
Coincidiendo con la cumbre anual del Foro Económico Mundial en Suiza, personas millonarias de distintos países han decidido alzar la voz para reclamar medidas políticas frente a la desigualdad extrema. Bajo el lema #TaxTheSuperRich, instan a los responsables públicos a impulsar una fiscalidad más justa que limite el poder desmedido de las grandes fortunas y refuerce los recursos públicos.
Una encuesta internacional encargada por Patriotic Millionaires y realizada por la consultora Survation entre personas millonarias de países del G20 dibuja un panorama preocupante. Según los resultados, una amplia mayoría considera que la riqueza extrema se traduce en influencia política desproporcionada y distorsiona los procesos democráticos.
Entre los datos más destacados, el 77 % de las personas encuestadas cree que los superricos compran influencia política, y el 71 % considera que su poder económico les permite condicionar de forma significativa los resultados electorales. Además, el 81 % opina que las grandes fortunas utilizan su patrimonio para acceder directamente a representantes políticos.
La preocupación no es solo institucional. Seis de cada diez personas millonarias encuestadas sostienen que la riqueza extrema es perjudicial para la democracia, la objetividad de los medios de comunicación y la cohesión social, y el 62 % la identifica directamente como una amenaza para el sistema democrático.
El estudio también refleja un amplio consenso en torno a la necesidad de reformas. El 82 % considera que debería limitarse la cantidad de dinero que partidos y representantes políticos pueden recibir de particulares, y el 61 % cree que los líderes políticos no están haciendo lo suficiente para combatir la desigualdad extrema.
En materia fiscal, el respaldo es claro: el 65 % se muestra a favor de aumentar los impuestos a los superricos para destinarlos a servicios públicos y a paliar la crisis del coste de la vida. Solo un 17 % se opone a esta medida. Asimismo, el 69 % opina que la influencia de las grandes fortunas está bloqueando la adopción de políticas eficaces contra la desigualdad.
Estos resultados se publican al mismo tiempo que una carta abierta titulada “Time To Win” (“Es hora de ganar”), firmada por cerca de 400 personas millonarias y milmillonarias de 24 países. Entre las firmantes figuran nombres conocidos como Mark Ruffalo, Brian Eno o Abigail Disney.
La misiva, coordinada por Patriotic Millionaires, Millionaires for Humanity y Oxfam Intermón, apela directamente a los líderes reunidos en Davos para que apuesten por una mayor tributación de las grandes fortunas como vía para construir sociedades más justas. “Incluso personas millonarias como nosotras reconocemos que la extrema concentración de riqueza implica que el resto lo pierda todo”, advierten en el texto.
La encuesta también recoge una visión crítica sobre el impacto político de Donald Trump. Seis de cada diez personas millonarias consideran que su presidencia ha tenido un efecto negativo tanto en la estabilidad económica mundial como en el poder adquisitivo de la población. Para muchas, su figura representa una señal de alerta sobre cómo la desigualdad económica extrema puede allanar el camino a derivas autoritarias, un fenómeno que no se limita a Estados Unidos.
En este sentido, Mark Ruffalo subraya que la desigualdad extrema ha sido el caldo de cultivo que ha permitido ese tipo de liderazgos y defiende que, si se quiere preservar la democracia, “la solución empieza por que las personas más ricas paguemos más impuestos y se devuelva el poder a la ciudadanía”.
Los nuevos datos de Oxfam Intermón refuerzan este diagnóstico. En las últimas cinco décadas, la distancia entre la riqueza privada y la riqueza pública se ha disparado. Hoy, el 1 % más rico acumula una riqueza privada que triplica el total de la riqueza pública mundial. En 1975, la diferencia rondaba los 36 billones de dólares; en 2024, alcanzó los 435 billones y, de mantenerse la tendencia, podría acercarse a los 900 billones en 2075.
La riqueza pública incluye bienes y servicios esenciales para el conjunto de la sociedad, como hospitales, escuelas, parques, carreteras, viviendas sociales o tribunales de justicia, cuyo deterioro tiene un impacto directo en la calidad de vida y la igualdad de oportunidades.
Desde Patriotic Millionaires, Brian Eno advierte de que la riqueza extrema ha ido erosionando el poder político, la estabilidad económica y los bienes comunes. En la misma línea, Claire Trottier, presidenta de Patriotic Millionaires Canadá, sostiene que la desigualdad extrema ya está desestabilizando democracias y economías y que los impuestos son la herramienta más eficaz —y menos utilizada— para frenar esta deriva.
El director de Oxfam Intermón, Franc Cortada, concluye que resulta insostenible que una minoría concentre una riqueza que triplica los recursos públicos del planeta. “Los gobiernos deben actuar con urgencia, reforzando la fiscalidad sobre los superricos y situando la reducción de la desigualdad en el centro de sus políticas”, señala.
Según informan Oxfam Intermón y Patriotic Millionaires, el mensaje lanzado desde Davos es claro: sin una reforma fiscal ambiciosa que limite el poder de las grandes fortunas, la desigualdad seguirá erosionando la democracia, la cohesión social y el futuro común.