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El Grupo de Acción en Economía Circular, liderado por Forética y compuesto por 12 grandes empresas, ha publicado el informe “Máxima ambición circular para la Década de la Acción”, en el cual analiza las acciones necesarias que impulsen la transición desde una visión sistémica hacia modelos económicos circulares en línea con la ambición que demanda la Agenda 2030 durante la Década de la Acción. Según el documento, la economía circular desde una visión sistémica y en línea con los límites planetarios, acelera la capacidad de innovación de las empresas, les permite acceder a nuevas oportunidades de inversión y financiación, mejora su competitividad mediante el ahorro de costes y ofrece nuevas oportunidades de creación de empleo.

Aprender de los errores es quizá una de las virtudes más grandes que podemos tener las personas. Si pudiéramos realmente aprender de todo lo que la pandemia nos ha mostrado a cerca de lo que como humanidad veníamos haciendo mal, entonces algo de todo lo que sucedió habrá valido la pena. La crisis provocada por la COVID-19 ha reflejado la fragilidad y exposición de nuestro sistema a los riesgos existentes, tanto a nivel económico como social y ambiental, obligando a repensar los sistemas que actualmente sustentan la economía. Depende de nosotros si realmente podemos comprender la necesidad y la urgencia de transformar nuestros modos de producción y consumo hacia unos mucho más respetuosos con el planeta y las personas.

Evidentemente debemos cambiar y mucho. En este contexto, la sostenibilidad se presenta como la gran aliada para la reconstrucción, convirtiéndose en una oportunidad de progreso para las empresas, la sociedad y la protección del planeta. Asimismo, la economía circular se ha posicionado como el nuevo modelo económico que puede acompañar la recuperación, y que permitirá crecer más y mejor. Generando trasformaciones realmente estructurales y que sienten las bases de una nueva sociedad sostenible y resiliente. Ha habido numerosas investigaciones en la materia y el concepto de economía circular ha sufrido una lógica evolución en los últimos 5 años. Al comienzo desde una visión más vinculada con el ecodiseño y el reciclaje a otra más sistémica, que requiere una transformación transversal en las empresas, pero también de las políticas e instrumentos públicos, de las demandas de los consumidores y de la sociedad en general.

El Grupo de Acción en Economía Circular, liderado por Forética y compuesto por 12 grandes empresas, ha publicado recientemente el informe Máxima ambición circular para la Década de la Acción’ en el cual analiza la importancia de que las empresas se aproximen a la economía circular como el modelo necesario para la descarbonización de la economía y la protección de la naturaleza, analizando las acciones que han de llevar a cabo para hacer posible esta transición desde una visión sistémica, y con ella dar respuesta a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El Grupo de Acción en Economía Circular constituye el punto de encuentro empresarial de liderazgo, conocimiento y diálogo para poner en valor la importancia de desarrollar modelos de negocio circulares. Está formado por 12 grandes empresas: Cerealto Siro, Damm, Ecoembes, Endesa, Epson, Grupo Antolín, Grupo Saica, LafargeHolcim, Naturgy, Nestlé, P&G y Red Eléctrica de España.

El grupo de expertos miembros de Forética sostienen que la naturaleza sistémica circular genera valor para las empresas, y también es la respuesta a otros desafíos globales. Entre ellos, la crisis climática (el 45% de las emisiones globales es el resultado directo de la forma en que fabricamos y utilizamos productos y alimentos), la presión sobre los recursos naturales y la biodiversidad o la contaminación3, pero también la protección de los derechos humanos (acceso a los recursos naturales, al agua potable, salud). Sin embargo, a pesar de los beneficios conocidos que la economía circular trae para el planeta y para las personas, los datos actuales nos muestran que la velocidad de transición de modelo no avanza al ritmo necesario. Según el informe The Circularity Gap Report 2021, ciertos indicadores, como el consumo de materias primas y emisiones para satisfacer las necesidades de la sociedad, reflejan que todavía estamos sumergidos en una economía lineal, que podría traducirse en un aumento de la temperatura media global de entre 3 y 6ºC para el año 2044.

El documento explica que como elementos que favorecen la creación de valor empresarial a través de la transición hacia un modelo económico circular, se encuentran los siguientes: la aceleración de la capacidad de innovación mediante la apertura a nuevos mercados y modelos circulares; el acceso nuevas oportunidades de inversión y financiación; la mejora de la competitividad mediante el ahorro de costes; así como las nuevas oportunidades de creación de empleo y de atracción y retención del talento.

En esta línea, la investigación recoge las tres claves empresariales en el camino hacia la máxima ambición circular. En primer lugar, es fundamental que las empresas definan su papel en esta transición: Pueden ser beneficiaries, beneficiándose indirectamente del cambio de modelo de otras organizaciones y de las nuevas preferencias de los consumidores; adopters, aquellas que incorporan los principios de la economía circular obteniendo un impacto positivo; o enablers, ofreciendo soluciones innovadoras que permiten mejorar la circularidad de otras organizaciones.Como segunda clave, el informe subraya que los objetivos climáticos y circulares deben vincularse y conectarse para que cada acción que lleva a cabo una empresa tenga su verdadera traducción en términos de impacto positivo en la economía, el planeta y las personas. Por último, es fundamental que las empresas visibilicen los esfuerzos mediante indicadores y los comuniquen con la vocación de inspirar a otras empresas y a sus grupos de interés para sumar esfuerzos hacia un ecosistema más circular.

Pero no todas son malas noticias en este tema. La investigación afirma que nuestro país ha hecho algunos avances, aunque no los suficientes. En España, en línea con los pasos que se han dado en Europa, en junio de 2020 se lanzaba la Estrategia Española de Economía Circular: España Circular 2030, el primer marco a nivel nacional para abordar el cambio de modelo en nuestro país. La Estrategia, no sólo propone objetivos que vinculan cambio climático y economía circular, sino que identifica 5 ejes principales (producción, consumo, gestión de residuos, materias primas secundarias y reutilización y depuración del agua) y otras iniciativas transversales (sensibilización y participación, I+D+i y la formación y empleo) para avanzar hacia otro modelo económico. En esta misma línea, en octubre del año 2020 el gobierno español anunció las principales vías de movilización de los fondos europeos procedentes del instrumento Next Generation EU, que nuestro país estructurará a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía española para el periodo 2021- 2023. Este plan está inspirado en la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible y alineado con las prioridades de los fondos europeos de recuperación, donde la inversión verde representa más del 37% del total del Plan.

La Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son, sin duda, el primer marco que pone de manifiesto que todos los retos tienen un vínculo y que, por tanto, las soluciones son múltiples y que han de abordarse con una visión de sistema. Por tanto, más que nunca la economía circular propone un marco de soluciones para reparar, redefinir y diseñar nuevas oportunidades de crecimiento gracias a un modelo económico más ecológico, resiliente, mejor distribuido, más diverso e inclusivo, que será determinante en la consecución de los ODS y en lograr una recuperación justa y sostenible.

El mensaje de la investigación es claro: la economía lineal es un modelo que nos hace vivir por encima de nuestras posibilidades. Los datos de la ciencia, con registros de más de medio siglo, nos muestran que hemos generado un impacto en el medio ambiente sin precedentes y que no hemos sabido desvincular el crecimiento económico de la degradación de la naturaleza. Ya no hay tiempo que perder. Si no revertimos la tendencia lineal, en el 2030 necesitaremos más de 1,7 planetas para satisfacer nuestras necesidades, alejándonos de la consecución de la Agenda 2030, ya que el 80% de sus metas dependen de la salud de nuestro planeta (y, por tanto, de las personas).

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