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La Agencia Europea de Medio Ambiente advierte de que la inteligencia artificial y la digitalización pueden acelerar la sostenibilidad o, por el contrario, aumentar el consumo energético, la demanda de materias primas y las desigualdades sociales. Según los nuevos informes del organismo europeo, el reto pasa por alinear la innovación tecnológica con los objetivos climáticos y ambientales de la UE.
La IA pone a prueba la transición verde europea

La expansión de la inteligencia artificial (IA) y de las tecnologías digitales marcará el futuro económico y ambiental de Europa. Sin embargo, su impacto dependerá de cómo se diseñen y regulen estas herramientas. Así lo señalan dos nuevos informes publicados por la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés), que analizan la relación entre digitalización, sostenibilidad y transición ecológica.

Según informa la EEA, las tecnologías digitales pueden convertirse en aliadas clave para avanzar hacia una economía baja en carbono y más eficiente en el uso de recursos. Entre sus posibles beneficios destacan la mejora en la recopilación y análisis de datos ambientales, la optimización de procesos industriales y el desarrollo de sistemas energéticos y de transporte más inteligentes.

Los documentos, titulados Navigating Europe’s twin transition — opportunities and challenges of digitalisation in the green transition y Artificial intelligence and sustainable consumption in Europe, también apuntan que la IA puede ayudar a transformar los hábitos de consumo. En este sentido, la tecnología podría facilitar decisiones de compra más sostenibles gracias a una mejor información sobre productos y servicios, además de favorecer modelos de contratación pública y privada con menor huella ambiental.

Asimismo, la agencia europea destaca el potencial de la IA para optimizar cadenas de suministro y sistemas logísticos, reduciendo el uso de recursos y mejorando la eficiencia en diferentes sectores económicos.

El coste ambiental oculto de la digitalización

No obstante, los informes advierten de que el avance acelerado de estas tecnologías también implica riesgos importantes si no existe una orientación política clara. La EEA subraya que la digitalización y la IA están transformando profundamente la economía, los modelos de consumo y las cadenas globales de valor, lo que podría intensificar las presiones ambientales.

Entre las principales preocupaciones figura el crecimiento de los centros de datos, cuya expansión está aumentando la demanda de energía, agua y materias primas críticas. Según la agencia, la suma del impacto generado por centros de datos, redes y dispositivos digitales está incrementando la huella ambiental del sector tecnológico, y las mejoras en eficiencia no bastarán por sí solas para compensarlo.

El organismo europeo alerta además de que, sin regulación adecuada, la IA podría reforzar modelos económicos intensivos en recursos, aumentar dependencias estratégicas y agravar las desigualdades sociales.

Competitividad, autonomía estratégica y transición verde

La publicación de estos análisis llega en un contexto marcado por la competencia geopolítica, la incertidumbre económica y la creciente dependencia tecnológica global. En este escenario, la EEA considera que la digitalización y la inteligencia artificial se han convertido en elementos centrales para la competitividad y la autonomía estratégica europea.

Por ello, la agencia insiste en que la llamada “doble transición” —digital y ecológica— debe abordarse como un desafío ambiental y también estratégico. Según la entidad, será necesario tomar decisiones políticas deliberadas sobre cómo se impulsa y regula la innovación tecnológica en Europa.

Las conclusiones de los informes son especialmente relevantes para la aplicación de marcos normativos europeos como la Ley Europea de Inteligencia Artificial, que establece las reglas para el desarrollo y uso de sistemas de IA en la Unión Europea.

La Agencia Europea de Medio Ambiente concluye que una mayor coordinación entre las políticas digitales, las medidas relacionadas con el consumo y los objetivos ambientales será clave para que la transformación tecnológica europea contribuya realmente a la neutralidad climática, la eficiencia de recursos y la resiliencia a largo plazo.

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