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Aunque realizan gran parte del trabajo en el procesamiento pesquero y cumplen un rol clave en la protección de ecosistemas costeros, las mujeres continúan infrarrepresentadas en la gobernanza del sector. La FAO alerta sobre la falta de datos y barreras estructurales que perpetúan esta desigualdad.
Invisible en el mar: el trabajo femenino que sostiene la pesca

Las mujeres son una pieza fundamental en la cadena pesquera de América Latina y el Caribe, pero su contribución continúa siendo poco reconocida y escasamente representada en los espacios de liderazgo. Así lo advirtió FAO durante un encuentro regional centrado en el papel de las mujeres en la pesca artesanal y la acuicultura.

Según datos del organismo, las mujeres representan el 24% de la fuerza laboral total del sector pesquero en la región. Sin embargo, su presencia es especialmente significativa en el procesamiento de productos del mar: el 62% de quienes realizan tareas como limpieza, fileteado, envasado y preparación del pescado son mujeres.

A pesar de ese peso en la actividad diaria, su participación en los espacios donde se diseñan políticas y se toman decisiones sigue siendo limitada. El encuentro, realizado en el marco del Año Internacional de la Agricultora y como seguimiento de la XIX Reunión de la Comisión de Pesca en Pequeña Escala, Artesanal y Acuicultura, reunió a especialistas, académicas y trabajadoras del sector para debatir sobre las desigualdades persistentes.

Guardianas de ecosistemas y economías locales

Más allá de las tareas vinculadas a la comercialización y procesamiento, las mujeres desempeñan un papel clave en la sostenibilidad ambiental y social de las comunidades costeras. Según destacó Claudia Brito, oficial de Políticas y experta en Género de la FAO, las mujeres de la pesca artesanal actúan como “gestoras de ecosistemas, guardianas de saberes locales y motores de economías comunitarias”.

Su trabajo está estrechamente ligado a la conservación de manglares, la protección de la biodiversidad y el sostenimiento de formas de producción tradicionales que resultan esenciales para la resiliencia de los territorios frente a la crisis climática.

Falta de datos y barreras estructurales

Uno de los principales problemas señalados durante el encuentro fue la invisibilidad estadística. La ausencia de registros desagregados por sexo dificulta medir el verdadero aporte de las mujeres y limita la creación de políticas públicas orientadas a reducir las brechas de género.

Además, persisten obstáculos estructurales como el acceso restringido a mercados formales, la escasa presencia femenina en espacios de gobernanza y la sobrecarga de tareas domésticas y de cuidados, que reduce sus posibilidades de participación.

“A diez años de la aprobación de las Directrices Voluntarias para la Sostenibilidad de la Pesca en Pequeña Escala, las desigualdades siguen presentes”, señalaron durante el encuentro.

En esa línea, Javier Villanueva, oficial principal de Pesca y Acuicultura de la FAO, subrayó que sin información diferenciada por género resulta imposible diseñar políticas transformadoras. “El primer paso es hacer visibles a las mujeres en los registros”, afirmó.

Mujeres del manglar y sostenibilidad comunitaria

El encuentro también permitió escuchar experiencias concretas de mujeres que trabajan en comunidades costeras. Aracelly Jiménez, presidenta de la Cooperativa de Molusqueros de Chomes, en Costa Rica, compartió el trabajo que realizan las mujeres en los manglares para conservar estos ecosistemas.

“Hacemos jornadas de reforestación y trabajamos constantemente para mantener un manglar saludable”, explicó. También remarcó la necesidad de incorporar a las comunidades en la toma de decisiones vinculadas a la gestión ambiental y productiva.

La FAO impulsa actualmente la iniciativa Transformación Azul, orientada a promover sistemas alimentarios acuáticos más sostenibles, resilientes e inclusivos. Dentro de esta estrategia, el fortalecimiento del papel de las mujeres rurales aparece como un elemento central para avanzar hacia una pesca más justa y sostenible.

El Año Internacional de la Agricultora 2026, proclamado por la Asamblea General de la ONU, busca precisamente reforzar la visibilidad de las mujeres rurales y movilizar inversiones y alianzas que contribuyan a reducir desigualdades históricas en sectores estratégicos como la pesca artesanal.

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