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Transición verde sí, pero con igualdad de género

Hablamos con naturalidad de descarbonización, energías renovables, taxonomía verde o finanzas sostenibles. La transición ecológica ya no es un horizonte lejano ni una reivindicación marginal: es una prioridad política, económica y empresarial en Europa. Sin embargo, hay una pregunta fundamental que todavía se formula demasiado poco: ¿puede haber transición ecológica sin igualdad de género?

Desde una perspectiva ecofeminista, la respuesta es clara: no.

No puede haber una transición verdaderamente justa ni eficaz si las estructuras sociales que organizan nuestras economías siguen siendo profundamente desiguales. La crisis climática y la desigualdad de género no son fenómenos separados; forman parte de un mismo sistema que ha invisibilizado históricamente los trabajos de cuidados, ha sobreexplotado los recursos naturales y ha dejado fuera de la toma de decisiones a una parte importante de la población.

Por eso, hablar de transición ecológica implica necesariamente hablar de justicia social. El cambio climático no afecta a todas las personas por igual. Diversos estudios muestran que las mujeres se ven desproporcionadamente impactadas por sus efectos, tanto a nivel global como en Europa. Esto se debe, entre otros factores, a desigualdades persistentes en el acceso a recursos económicos, a la energía, a la propiedad, al empleo y a la participación en espacios de decisión.

Uno de los ámbitos donde esta intersección se vuelve especialmente evidente es la pobreza energética. En la Unión Europea, millones de personas tienen dificultades para mantener sus hogares a una temperatura adecuada o afrontar el coste de la energía. Aunque la pobreza energética afecta a distintos grupos sociales, las mujeres —especialmente madres solas, mujeres mayores o hogares con menores ingresos— están sobrerrepresentadas entre quienes la padecen.

Esto no es casualidad. Las brechas salariales, las trayectorias laborales más precarias y la mayor carga de responsabilidades de cuidado hacen que muchas mujeres dispongan de menos recursos económicos y mayor vulnerabilidad frente al aumento del coste de la energía.

Si la transición energética no incorpora una perspectiva de género, existe el riesgo de reproducir o incluso profundizar estas desigualdades. Las políticas climáticas, los programas de rehabilitación energética o las estrategias de electrificación no pueden diseñarse únicamente desde la eficiencia tecnológica o la lógica del mercado. Necesitan incorporar criterios de equidad, accesibilidad y justicia social. La transición ecológica no es solo una transformación tecnológica. Es también una transformación social.

Implica repensar cómo producimos, cómo consumimos, cómo organizamos nuestras ciudades y, también, cómo distribuimos el poder, los recursos y las responsabilidades. Significa reconocer el valor de los cuidados, fortalecer la cohesión social y garantizar que nadie quede atrás en el camino hacia una economía baja en carbono.

El ecofeminismo aporta una mirada clave para este debate porque nos recuerda algo fundamental: la sostenibilidad de la vida debe estar en el centro de las políticas públicas. Esto implica reconocer que las crisis climática, social y económica están profundamente interconectadas. No basta con reducir emisiones si al mismo tiempo aumentan las desigualdades. No basta con invertir en tecnología verde si las decisiones siguen tomándose en espacios donde las mujeres están infrarrepresentadas.

La transición ecológica necesita diversidad de voces, experiencias y conocimientos. Si queremos construir sociedades resilientes, inclusivas y sostenibles, debemos asegurar que las mujeres participen activamente en el diseño de las políticas climáticas, en la gobernanza energética y en la economía verde. No se trata solo de una cuestión de justicia, sino también de eficacia.

Las sociedades más igualitarias son también las que mejor responden a los grandes retos colectivos. Por eso, la pregunta no debería ser únicamente si puede haber transición ecológica sin igualdad de género. La verdadera pregunta es otra: ¿qué tipo de transición queremos construir? Si aspiramos a una transición que sea realmente transformadora, entonces la igualdad de género no es un complemento ni un añadido. Es una condición imprescindible.

Porque no habrá transición ecológica justa si no transformamos al mismo tiempo las estructuras sociales que producen desigualdad.

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Opinión#8M2026

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