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Las siglas de las dimensiones de la Sostenibilidad, ESG (Environment o medioambiente, Social y Governance o gobernanza) aparecen muy frecuentemente en las memorias, documentos y demás publicaciones de las grandes empresas cotizadas y, por supuesto, las del Sector de la Energía no son una excepción. En definitiva, bien sea bajo las siglas ESG bien bajo cualquier otra terminología que se utilice en el momento, la Sostenibilidad va a continuar guiando la agenda de transformación del Sector de la Energía, que a su vez repercutirá en la transformación de la sociedad. Este efecto será clave tanto en las organizaciones más tradicionales y consolidadas como en las nuevas start-ups más disruptivas.

Sin embargo, aunque la terminología ESG se pueda considerar “trending topic” en el lenguaje de negocios, lo cierto es que la Sostenibilidad lleva mucho tiempo formando parte del ADN del Sector Energético… y no sólo en lo que se refiere a las grandes corporaciones, sino también a los pequeños entrantes.

  • E (Environment): la componente medioambiental siempre ha estado, con mayor o menor éxito, en la conversación del Sector de la Energía y ha promovido inversiones elevadas a realizar en los activos: doble casco en petroleros para evitar derrames, mecanismos de desnitrificación y desulfuración de los humos de centrales térmicas, precipitación de partículas en suspensión, etc.

El comercio europeo de emisiones de CO2, que se puso en marcha tímidamente hace más de 15 años, ha ido aumentando su impacto en el mix energético hasta ser determinante en la actualidad. Lo mismo sucede con una regulación cada vez más exigente en materia medioambiental y de lucha contra el cambio climático.

Los nuevos participantes del Sector no deberían ser autocomplacientes apalancándose en su identificación como “nativos renovables”. En un entorno cada vez más competitivo para atraer mecanismos de financiación “verde”, la componente medioambiental debe integrarse en toda su cadena de valor: digitalizando sus operaciones, atendiendo a la huella de carbono de sus actividades y la de sus proveedores, etc.  

  • S (Social): aquellos que han colaborado en proyectos del Tercer Sector en zonas desfavorecidas, han vivido de primera mano el motor para la actividad y desarrollo de la economía que supone facilitar el acceso a fuentes de energía: permite acondicionar viviendas, preservar alimentos, facilita el uso de bienes básicos como el agua, favorece las comunicaciones, etc.

Durante el confinamiento más severo del 2020, quedó clara la esencialidad del suministro de energía y por ello el Sector Energético no cesó su actividad: bien para realizar trabajos en redes e instalaciones de producción o bien para distribuir combustibles, sus trabajadores se desplazaban hasta las poblaciones más remotas del entorno rural con “salvoconductos” que acreditaban el carácter esencial de su actividad.

Las empresas energéticas, grandes y pequeñas, generan empleo diverso en género y generación y en tipología de estudios. Son grandes contribuidoras y recaudadoras de impuestos directos o indirectos y transforman las comunidades en las que actúan. No hay más que darse un paseo por la Sierra de Tineo en Asturias, por ejemplo, para comprobar el impacto en el paisaje y poblaciones del despliegue de su potencial eólico.

  • G (Gobernanza): El buen gobierno corporativo parece, a priori, un requerimiento para las empresas más sofisticadas y jerarquizadas o para aquellas entidades que cotizan en los mercados de valores. Efectivamente, estas empresas tienen la obligación legal de proporcionar información veraz y transparente a sus stakeholders y mantener elevados estándares de organización y reporte.

Sin embargo, ninguna empresa, por pequeña que sea, debería despreciar los beneficios de una organización adecuada de sus actividades, una correcta identificación y gestión de sus riesgos o una comunicación ética y transparente con sus partes interesadas: clientes, proveedores o, por supuesto, fuentes de financiación.

Para facilitar el gobierno corporativo proporcional a las necesidades de las organizaciones de menor tamaño, existen cada vez más herramientas de digitalización y tratamiento de la información al alcance de cualquiera.

En definitiva, bien sea bajo las siglas ESG bien bajo cualquier otra terminología que se utilice en el momento, la Sostenibilidad va a continuar guiando la agenda de transformación del Sector de la Energía, que a su vez repercutirá en la transformación de la sociedad. Este efecto será clave tanto en las organizaciones más tradicionales y consolidadas como en las nuevas start-ups más disruptivas.

*Este artículo forma parte de una serie que Diario Responsable ofrecerá a sus lectores fruto de su acuerdo con EJE&CON: EJE&CON y Diario Responsable colaboran para visibilizar el talento sin género y sin generación

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