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Cuando miro a mi alrededor hay algo que me llama especialmente la atención, le ponemos etiquetas a todo, en los medios, en las redes, incluso en nuestras conversaciones diarias. Una de estas etiquetas es hablar de que algo, da igual el qué, es residuo cero. ¿Residuo cero? ¿Cómo se puede ser residuo cero?
Hacia el Vertido Cero

Todo, absolutamente todo acabará siendo un residuo, algo que ya no queremos, algo de lo que debemos o queremos desprendernos, incluidos nosotros. Así que hablar de residuo cero creo que es una utopía.

Cuando nos planteamos como deshacernos de ese residuo podemos optar por hacerlo bien, según la legislación y el sentido común, o hacerlo mal, lo tiro donde me sea más cómodo. Si elegimos esta segunda posibilidad, algo desgraciadamente frecuente, estamos generando un VERTIDO y evitar los vertidos ya es algo que sí está a nuestro alcance. Si tenemos que poner una etiqueta, la de Vertido Cero me parece más realista.

Evitar que nuestros residuos lleguen al medio es posible, tanto desde el punto de vista de actitud ciudadana, como a nivel tecnológico, ya sean residuos sólidos o líquidos. Por este motivo me gusta más esta etiqueta, por que es algo que podemos lograr, es algo en lo que podemos focalizar esfuerzos y obtener resultados, aparte de ser la clave para garantizar la calidad ambiental de la que tanto se habla.

Cuando nos esforzamos por lograr algo utópico, como el residuo cero, posiblemente acabemos frustrados y abandonemos, el concepto se transforma en algo vacío de contenido. Sin embargo, cuando ese esfuerzo se encamina a algo que, aunque difícil, es posible alcanzar, cada pasito, cada pequeño avance nos anima a continuar hasta alcanzar la meta.

Me gusta más hablar de Vertido Cero, es algo posible, cuantificable, con impacto positivo sobre el medio. Este es el camino que he elegido, evitar los vertidos, mediante la concienciación, la investigación, la puesta en valor de aquellas acciones que ya están en marcha y las futuras. Es apasionante ver los pasos que la investigación está dando en este sentido, espero que a medio plazo esto redunde en beneficio de todos. Porque el medio ambiente no es algo ajeno, es cada uno de los espacios donde se desarrolla nuestro día a día, es lo que respiramos, comemos, bebemos y por tanto, si conseguimos eliminar los vertidos probablemente evitaremos un elevado porcentaje de los problemas medioambientales actuales y futuros que generan algo de lo que tanto se habla mucho últimamente, “ecoangustia”.

Debemos recordar que un residuo, sólido o líquido, bien gestionado y tratado no acabará siendo un vertido. Mediante la prevención, el mejor residuo el que no se produce, y la adecuada gestión de aquellos que no podemos evitar, el camino hacia el vertido cero queda bien definido, ahora nos toca recorrerlo. Casi seguro que esta línea de acción ayuda a esta sociedad “ecoangustiada” con un poco menos de angustia y un poco más de acción.

Definitivamente el Vertido Cero es mi meta y espero que también la vuestra. Cada gesto suma, pequeño o grande. Podemos estar hablando de separar en casa o implantar un sistema de depuración a gran escala; de realizar un consumo responsable o pilotar un nuevo sistema de tratamiento de sustancias peligrosas, todo ello en conjunto, nos acerca al Vertido Cero. Posiblemente más lento de lo que nos gustaría, pero seguro. Hace ya treinta años que inicié el camino y creo poder analizar con cierta perspectiva la evolución sufrida. Os aseguro que en los último diez años ha aumentado exponencialmente la velocidad con que la sociedad en su conjunto ha incluido los temas medioambientales entre sus prioridades, esto hace que me sienta optimista al respecto.

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OpiniónVertido Ceroecoangustia

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