
En motivo de la extensa discusión sobre el devenir de nuestro planeta durante el recién clausurado COP28, es crucial reflexionar sobre la sostenibilidad en la industria de la tecnología de la información (IT).

La revolución digital actual va acompañada de un desarrollo científico perceptible especialmente en disciplinas como la Neurociencia. Solo en el año 2023, la plataforma pubmed arroja más de un millón de artículos usando Neuroscience como palabra clave.

En mi último artículo terminaba una serie de breves reflexiones sobre la complicada situación social y mediática que experimentamos los españoles[1]. Ahora es el momento de hablar más sobre las exigencias, especialmente las que supone la Inteligencia Artificial (IA) como un reto a la realidad cotidiana de las personas y sus posibles efectos en el medio plazo.

El sector de la inversión de impacto ha crecido de manera exponencial en los últimos años, y es especialmente oportuno en la actual situación económica que ha sacudido los estándares establecidos de riesgo y rendimiento de las inversiones convencionales.

Uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos como sociedad es el de la sostenibilidad.

Vivimos en una nación notablemente rica en términos culturales y patrimoniales, con prominentes instituciones museísticas que resguardan auténticos tesoros de nuestro pasado histórico. Como ciudadanos, nos corresponde una serie de derechos culturales estrechamente vinculados a la preservación, conservación y disfrute de este patrimonio.