
La Organización de las Naciones Unidas ha dicho repetidamente que el papel de las mujeres en el turismo es clave en el proceso de cambio hacia una economía más sostenible, y ha alentado a sus Estados Miembros a incorporar las cuestiones de género en las políticas que regulan este sector. El pasado 19 de noviembre se celebrabó el Día Internacional de la Mujer Emprendedora, una buena fecha para reflexionar sobre la valentía, la resiliencia y el impacto positivo que las mujeres emprendedoras tienen en el mundo y para comprometerse, desde los ámbitos público y privado, a poner en marcha acciones que contribuyan a cerrar la persistente brecha de género.

Empatía. Sí, esta habilidad que, aunque no parezca, se puede enseñar o aprender. El tiempo, quién sabe por qué, ha hecho que los seres humanos nos alejemos de esta capacidad y hoy tenemos que volver a aprenderla y enseñar esto a nuestros hijos. En el tejido social que conforma nuestra sociedad contemporánea, la empatía emerge como una fuerza vital que puede moldear el destino colectivo. Más allá de una simple virtud, la empatía es el puente que conecta a individuos, construye comunidades resilientes y da forma a un mundo más compasivo. Pero, ¿cómo hacer esto sin ser académicos o expertos?

Podemos definir a la familia empresaria, siguiendo la acepciones de familia que recoge el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, como el grupo de personas emparentadas entre sí (ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje) que desarrollan en común una actividad empresarial. La empresa familiar sería, de esta manera, la entidad o grupo de entidades en las que la familia empresaria desarrolla en común la actividad empresarial. La característica fundamental de la familia empresaria en relación con la empresa familiar es la vocación de continuidad intergeneracional, esto es, el deseo de que la empresa familiar se mantenga en manos de los miembros de la familia empresaria durante generaciones, siendo el sustento de su vida profesional y de su posicionamiento social.

En mi anterior Tribuna, en la que critiqué la visión de un opinador que escribió un artículo en contra de la forma en la que se prestan las subvenciones a los vehículos eléctricos en España. Que el árbol no nos impida ver el bosque: las subvenciones y la forma de repartirlas serán mejores o peores, pero el vehículo eléctrico es una buena herramienta, que debemos utilizar para empezar a descarbonizar nuestra economía. Además, es un paso que podemos tomar como consumidores individuales. Para ello, es importante que pangamos en valor las auténticas virtudes del vehículo eléctrico. ¡Vamos a ello!

Vivimos subyugados a la idea de que tenemos que satisfacer todas nuestras necesidades, que son ilimitadas, y si no el marketing se encarga de crear otras nuevas, pero los recursos para saciarlas son escasos. Esto provoca una frenética competencia y urgencia por obtener esos recursos, así como una obsesión por tener más y más (acumularlos), porque quedarnos sin ellos supondría ver insatisfechas nuestras necesidades, que hemos elevado a la categoría de infelicidad. Debido a ello, la creencia dominante que mueve el mundo actual es que "más, es mejor", la cantidad se ha convertido en el parámetro para medir y evaluar la calidad de la vida, el éxito, el progreso, la felicidad y otros muchos fenómenos humanos y sociales: más dinero, más conocimiento, más ciencia, más seguridad, más años de vida, más experiencias.

En un mundo cada vez más urbano, las ciudades enfrentan desafíos significativos relacionados con la densidad de población, la contaminación, el tráfico y la calidad de vida de sus habitantes. La respuesta a estos desafíos se encuentra en la creación de ciudades inteligentes y sostenibles que priorizan la movilidad como un elemento clave en su transformación. Estas ciudades no solo buscan mejorar la eficiencia y la calidad de vida, sino también reducir su impacto ambiental. En este artículo, exploraremos el papel fundamental de la movilidad en la construcción de ciudades inteligentes y sostenibles.

Tras el Acuerdo de París de 2015, que supone el inicio de la carrera coordinada a nivel planetario para limitar el calentamiento terrestre por debajo de los 2ºC, parece una locura que sigan emergiendo nuevos proyectos como plataformas petrolíferas o centrales térmicas de carbón. Sin embargo, recientemente, once de los periódicos más influyentes del globo han publicado conjuntamente La Gran Investigación de inversión verde: la financiación fósil, donde podemos ver que gran parte de las principales entidades financieras del mundo, tanto de Estados Unidos como de Europa e incluso de España, todavía están financiando a las empresas de combustibles fósiles.

Recientemente hemos celebrado el Día Mundial de la Ecología, un recordatorio oportuno de nuestra relación con el entorno natural y la necesidad de protegerlo de manera sostenible. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando incorporamos el cambio climático en esta ecuación? La respuesta es un enfoque integral que no solo protege nuestro planeta, sino que también celebra la diversidad de culturas y visiones coexistentes en Europa. Desde mi experiencia, como mediadora y profesora especializada en diversidad intercultural y responsabilidad social, compartiré algunas acciones cotidianas que estamos trabajando desde este enfoque holístico en las aulas de clases y lugares de trabajo.