
Hoy, ese terreno ya no es tan firme.
En los últimos años, conceptos como solidaridad, cooperación, igualdad o derechos humanos han dejado de darse por hechos para convertirse, en ocasiones, en objeto de debate o cuestionamiento. No es un fenómeno exclusivamente español. Forma parte de una tendencia más amplia, marcada por la incertidumbre económica, la polarización social y el aumento de la desconfianza institucional.
Cuando los consensos se debilitan, los derechos dejan de darse por sentados. Necesitan estructuras que los defiendan y los garanticen en el tiempo. Ese es, precisamente, el papel de las organizaciones no lucrativas.
Las ONG trabajan en ámbitos que forman parte del interés público y de los fundamentos del Estado de derecho: el acceso a la salud, la educación, la inclusión social, la igualdad de derechos, la protección frente a la pobreza y la exclusión, la cultura o el acompañamiento a personas en situaciones de vulnerabilidad. Estas son las condiciones que permiten una vida digna y sostienen una convivencia democrática.
Muchas de las realidades que hoy consideramos normales comenzaron como iniciativas impulsadas por organizaciones ciudadanas. La atención a determinadas enfermedades, el reconocimiento de nuevas necesidades sociales o la defensa de colectivos que no formaban parte de la agenda pública surgieron, en muchos casos, del trabajo de entidades que identificaron un problema antes de que existiera una respuesta institucional.
Ese tipo de trabajo exige continuidad, conocimiento y estabilidad. No se limita a la respuesta ante una emergencia, sino que implica acompañar procesos largos y sostener soluciones que requieren tiempo y compromiso.
Por esa razón, millones de personas en España han decidido apoyar de forma directa a las organizaciones no lucrativas. Más de cinco millones contribuyen de manera recurrente a una ONG. No es solo una forma de financiación. Es también una expresión de compromiso cívico y una base de legitimidad social. Cada una de esas personas está afirmando que determinados derechos y causas merecen ser defendidos de forma sostenida.
Este respaldo permite que la defensa de estos derechos no dependa exclusivamente de coyunturas políticas o económicas, sino de un compromiso social estable. Permite a las organizaciones actuar, mantener su independencia y cumplir su misión.
Las ONG forman parte de la infraestructura que articula a la sociedad civil. Son uno de los mecanismos a través de los cuales la ciudadanía se organiza para proteger aquello que considera esencial. No sustituyen a las instituciones públicas, pero contribuyen a reforzar el entramado que sostiene el interés general, aportando capacidad de respuesta, especialización y cercanía.
La mayor parte de su trabajo no ocurre cuando hay titulares, sino cuando ya no los hay. Pero cuando surgen nuevas vulnerabilidades o cuando algunos derechos dejan de percibirse como incuestionables, su función resulta especialmente visible.
El Día Mundial de las ONG es una oportunidad para reconocer ese papel. Pero también para recordar que su existencia no es fruto de la inercia. Es el resultado de una decisión colectiva.
Los derechos no se sostienen solos. Necesitan organizaciones que los defiendan y personas dispuestas a respaldarlas.