
Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha impulsada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015 para visibilizar las contribuciones de las mujeres al conocimiento científico y, al mismo tiempo, recordar que la igualdad de género sigue siendo una tarea pendiente en laboratorios, universidades y centros de innovación.
Según subraya la UNESCO, la igualdad de género no es un complemento, sino una prioridad global. Sin embargo, las mujeres continúan infrarrepresentadas en la investigación a escala mundial: representan menos de un tercio del total de personal investigador. Esta desigualdad no solo es una cuestión de justicia social, sino también de calidad científica y de capacidad de respuesta ante crisis complejas como la emergencia climática, las pandemias o la transformación digital.
El lema elegido para 2026 marca un giro estratégico: “Aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las STEM y el sistema financiero: construir un futuro inclusivo para las mujeres y las niñas”. La propuesta apuesta por un enfoque de cuatro pilares para acelerar un desarrollo inclusivo y sostenible en un contexto de crecientes desigualdades.
En primer lugar, la inteligencia artificial (IA) se presenta como una herramienta con enorme potencial: desde el análisis masivo de datos hasta los diagnósticos sanitarios o la modelización del clima. Pero la UNESCO advierte de que, sin una gobernanza adecuada, la IA puede reproducir o incluso amplificar sesgos existentes, dejando fuera a mujeres y niñas de sus beneficios.
Aquí entran en juego las ciencias sociales, clave para diseñar políticas públicas equitativas, promover la participación comunitaria y orientar estrategias de cambio de comportamiento. Sin esta base, la innovación tecnológica corre el riesgo de desconectarse de la realidad social y de perpetuar desigualdades estructurales.
Por su parte, las disciplinas STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— aportan las competencias técnicas necesarias para desarrollar, implementar y mantener soluciones basadas en IA. Fomentar la presencia de mujeres en estos ámbitos no solo amplía el talento disponible, sino que contribuye a equipos de investigación más diversos y, por tanto, más innovadores.
El cuarto pilar es el sistema financiero. Instrumentos como la inversión de impacto, la financiación combinada o los fondos con perspectiva de género pueden desbloquear capital para escalar innovaciones lideradas por mujeres y sostener la educación, la investigación y el desarrollo (I+D) en el tiempo.
Cuando estos cuatro ámbitos se articulan de forma coordinada, se abren oportunidades concretas: reducir la brecha digital de género, impulsar startups lideradas por mujeres, promover una gobernanza de la IA sensible a las cuestiones de género y movilizar recursos que integren la inclusión social como indicador de rendimiento.
Sin dudas, el 11 de febrero no es solo una fecha simbólica. Es un recordatorio de que la transición ecológica y digital que atraviesa Europa y el mundo no será justa ni sostenible si excluye a la mitad de la población. Como insiste la UNESCO, avanzar hacia un progreso científico, tecnológico e innovador más ético e inclusivo exige incrementar la participación de mujeres y niñas en todos los niveles del sistema científico. En plena aceleración tecnológica, garantizar que la ciencia y la igualdad caminen de la mano no es una opción: es una condición imprescindible para construir sociedades resilientes, democráticas y sostenibles.