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La irrupción del Covid-19 en 2020 llegó promoviendo enormes desafíos a nivel mundial, no solamente con relación a las cuestiones sanitarias, sino también a los problemas económicos y sociales. El mundo se transformó de un día para el otro. El nuevo panorama global generó desafíos que exigieron nuevas formas de encontrar soluciones y reforzaron la importancia de generar respuestas rápidas alineadas a las necesidades reales de las poblaciones más afectadas. En este contexto, las fundaciones comunitarias tuvieron un papel protagónico. Un informe publicado por la Red Iberoamericana de Fundaciones Comunitarias relata la experiencia de diversas organizaciones en Brasil, Costa Rica, España y México y muestra como estas marcaron la diferencia y se convirtieron en un componente imprescindible para la reconstrucción del tejido social.
La solidaridad, el saldo positivo de la pandemia

Las necesidades durante la pandemia aumentaron de manera exponencial en el mundo entero. En un contexto de crisis generalizada, las respuestas que pudieron proporcionar los estados fueron insuficientes y las entidades comunitarias comenzaron a ocupar un rol protagónico. Un informe recientemente publicado por la Red Iberoamericana de Fundaciones Comunitarias relata la experiencia de diversas organizaciones y analiza la importancia de estas durante los meses más complejos de la pandemia. La Red Iberoamericana de Fundaciones Comunitarias fue creada en 2013 y es un espacio de diálogo, de intercambio de conocimiento y experiencia, con el propósito de fortalecer este tipo de organización en la región iberoamericana (América Latina y Península Ibérica).

El informe comienza definiendo el importante concepto de “filantropía comunitaria”. Al respecto afirma que se trata de “una modalidad y fuerza para el desarrollo impulsado a nivel local, que fortalece la capacidad y la voz comunitaria, crea confianza y, sobre todo, aprovecha y desarrolla los recursos locales” Jenny Hogdson y Anna Pond (2018). El documento cita el Global Fund for Community Foundations y afirma que las premisas que sustentan esta categoría son: en primer lugar, que toda comunidad tiene recursos propios (dinero, habilidades, conocimientos, redes, etc.) que, al agruparlos, fortalecen el poder y la voz de sus integrantes; en segundo lugar, que, al contribuir con sus propios recursos, las personas empiezan a sentirse como coinversionistas interesadas en su propio desarrollo; la tercera premisa es que al movilizar recursos locales, surgen también nuevas modalidades de rendición de cuentas de mayor horizontalidad y basadas en la confianza y en la transparencia. Cuando las personas sienten que tienen alguna forma de participación, se interesan más por los resultados y, según lo demuestra la evidencia, muestran mayor dedicación a esfuerzos encaminados al logro y protección de sus intereses colectivos; por último, que cuando entran en juego las contribuciones locales, se crea una dinámica de poder diferente y más horizontal en el trato con donantes externos, que desafía la relación tradicional entre donante y población beneficiaria.

Así, el documento sostiene que las Fundaciones Comunitarias son unas de las instituciones que por excelencia pueden promover filantropía comunitaria.  Sobre ellas, los expertos afirman que el propio concepto de fundación comunitaria está en constante desarrollo a medida que las organizaciones, en sus diversos territorios de actuación, también evolucionan para atender a las necesidades de sus comunidades.

La publicación recuerda que, en la mayor parte del mundo, las estrategias iniciales de combate al coronavirus fueron por medio del distanciamiento social y de la reducción de movilidad de la población y cierre de fronteras. Estas medidas, aunque necesarias, provocaron graves efectos en la sociedad ya que el aislamiento y confinamiento de las personas en sus hogares provocó cambios drásticos en la forma de vivir, de relacionarse, de trabajar. En la región iberoamericana los desafíos también fueron de gran magnitud, con especificidades diferentes para cada contexto. En este escenario las fundaciones comunitarias llevaron a cabo acciones y desplegaron iniciativas que contribuyeron en gran medida a que las personas sobrellevaran la crisis causada por el Covid-19.

Para ilustrarlo, el informe relata cuatro ejemplos de respuestas a la crisis del Covid-19, con el objetivo de demostrar la relevancia de estas organizaciones. El primer caso fue la actuación del Fondo Comunitario Monteverde. La región de Monteverde, en Costa Rica, sufrió un colapso económico por ser una zona casi que enteramente basada en el turismo. Por medio de la Comisión Enlace, un proyecto de movilización comunitaria promovido y administrado por diferentes actores de la comunidad ayudaron a la región de Monteverde a enfrentar a la crisis.

El segundo caso es el del Instituto Comunitario Grande Florianópolis (ICOM), que actúa en la región de Florianópolis, Brasil. La organización creó una Línea de Ayuda Emergencial dentro del “Fundo de Impacto para Justiça Social”, un fondo que ya estaba activo y es mantenido por ICOM y por una red de personas y organizaciones. Los recursos del Fondo fueron re- direccionados para garantizar alimentos y productos de necesidad básica a personas en vulnerabilidad social, y también para crear una moneda social con el objetivo de fortalecer los comercios y las familias de comunidades vulnerables.

El tercer caso que retoma el informe es el de la Fundació Oreneta del Vallès, que actúa en la municipalidad de Badía del Vallès y ciudades vecinas, ubicadas en la región de Cataluña, España. La fundación, que ya tenía un histórico importante de actuación con personas mayores debido a las características de la región, ha direccionado parte de sus esfuerzos para operar un proyecto dedicado a esta población, que ha sufrido un gran impacto en su salud mental por la situación de soledad no deseada provocada por el confinamiento y aislamiento social durante la pandemia. Por último, la investigación cita un caso mexicano. Allí, para enfrentar los desafíos generados por la crisis del Covid-19, las fundaciones comunitarias mexicanas junto con Comunalia (Alianza de Fundaciones Comunitarias de México), crearon el Fondo Comunidades Activas, con el objetivo de fomentar la reactivación económica y social del país.

Cómo es posible observar en los ejemplos compartidos en el informe, los contextos de actuación y los mecanismos de intervención para responder a las adversidades que resultaron de la crisis fueron muy distintos de un sitio a otro. Si bien cada iniciativa tuvo sus características propias es posible encontrar una línea de continuidad marcada por tres pilares: la solidaridad, la empatía y la resiliencia.

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