La ONU reclama a los gobiernos del G20 más compromiso para la respuesta humanitaria ante la pandemia. Concretamente, la Organización de las Naciones Unidas urge al G20 a reunir 10,300 millones de dólares. La respuesta debe ser cuanto antes, no hay tiempo que perder. Las proyecciones indican que sin una intervención inmediata 265 millones de personas sufrirían hambre a fines de este año. Detrás de estos números hay personas. La situación crítica que se vive en diversas latitudes tras la pandemia de coronavirus, requiere un gran compromiso por parte de todos los sectores. Si no respondemos ahora para mitigar los efectos de la pandemia, el costo futuro será mucho más alto en términos económicos y sociales.
El 1% de lo invertido por los países más ricos en sus economías bastaría para proteger al 10% de la población más pobre

En muchos países la pandemia de COVID-19 llegó para agravar una ya compleja situación socio económica. A crisis mundial que ha provocado el virus ha empeorada las condiciones de vida de miles de personas colocando a los países de renta baja al borde de la ruina. Si no se toman medidas urgentes, pronto veremos una serie de tragedias humanitarias brutales y destructivas, advirtió la ONU al solicitar a las economías del G20 fondos por 10.300 millones de dólares para financiar el Plan Global de Respuesta Humanitaria.

Mark Lowcock, coordinador de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios, explicó que el Plan contempla intervenciones de emergencia en 63 países que no cuentan con los medios para hacer frente a la pandemia y que su intención es beneficiar a 250 millones de personas.

Según las proyecciones más recientes de numerosas investigaciones, la pobreza mundial aumentará por primera vez desde 1990 y 265 millones de personas pasarán hambre para fin de año y hasta 6000 niños podrían morir diariamente por causas prevenibles como resultado de los impactos directos e indirectos del coronavirus.

Además, la desviación de los recursos de salud para atender a los enfermos de COVID-19 ha implicado la interrupción de otros servicios sanitarios básicos y ha llegado a desbordar las instalaciones médicas en algunas comunidades, lo que podría duplicar las muertes por VIH-SIDA, tuberculosis y malaria, así como el aumento de otros padecimientos y el deterioro de las personas con enfermedades crónicas.

Por otro lado, el cierre de escuelas debilitará la productividad, reducirá las oportunidades de por vida y aumentará las desigualdades. Por si todo esto fuera poco, la falta de acción inmediata dejará libre al coronavirus para que continúe circulando por el mundo revirtiendo décadas de desarrollo y dando lugar a problemas globales que no podrían superarse durante una generación.

En cuanto a la seguridad alimentaria, las interrupciones de las importaciones y el efecto de las medidas de mitigación en las cadenas de producción y distribución causarían un mayor encarecimiento de la canasta básica de muchos países. El número de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda llegaría a 270 millones antes de fin de año, un 82% por encima de la cifra registrada antes de la pandemia.

“Pero esto no tiene que ser así, se trata de un problema que se puede arreglar con dinero de la naciones ricas e ideas innovadoras de las instituciones financieras y los donantes de las agencias de la ONU, Cruz Roja, la Media Luna Roja y las ONG”, dijo el coordinador humanitario. Lowcock agregó que, hasta el momento, la respuesta de los países ricos “ha sido gravemente inadecuada y peligrosamente miope”. La vida de miles de personas de todo el mundo depende del compromiso de países que pueden y deben hacerlo. El referente humanitario sostuvo que los países ricos deben aplicar en las naciones vulnerables las mismas medidas excepcionales que implementaron para salvaguardar sus economías nacionales.

La ONU estima que proteger al 10% de la población más pobre del mundo de los peores efectos de la pandemia y la recesión costaría 90.000 millones de dólares, menos del 1% del paquete de estímulos que los países ricos echaron a andar para contrarrestar el embate de la pandemia. Lo cual demuestra que absolutamente posible, es una cuestión de definición política no de falta de recursos. “La perspectiva de una cascada de crisis más devastadoras que el propio virus nos debe sacar de nuestra zona de confort”, enfatizó el secretario general adjunto para Asuntos Humanitarios.

El Plan Global de Respuesta Humanitaria

Lowcock afirmó que el Plan de Respuesta Humanitaria es crucial para enfrentar una pandemia que nos afecta a todos y que ha infectado ya a más de 13 millones de personas, provocando más de 580.000 muertes.

El Plan Global de Respuesta Humanitaria es el principal vehículo internacional de recaudación de fondos para apoyar los esfuerzos de los países de renta baja y media contra los efectos humanitarios de la pandemia.

Fue presentado el 25 de marzo pasado y desde entonces ha recabado 1700 millones de dólares de los donantes. El llamamiento de hoy actualiza la cantidad solicitada originalmente en vista del avance de la pandemia.

El diseño del Plan tomó en cuenta los niveles de discriminación, desigualdad y violencia de género, por eso, una de sus prioridades es asistir a los segmentos de población más marginados y vulnerables, entre los que se cuentan los ancianos, las personas con discapacidades, los desplazados y las mujeres y las niñas.

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