
Desde Ferrer, hace tiempo nos respondimos a esta pregunta: el negocio no debe ser un fin en sí mismo, sino un medio para luchar por la justicia social. En este sentido, el éxito empresarial se debería medir por el impacto positivo generado en las personas, las comunidades y el planeta. Y ello supone priorizar la justicia social por encima del beneficio de los accionistas. Eso implica poner nuestros recursos, nuestro conocimiento, nuestra influencia, en definitiva, todas nuestras herramientas, al servicio de un objetivo social y medioambiental.
Ante este escenario, necesitamos modelos de negocio que no se basen en la extracción de recursos y riqueza, sino en la devolución de valor hacia la sociedad. Porque las empresas no deben quedarse al margen de los problemas que afectan a la sociedad actual. Al contrario: las empresas tenemos la obligación de ser parte de la solución y liderar un cambio estructural, como responsables de alrededor del 80% del PIB mundial. Necesitamos que el activismo en las compañías sea la norma, no la excepción.
Esta filosofía es la que nos empuja a entender que la verdadera transformación no se alcanza en solitario, sino que nace de la acción colectiva. Porque el éxito real solo se logra cuando impulsamos el cambio junto a otros que comparten esta visión.
Fieles a esta premisa, desde Ferrer y junto a B Lab Spain y a EADA Business School, hemos impulsado el Board 2030, una alianza estratégica que hoy une a grandes compañías de Barcelona.
Juntos, tenemos la misión de proyectar a Barcelona como un referente global en economía de impacto, impulsando un modelo de ciudad más justa, inclusiva y sostenible. Y nuestra primera causa conjunta es frenar el abandono escolar temprano, una fuente clara de injusticia social, a nivel individual y colectivo. Por ello, nos hemos aliado con la Fundació Exit para apoyar a jóvenes en situación de vulnerabilidad. Una colaboración que esperamos que nos permita abrir el camino para una acción colectiva mucho más amplia y transformadora en Barcelona, impulsada desde las empresas. Porque el presente nos exige ser recordados, no por lo que obtuvimos, sino por todo aquello que devolvimos a la sociedad.