Hay que dar un salto. La batalla no está en los rutilantes informes de Sostenibilidad, en los confortables despachos, en las bonitas presentaciones, en las sugestivas conferencias, en afamados congresos. Estamos en una RSC de salón. Las empresas que la llevan a cabo practican el “buenismo”. El “buenismo” es una especie de síndrome, todavía no muy bien estudiado, que afecta las empresas que tienen buenas intenciones y se regodean con ellas.
En la segunda quincena de noviembre realicé una encuesta de opinión sobre el grado de desarrollo relativo de la RSE en América Latina. Esta encuesta se originó como consecuencia de un tweet que Alberto Andreu, Director de Reputación y Sostenibilidad Corporativa de Telefónica, envió al regreso de un viaje por América Latina, donde por el tenor del mismo quedó gratamente impresionado: América Latina es el líder de las nuevas tendencias de RSE Al ver el tweet, el suscrito lo renvió con el comentario: Ojalá fuera verdad.
Cuando se habla de ética y del marketing, pudiera parecer para la mayoría de la población actualmente, la utopía de intentar conciliar conceptos a primera vista incompatibles, esto debido a la creciente preocupación por la dimensión ética de las actividades humanas, específicamente aquellas enmarcadas dentro del contexto económico-empresarial, lo cual ha provocado reacciones diversas.
Una justificación desde el punto de vista psicológico.
Muchas veces no vemos más allá de nuestras narices. Y esto me ocurrió a mí. Llevaba tiempo meditando porque la RSC estaba “de capa caída”, porque somos cada vez menos sociales. Y una explicación plausible desde el punto de vista psicológico la tenía en la teoría de las necesidades de Manslow.
Conseguir comunicar sus acciones de Responsabilidad Social tanto de forma interna como externa es uno de los principales desafíos que una compañía puede afrontar. La RSC lleva décadas siendo abordada por las empresas con mayor o menor fortuna, desde unos tambaleantes inicios en los que era confundida o identificada con las labores filantrópicas hasta un actual enfoque mucho más coherente desde la óptica de la dirección corporativa, la sociología de las relaciones laborales o la comunicación y publicidad.
Recientemente José Ángel Moreno Izquierdo publicó un muy completo artículo El retorno de la ética: sobre las limitaciones del business case de la RSE en el Diario Responsable (13 de noviembre 2012) en el que analiza el poco impacto de la RSE en función del modelo dominante del “business case” (argumento empresarial) y se une a las voces recientes que abogan por el “moral case”, un regreso a la promoción de la RSE en bases éticas y morales. Presenta una discusión razonada de las limitaciones del argumento empresarial y por ende de la necesidad de enfatizar la ética.
Uno de los principales objetivos del proyecto internacional tgl (siglas de teaching, giving, learning; en castellano: enseñar, dar, aprender), que acaba de aterrizar en España, es empoderar económicamente a las comunidades locales. Para ello apuesta por convertir a los comerciantes, autónomos y microempresas de un determinado pueblo o barrio en los protagonistas de la actividad económica.
Así comenzó su presentación Dwight Justice representante de la Confederación Sindical Internacional ITUC quien tuvo un rol muy destacado durante el desarrollo de la ISO 26000, en el reciente Foro abierto realizado en Ginebra el 07 y 08 de noviembre de este año para evaluar el impacto que la ISO 26000 Guía sobre Responsabilidad Social ha tenido luego de transcurridos dos años de su aprobación.
En el último tiempo, más allá de la clásica discusión entre entender qué es Responsabilidad Social y qué no, hemos evolucionado de forma paulatina a entender cuál es el elemento básico en cualquier empresa que busque como fin, ser sostenible en el tiempo.
El Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi) valora de forma positiva que la nueva regulación extraordinaria sobre desahucios para minimizar su grave impacto social, aprobada por el Consejo de Ministros, otorgue una protección reforzada a las personas con discapacidad y a las personas en situación de dependencia, así como a las familias que tienen a estas personas en su seno.