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El 25 de septiembre de 2015, los líderes mundiales acordaron una Agenda para, en el plazo de 15 años, lograr unos Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estos ODS son 17 retos que van desde acciones concretas para mitigar el cambio climático hasta medidas para erradicar la pobreza en el mundo, pasando por iniciativas que garanticen una educación de calidad y en igualdad de condiciones para todos y todas. Cumplir con los compromisos alcanzados y reflejados en los ODS, es tarea de todo el mundo: desde la administración pública hasta la sociedad civil, pasando por todos los sectores. De hecho, la propia iniciativa recoge medidas que cada ciudadano puede hacer “desde el sofá”.

El último informe de 2019 de la ONU deja claro que, aunque se está avanzando en muchos lugares, aún queda camino por recorrer. Por ejemplo, en lo relativo al ODS 4, que busca garantizar una educación de calidad para todo el mundo, aún hay 750 millones de personas analfabetas en el mundo y además uno de cada cinco niños en nuestro planeta no asiste a la escuela. O en el ODS 11, relativo a ciudades sostenibles, inclusivas y seguras, podemos observar que solo la mitad de los ciudadanos tiene acceso a transporte público conveniente. Además, la irrupción del coronavirus ha tenido graves consecuencias que han hecho peligrar los avances que tanto han costado conseguir en algunas de las iniciativas que recogen los ODS. 

Lógicamente, los retos no son los mismos en España que en un país en vías de desarrollo, pero eso no significa que haya que restar importancia ni dejar de mejorar en cada uno de los aspectos marcados en la Agenda 2030. Por ejemplo, el ODS 16, centrado en la promoción de instituciones responsables e inclusivas, el reto es mejorar desde la administración local o nacional. En este sentido, las actuaciones llevadas a cabo para mejorar la transparencia de las administraciones a través de mecanismos de rendición de cuentas o el incremento de sistemas de participación ciudadana en la toma de decisiones son un camino excelente para conseguir unas instituciones más justas e inclusivas.

Con todo y aunque es evidente que hay objetivos más complicados de alcanzar que otros, yo resaltaría dos herramientas sobre las que podemos buscar soluciones que conlleven un impacto local y global con garantías de éxito. Estas serían, la colaboración público-privada, incluyendo aquí al cuarto sector, y el papel que la tecnología juega como habilitadora de nuevas formas de afrontar los problemas existentes.

La colaboración público-privada es esencial para la generación de infraestructuras clave para el desarrollo humano. Estas infraestructuras son necesarias para la distribución de agua o energía pero también lo son para el transporte de personas y bienes y para las comunicaciones. En relación a esta última, solo el 40 % del planeta tiene conexión a Internet. Esa población sin acceso a un sistema de comunicación existe también en países como el nuestro, con zonas rurales aún prácticamente desconectadas. Subir esa cifra al 60 % costaría 450.000 millones de dólares según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Lógicamente, no es una factura que el sector público o privado vayan a asumir de forma individual. Si se establecieran los mecanismos adecuados para amortizar esa inversión desde ambos sectores, se podría habilitar a 1.500 millones de ciudadanos con herramientas para mejorar su educación no presencial a la vez que se abren nuevos mercados.

Hay círculos viciosos que son muy difíciles de romper. Por ejemplo, la falta de recursos económicos de algunos países impide invertir en instituciones educativas y, por lo tanto, no se puede formar debidamente a la población. La falta de población cualificada impide la creación de sectores secundarios y terciarios que aporten riqueza y puestos de trabajo de nivel superior. Para salir de este círculo, además de la creación de infraestructuras, la formación básica y superior será clave y la tecnología nos puede ayudar a llevarla a cabo de forma online. Estos mecanismos de formación a distancia los hemos visto ponerse a prueba durante la pandemia, demostrando que son viables si se implementan correctamente.

En el caso del transporte podemos valorar un impacto a un nivel de nuestra propia ciudad. Éste, acaparando un 27 % del total, es el principal emisor de gases de efecto invernadero a nivel global. Esto tiene un impacto negativo tanto en el cambio climático como en la salud de la población a nivel urbano. Las ciudades de nuestro país, como las del resto del mundo, tienen una dependencia alta del automóvil y de mecanismos de transporte basados en combustibles fósiles. Aquí, la tecnología también está empezando a cambiar esos modelos con la irrupción de nuevos mecanismos de movilidad como son los servicios de alquiler de vehículos eléctricos personales (patinetes, bicicletas, ciclomotores) y nuevos modelos basados en vehículos compartidos o el uso cada vez mayor de vehículos eléctricos de todo tipo.

Como vemos, los retos están muy relacionados entre sí. Mejorando la educación podemos provocar un impacto positivo en el reto 1, reducción de la pobreza y el reto 2, reducción del hambre. Si conseguimos hacer más eficientes nuestros sistemas de transporte, reto 12, consumo sostenible; estamos impactando en los retos 13: cambio climático y reto 3: salud y bienestar.

En Edosoft hace tiempo que tomamos la decisión de centrarnos en aportar soluciones que tuvieran un impacto positivo en nuestra sociedad y medioambiente. Hemos orientado todos nuestros esfuerzos a ofrecer soluciones en este sentido. Con las administraciones públicas estamos trabajando con proyectos para potenciar la toma de decisiones basadas en datos, la transparencia de las mismas e incrementar la participación de la sociedad civil en estas iniciativas. También trabajamos con el cuarto sector para dotarlos de nuevas soluciones tecnológicas para que sus acciones lleguen con más impacto y más lejos. A su vez, aplicamos nuevos modelos y soluciones tecnológicas para hacer llegar formación de calidad a todo el alumnado.

La realidad es que solo tenemos un planeta en el que vivir y que compartimos entre todos. Las acciones que tomamos en nuestro día a día, qué medio de transporte usamos o a qué dedicamos nuestro esfuerzo profesional, muchas veces no solo afectan localmente, sino que pueden impactar a nivel global. Es por esto que debemos de ser conscientes y aportar entre todos para hacer del mismo un lugar mejor.

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OpiniónODSagenda 2030

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