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Un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo alerta de que los cambios arancelarios impulsados por Estados Unidos desde 2024 están redibujando el mapa económico mundial. Las nuevas reglas comerciales benefician en mayor medida a las economías desarrolladas y dificultan la competitividad de los países en desarrollo, con consecuencias que van más allá del comercio: afectan al empleo, la industria y la sostenibilidad global.
Un nuevo mapa comercial agranda la brecha global

Las recientes decisiones arancelarias adoptadas por Estados Unidos están transformando de forma significativa la competencia internacional. Así lo pone de relieve un informe publicado el 12 de febrero de 2026 por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), que analiza cómo estos cambios están generando un nuevo equilibrio de fuerzas entre países exportadores.

Según recoge el documento, hasta hace pocos años la mayoría de los Estados exportaban al mercado estadounidense bajo condiciones relativamente homogéneas. Sin embargo, a partir de 2024 la situación dio un giro. Los aranceles aumentaron de media cerca de 15 puntos porcentuales y, lo más relevante, dejaron de aplicarse de forma uniforme.

En la actualidad, únicamente el 20% de las importaciones que entran en Estados Unidos lo hacen bajo tarifas generales. El resto está sujeto a acuerdos bilaterales específicos, sanciones o excepciones particulares. Este escenario configura, en palabras del organismo internacional, un terreno de juego desigual en el que no todos los países compiten en igualdad de condiciones.

Ventajas para unos, obstáculos para otros

El informe muestra que las economías desarrolladas han conseguido reducir su desventaja arancelaria frente a competidores internacionales. En cambio, los países en desarrollo han visto cómo esa brecha se ampliaba: su desventaja media ha pasado del 1% al 3%. En el caso de los países menos adelantados, que anteriormente mantenían una posición neutra, ahora afrontan una desventaja cercana al 2%.

Los ejemplos ilustran con claridad este nuevo reparto de oportunidades. El vino procedente de Sudáfrica resulta actualmente un 17% más costoso de importar en Estados Unidos que el de sus competidores. En contraste, el arroz italiano se beneficia de una ventaja del 12% frente a otros exportadores. En el sector del cacao se observa también una asimetría significativa: los países productores que cultivan la materia prima, como Costa de Marfil o Ecuador, soportan aranceles más elevados al exportar chocolate que aquellos países que lo transforman industrialmente, como Bélgica o Suiza.

Este patrón refuerza una dinámica que preocupa a los organismos internacionales: la dificultad de los países productores de materias primas para avanzar en la cadena de valor y desarrollar industria propia, un elemento clave para un crecimiento económico sostenible.

Impacto más allá del comercio

Las consecuencias de estos cambios no se limitan a cifras macroeconómicas. Según subraya la UNCTAD, las nuevas reglas inciden directamente en el empleo y los ingresos de quienes trabajan en sectores exportadores —agricultura, pesca o manufactura—, así como en los precios que pagan los consumidores.

Además, cuando una economía de gran tamaño modifica sus políticas comerciales, el efecto se propaga a escala global. Las cadenas de suministro se reconfiguran, las inversiones se redirigen y determinados productos se encarecen. En un contexto de transición ecológica y de búsqueda de modelos productivos más resilientes, esta volatilidad añade presión a los países con menor diversificación económica.

Desde la perspectiva de la sostenibilidad, el informe pone el foco en un aspecto estructural: si los países con menos recursos encuentran mayores barreras para industrializarse y agregar valor a sus exportaciones, se reducen sus posibilidades de avanzar hacia economías más diversificadas y menos dependientes de la extracción de materias primas.

Recomendaciones en un entorno incierto

La UNCTAD no se limita a diagnosticar el problema. El organismo recomienda a los países seguir de cerca la evolución de su posición arancelaria frente a competidores, diversificar mercados para reducir la dependencia de un único socio comercial y aprovechar posibles oportunidades que surjan cuando otros pierden acceso preferencial.

Sin embargo, advierte de que, en un escenario donde las normas comerciales tienden a ser cada vez más selectivas y discriminatorias, los países con menor capacidad institucional y menor diversificación productiva son los más vulnerables. Y también los que disponen de menos margen para adaptarse con rapidez.

En un momento en que la sostenibilidad económica, social y ambiental exige reglas de juego estables y equitativas, la reconfiguración del comercio internacional abre un debate de fondo: cómo garantizar que la transición hacia modelos productivos más sostenibles no deje atrás a quienes parten de una posición más frágil en el tablero global.

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