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Imaginemos que un país decide afrontar la mayor crisis de su historia con solo la mitad de su talento, su experiencia y su capacidad de liderazgo. Parece absurdo, ¿verdad? Pues eso es exactamente lo que está ocurriendo con la transición ecológica.
Verde sin igualdad no es tan verde

Cuando escribo sobre algo me gusta apoyarme en datos para poder marcar ciertos puntos en el itinerario y así cada uno puede trazar la línea con la que se sienta más cómodo, pero sujetándolo en datos. El debate climático y energético sigue siendo, en demasiados foros y consejos de administración, un espacio que recoge más voces de un género que de otro, el liderazgo y la experiencia de las mujeres continúan siendo sistemáticamente marginales. Este artículo no es una declaración de principios. Es una invitación a leer y entender los números para sacar conclusiones.

Un pasito “palante”, un pasito “patrás”

Hay veces que parece que estamos viviendo en una rueda y tenemos la sensación de no avanzar. Y es que el empleo verde es la gran promesa de la próxima década y así se extrae de las tendencias en el mercado laboral. La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) estima que el sector de las energías renovables podría generar 38 millones de empleos en todo el mundo para 2030. La Comisión Europea, por su parte, calcula que solo el Pacto Verde Europeo movilizará más de un billón de euros en inversión y podría crear millones de puestos de trabajo en sectores como la eficiencia energética, la agricultura sostenible o la movilidad.

El informe Renewable Energy: A Gender Perspective (2a edicion, IRENA, octubre 2025) confirma que las mujeres representan el 32% de la fuerza laboral en el sector de energías renovables a escala global. Una cifra que, comparada con el promedio de participación femenina en el conjunto de la economía (43,4%), revela una brecha sistemática. Y que se desploma cuando hablamos de posiciones técnicas y de liderazgo: 28% en roles STEM, 19% en alta dirección y consejos de administración, y apenas 22% en empleos de instalación y construcción.

Lo que parecen solo datos representan un problema repetido a lo largo de las décadas en otros sectores: las brechas de género.

El coste real no es solo ético, es económico

Existe una narrativa extendida que reduce la igualdad de género a una cuestión de justicia social o de cuotas. Esa narrativa no es solo incompleta, sino económicamente costosa. El Foro Económico Mundial, en su Global Gender Gap Report 2025, señala que, a este ritmo, cerrar la brecha de genero a nivel global llevará 123 años. El informe, que cubre 148 economías, estima que alcanzar la igualdad en la fuerza laboral podría aumentar el PIB per cápita un 20% de media en los países analizados. En el sector del emprendimiento, la paridad podría añadir entre 5 y 6 billones de dólares a la economía global.

El mismo informe subraya un dato importante en la transición ecológica: solo el 29,5% de los altos directivos con formación terciaria son mujeres, un desfase que no tiene que ver con la falta de cualificación (las mujeres superan a los hombres en graduación universitaria en muchos países) sino con barreras estructurales que

impiden su acceso a posiciones de toma de decisiones en los sectores clave.

DATO CLAVE — ONU MUJERES E IPU, 2025

Según el mapa Women in Politics 2025, elaborado conjuntamente por la Union Interparlamentaria y ONU Mujeres, las mujeres ocupan el 27,2% de los escaños parlamentarios a nivel global (apenas 0,3 puntos porcentuales más que en 2024). Aún más preocupante: la proporción de mujeres al frente de ministerios descendió hasta el 22,9%, frente al 23,3% del año anterior. En 106 países nunca ha gobernado una mujer. Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres, lo calificó de 'retroceso': treinta años después de la Declaración de Beijing, la promesa de igualdad en el liderazgo político sigue sin cumplirse.

El informe Women in Business 2025 de Grant Thornton señala que las mujeres ocupan el 33,5% de los puestos directivos senior a escala global, el mayor registro histórico. Una buena noticia que, sin embargo, se matiza al desagregar por sectores: en industria, manufactura y energía, los protagonistas de la transición verde, la representación femenina cae muy por debajo de ese promedio.

En España, los datos del Informe de Gobierno Corporativo del Ibex 35 (CNMV, 2024) muestran avances en la representación femenina en consejos, aunque las empresas energéticas e infraestructuras siguen registrando los niveles más bajos. El WEF advierte de que los empleos verdes con mayor proyección de crecimiento (operarios de instalaciones solares, técnicos de eficiencia energética, ingenieros de movilidad eléctrica) son sectores donde la segregación ocupacional por género es históricamente muy marcada. Si no se interviene activamente en la formación, en los sistemas de orientación vocacional, en la eliminación de barreras de acceso y en la cultura organizacional de estas empresas, la conocida como 'revolución verde' reproducirá la misma arquitectura que la 'revolución industrial' que reemplaza. Cambiarán las turbinas, pero no quien las diseña. 

Éramos pocos y llegó la IA

La inteligencia artificial está siendo el motor invisible de la transición ecológica ya que es una tecnología que optimiza redes eléctricas, predice la demanda energética y gestiona cadenas de suministro sostenibles. Pero la IA también tiene sesgos: sesgos en los datos con los que se entrena los modelos, sesgos algorítmicos, etc. Si no se trabaja en ello, la IA podría amplificar esta tendencia.

El informe de UNESCO Cracking the Code y los datos del World Economic Forum coinciden: las mujeres representan menos del 22% de los profesionales de inteligencia artificial a escala global. Si los sistemas que van a gestionar la infraestructura verde del planeta se diseñan sin perspectiva de género, los sesgos continuarán, se codificarán en los algoritmos.

Los datos abren, por tanto, un debate que no puede seguir aplazándose:

  • Si los planes de transición ecológica no incluyen análisis de impacto de género en sus proyecciones de empleo, ¿con qué credibilidad hablan de 'transición justa'?
  • Si las empresas que lideran la inversión verde en España y Europa no tienen objetivos medibles de paridad en sus consejos y plantillas técnicas, ¿están comprometidas realmente con la sostenibilidad?
  • Si los modelos de IA que van a gestionar la infraestructura energética de las próximas décadas se entrenan con datos con sesgo, ¿qué tipo de futuro sostenible estamos construyendo realmente?
En este artículo se habla de:
Opinión#8M2026

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