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Cuando hablamos de rediseñar el liderazgo empresarial y le añadimos adjetivos como colaborativo, responsable, consciente, ético, etc., no niego que en algún caso tenga que ver más con subirse a la ola para no quedar fuera de juego que con un convencimiento real de que, a estas alturas del siglo XXI, quizá va siendo hora de que el mundo de los negocios asuma que la materia prima, el elemento primigenio del que se alimenta, son las personas.Es obvio que el objetivo principal de toda empresa es que resulte rentable. Por mucha responsabilidad, conciencia social y liderazgo ético que haya, si al final del ejercicio los números no están en verde, mala cosa.
Las relaciones humanas como valor añadido en las relaciones empresariales

Pero, como decía, a estas alturas del siglo XXI, no todo vale. El mundo empresarial no es una burbuja aislada de su entorno. Al contrario, asumamos que algunos de los principales males que asolan al planeta tienen su origen en las malas prácticas empresariales y, lejos de fustigarnos, hagamos lo necesario para aportar bienestar a la sociedad, por un lado, mediante los productos que fabricamos y ponemos al alcance de los consumidores, y, por el otro, haciéndole la vida más agradable a las personas que forman parte de nuestras organizaciones.

En definitiva, la clave del liderazgo responsable radica en eso, en promover la realización personal a través del desempeño profesional. Los seres humanos somos animales sociales, necesitamos el cariño y el reconocimiento de nuestros semejantes. Todos tenemos habilidades y conocimientos que aportar, y, creedme, una de las cosas más claras que extraigo de mi experiencia profesional como directora comercial de una empresa destacada en el sector farmacéutico y de los nutracéuticos es que contar con empleados satisfechos es garantía de éxito.

En Sincrofarm fabricamos y acondicionamos productos para terceros. A diario tengo contacto con muchísimas personas: clientes, posibles clientes, proveedores y, por supuesto, compañeras y compañeros. La exigencia en nuestro trabajo es muy alta, tenemos una gran responsabilidad por el tipo de productos con el que trabajamos y por la naturaleza confidencial de las relaciones comerciales que establecemos. No voy a decir que todo es maravilloso y que nos pasamos el día: “jijiji”, “jajaja”. No. Cualquiera que trabaje en esta industria conoce la presión a la que estamos sometidos. La competencia es brutal, de modo que no podemos permitirnos tener clientes descontentos.

El cliente es nuestra razón de ser. Nos adaptamos a sus necesidades en todo momento. Sé que es un tópico leído y escuchado millones de veces, pero es que es así. Y al cliente le da igual cómo lo hagas, lo que quiere es resultados; que al final del proceso llegue a sus manos el producto que te pidió y en las condiciones acordadas. Ahora bien, el proceso se puede abordar de forma exclusivamente profesional... aséptica, me atrevería a decir, o podemos poner en valor que detrás del acuerdo comercial entre dos organizaciones hay personas, y explorar el potencial que ese hecho tan obvio y, a priori, nada extraordinario tiene.

A mí me gusta relacionarme con la gente. No sé si me paso de sincera diciendo que es lo mejor de mi trabajo, pero es que me he dado cuenta de que el buen rollo es muy importante cuando estableces relaciones profesionales de larga duración. Trabajamos en el desarrollo de productos que, desde el encargo hasta su puesta en el mercado, pueden pasar años. Es mucho tiempo tratando a diario con personas con las que, aunque no formen parte de tu equipo, acabas creando lazos que van más allá de la relación estrictamente profesional. Llega un momento en el que llamarlos clientes casi que suena mal, porque son más que eso, son socios y, en ocasiones, incluso amigos.

La calidad humana es un factor fundamental. Para la filosofía que aplicamos en Sincrofarm, no tiene sentido no confiar en las personas. Por eso, la flexibilidad, que es el punto de partida de cualquier proyecto, va acompañada de una transparencia absoluta de puertas adentro y la confidencialidad debida de puertas afuera. Nuestros clientes son socios, cuando acuden a nosotros nos ponemos en su lugar y, por tanto, cuentan con nuestra lealtad absoluta desde el segundo uno y disponen de toda la información sobre el desarrollo del proyecto en tiempo real. La fórmula del producto en el que trabajamos codo con codo es suya, de modo que no contemplamos otra opción que no sea informarles de todo.

Nos gusta decir que no se trata solo de hacer negocios. Ahora bien, con el buen rollo no basta, así que no debemos perder nunca de vista que el elemento que marca verdaderamente la diferencia es la calidad. Y para crear productos de calidad hacen falta buenos profesionales y la tecnología adecuada.

Conclusión: para conseguir el éxito empresarial, hemos de estar comprometidos a invertir tanto como sea necesario en profesionales y equipos tecnológicos, sin olvidar escuchar a nuestros clientes, ponernos en su lugar y no menospreciar el valor añadido que aporta el componente humano.

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