
El 7 de octubre se celebra el Día Mundial del Hábitat bajo el lema "Involucrar a los jóvenes para crear un futuro urbano mejor". Este evento pone de relieve la importancia de incluir a las nuevas generaciones en la planificación y desarrollo de ciudades sostenibles. En un mundo que se urbaniza rápidamente, las nuevas generaciones se posicionan como protagonistas indispensables para garantizar un futuro equitativo y resiliente.

La sostenibilidad se ha convertido en un pilar fundamental para el futuro empresarial. Integrar criterios ESG en la estructura de gobernanza corporativa es clave, no solo para cumplir con regulaciones emergentes, sino también para asegurar la viabilidad y competitividad a largo plazo en un mercado cada vez más consciente de la sostenibilidad.

Vivimos en una sociedad en la que, afortunadamente y cada vez más, la diversidad es entendida como una característica inherente al ser humano y un elemento enriquecedor sea cual sea el ámbito del que hablemos. Nuestra sociedad ha aprendido a aceptar la diferencia y es ahora infinitamente mejor que aquella sociedad, tiempo atrás, en la que lo diverso era visto incluso como una amenaza.

Cuando miro a mi alrededor hay algo que me llama especialmente la atención, le ponemos etiquetas a todo, en los medios, en las redes, incluso en nuestras conversaciones diarias. Una de estas etiquetas es hablar de que algo, da igual el qué, es residuo cero. ¿Residuo cero? ¿Cómo se puede ser residuo cero?

La oportunidad de acceder y mantener un empleo digno nos permite tener independencia económica y construir nuestro proyecto de vida. Por el contrario, si tenemos dificultades para encontrar un trabajo que se adapte a nuestras capacidades y necesidades, es probable que nuestra salud mental se vea afectada y que tengamos riesgo de exclusión social.

En un mundo cada vez más consciente de la sostenibilidad, los conceptos de Environmental, Social and Governance (ESG) están tomando relevancia en la agenda empresarial de Latinoamérica. Las empresas ya no son evaluadas únicamente por sus resultados financieros; ahora, su impacto social, ambiental y sus prácticas de gobernanza son igual de cruciales. Este cambio de paradigma representa una oportunidad dorada para los líderes en la región.

En medio de un mundo convulsionado por crisis políticas, sociales y ambientales, el voluntariado se presenta como una herramienta poderosa y silenciosa para generar paz y sanación. Más que un acto altruista, es un vehículo de transformación social que puede cambiar el rumbo de las sociedades y ayudarnos a encontrar reconciliación en tiempos de caos.

En un contexto donde la sostenibilidad y el impacto social se están convirtiendo en factores determinantes para consumidores, inversores y emprendedores, las empresas sociales se presentan como protagonistas de un nuevo modelo económico: la economía de impacto. Estas empresas han sabido combinar un enfoque innovador que une la viabilidad financiera con un compromiso claro y relevante hacia la sociedad, algo que parece responder a la creciente preocupación por los problemas sociales y medioambientales.

En la dinámica social, la salud y el bienestar son indicadores frecuentemente subestimados y poco medidos de productividad, progreso y evolución, no solo en empresas y organizaciones, sino también en ciudades. Las infecciones respiratorias y el sedentarismo son factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial, afectando a más del 60% de la población. El sedentarismo se debe a diversos factores como la falta de áreas verdes, poco tiempo libre, tráfico vehicular, contaminación y cambios tecnológicos como el uso de videojuegos y el mayor tiempo frente a pantallas.

La transición hacia una economía más sostenible ha llevado a la Unión Europea a desarrollar un marco normativo exigente en torno a la información sobre sostenibilidad. Las Normas Europeas de Información sobre Sostenibilidad (las NEIS o ESRS, por sus siglas en inglés) son un paso crucial en este proceso.