistentes. Cambio climático, fragmentación geopolítica, desinformación, desigualdad o disrupción tecnológica no son novedades.

La diferencia está en el reconocimiento explícito de un déficit de gobernanza. Los riesgos son sistémicos y transnacionales, pero las capacidades de respuesta siguen siendo fragmentadas. Sabemos lo que ocurre, pero no siempre sabemos quién —ni cómo— puede hacerse cargo. 

La sociedad no acompaña

El Barómetro de la Confianza de Edelman añade una capa clave. Más allá de los titulares sobre desconfianza, muestra una fragmentación profunda del vínculo entre sociedad e instituciones.

La confianza no desaparece, se redistribuye de forma desigual. Y, al mismo tiempo, las expectativas no disminuyen: se exige acción a gobiernos, empresas y organizaciones incluso cuando su legitimidad está erosionada. No se trata solo de percepción, sino de un desajuste funcional entre expectativas sociales y capacidades reales. 

El triángulo roto

Leídas conjuntamente, estas capas dibujan un escenario coherente, pero desalineado.

El poder se prepara para un mundo inestable.

El sistema diagnostica riesgos que no logra gobernar.

La sociedad exige respuestas en un contexto de confianza fragmentada.

Cada pieza parece hacer lo que le corresponde.

El problema es que ya no están jugando el mismo partido.

El resultado no es inacción, sino respuestas que no terminan de encajar: técnicamente sofisticadas, políticamente frágiles y socialmente cuestionadas. Más que una crisis de confianza aislada emerge una crisis de articulación entre poder, sistema y sociedad.

CINCO IMPLICACIONES INCÓMODAS 

  1. La sostenibilidad ya no opera en un entorno neutral.
    La inestabilidad y la lógica de seguridad reconfiguran prioridades y compromisos. Pensar sostenibilidad al margen de estas dinámicas es cada vez menos realista.
  1. Se están trasladando fallos sistémicos a las organizaciones.
    Empresas y entidades sociales asumen responsabilidades crecientes, con la esperanza —no siempre fundada— de que alguien consiga resolverlas.
  1. La confianza se invoca, pero no se diseña.
    No puede exigirse confianza allí donde los marcos institucionales no están preparados para sostenerla.
  1. El liderazgo se redefine sin decirlo explícitamente.
    Se demandan capacidades nuevas, pero se siguen evaluando con criterios heredados de entornos más estables.
  1. El mayor riesgo es seguir operando con marcos mentales obsoletos.
    No equivocarse, sino interpretar el mundo con categorías que ya no lo describen. 

PREGUNTAS PARA UN TIEMPO QUE YA NO ES TRANSITORIO 

  • ¿Estamos diseñando organizaciones para gestionar estabilidad o para operar en incertidumbre estructural?
  • ¿Hasta dónde puede llegar la empresa en la gestión de riesgos sistémicos?
  • ¿Puede la sostenibilidad cumplir un papel transformador sin poder real dentro de las organizaciones?
  • ¿Estamos revisando nuestros marcos mentales o solo el lenguaje con el que describimos una realidad que ya ha cambiado?

Cerrar con preguntas no es una renuncia a la acción. Es reconocer que, en determinados momentos históricos, avanzar exige primero repensar cómo interpretamos lo que está ocurriendo.

 

POR SI QUIERES SABER MÁS SOBRE ESTOS INFORMES

Corporate Excellence – Center of Reputation (19/01/2026): Edelman Trust Barometer 2026: gestionar la confianza en un mundo que se cierra (acceder)

Edelman (19/01/2026): Trust Barometre 2025 (acceder)

Pacto Mundial – Red España (28/01/2026): Estos son los principales riesgos percibidos por empresas a nivel mundial (acceder)

Real Instituto Elcano (15/12/2025): Claves de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Documento de trabajo (acceder)

WEF, World Economic Forum (15/01/2026): Global Risk Report 2025 (acceder)

White House (11/2025): National Security Strategy 2025  (acceder)

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