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Mirar atrás para ver el trayecto recorrido durante el pasado año 2025 es echar un vistazo al último tramo. Todo es tan frenético que los recuerdos, los hechos y las leyes, las dichosas leyes, se van superponiendo. Si me lo permitís, compartiré el regusto de lo que se me ha quedado, ya está la IA y sus prompts para otro tipo de contenido.
 El regusto de un viaje en sostenibilidad

No era un año fácil, desde el gobierno de Estados Unidos se esmeraron en coartar a las empresas en todo lo relacionado con políticas ESG. La UE, en otra muestra más de debilidad instituciona, tampoco ayudó. 

En este contexto pese a la incertidumbre con la que arrancaban el año las empresas han seguido razonablemente firmes en sus políticas. Más en sus políticas de diversidad e igualdad que en compromisos ambientales donde sí ha habido ajustes a la baja en los plazos de sus compromisos. En mi opinión, se han suavizado las narrativas para evitar enfadar al ogro, pero la hoja de ruta sigue siendo clara. Esto me deja un buen sabor de boca.

Las notas amargas me las deja la ridiculización, que no simplificación, del paquete de medidas de la UE en materia de sostenibilidad para la CSRD y la CSDDD. Un mensaje claro de nuestra debilidad y mediocridad a la hora de defender un modelo de crecimiento basado en el bienestar social y compromiso ambiental.

En clave nacional, lo vivido, una vez más, en esa tumultuosa relación entre cargos públicos y empresas en pro de la codicia individual y partidista, demuestra que lo de la gobernanza es nuestro talón de Aquiles. Como profesional que me gano la vida con esto de hacer las cosas de otra manera, me decepciona ver a directivos y directivas pavoneándose por foros contando las virtudes de sus empresas mientras, tres restaurantes más allá, alguien de su organización se fuma un puro pagado por todos nosotros y nosotras.  

Y si todavía tienes ganas de que te cuente cuáles, desde mi punto de vista serán las tendencias de 2026 seré breve.

Doy por inaugurada la era de la adaptación. Salgamos ya del armario, y llamemos a las cosas por su nombre. Debemos ponernos todas y todos en modo adaptación. Algunos lo llaman resiliencia para suavizar el mensaje, pero es lo que es. ¿Dejaremos de mitigar? No, pero la estrategia y la inversión grande estará en la adaptación.

Trabajo duro, ilusión y convicción por construir una sociedad y una economía que ya está jugando en un entono de adaptación climática, tensión en las cadenas de suministro como consecuencia de las crisis de materias primas, desigualdad crónica con sus tensiones geopolíticas correspondientes y una incertidumbre por una disrupción tecnológica jamás vista.

Quizá ya no sepamos de qué color serán los cisnes, pero si tengo una cosa clara, si las empresas y sus marcas no crean valor, desaparecerán. ¿Qué significa crear valor en este contexto que he dibujado? Ahí me pillarás trabajando.

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