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Naciones Unidas hace ya algunos años dio el pistoletazo de salida a la carrera más urgente y necesaria en la que participamos, queramos o no, todos los habitantes del planeta. Una carrera en la que debemos superar diecisiete curvas, cada cual más exigente, y que tiene la característica de no terminar nunca. Cada paso por una de esas curvas es una oportunidad para mejorar nuestra habilidad de conducción, para sentirnos más cómodos al volante y, finalmente, para llegar sanos y salvos a la meta. Donde reemprender de nuevo la marcha. Pero para superar cada una de esas curvas, analogía de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, necesitamos de un motor que nos impulse para salir de ellas con mayor aceleración a la búsqueda del siguiente giro.

El nuevo motor que ya se está probando con éxito, aunque aún tímidamente, en muchos lugares del mundo es el llamado hidrógeno verde. La paulatina adopción del hidrógeno verde en el día a día de la sociedad, en su industria y en sus alternativas de movilidad, hará que los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los populares ODS, puedan alcanzarse y superar los registros marcados en la agenda 2030.

En particular, centrándonos en algunos de ellos, el hidrógeno verde tiene mucho que aportar a los objetivos relacionados con la energía asequible y no contaminante, como no podría ser de otra manera, con el desarrollo de la industria y la innovación, con el trabajo decente y el crecimiento económico y, finalmente, con la acción por el clima.

El hidrógeno verde es, por definición, un vector energético limpio, no contaminante. A través de un proceso de electrolisis, el método más habitual, aunque no el único, la molécula del agua se divide en oxígeno e hidrógeno. Para lograr esta separación, se necesita de corriente eléctrica que será obtenida de fuentes renovables, el sol o el viento. De ahí que hablemos de hidrógeno verde o también renovable, por la procedencia de la electricidad. Los usos son variados, como materia prima o transformado en electricidad, pero, en todo caso, están libres de emisiones de CO2, por lo que el hidrógeno se consolida como una alternativa limpia a los combustibles fósiles. Queda aún por ver la asequibilidad del hidrógeno verde, pero en la medida en vayamos rodando, el coste de producción irá disminuyendo hasta lograr ser una fuente de energía al alcance de cualquier vehículo o industria.

Es precisamente en la industria donde el hidrógeno verde juega un papel más importante. En la curva 9, que promueve el giro hacia una industria e infraestructuras sostenibles con una apuesta firme por la innovación, el nuevo motor responde como sustituto fundamental del hidrógeno producido a partir de combustibles fósiles, un punto esencial para la descarbonización de las industrias siderúrgicas o de la cerámica, por ejemplo. También favorece el desarrollo de hubs de transporte, dirigiendo al sector logístico hacia una mayor eficiencia y reducción de contaminantes.

Si ya hemos tomado velocidad, el hidrógeno prestará un servicio importante en la economía de muchos países. En España, por ejemplo, como lugar privilegiado de las energías renovables, nos posicionaremos como un productor clave, incluso exportador, que impulse a frenar la dependencia de los combustibles fósiles, motor en este caso de la inflación y el desequilibrio energético. Si aprovechamos la inercia, es una gran oportunidad para el país en el desarrollo de nuevos profesionales de la investigación, la ingeniería o el mantenimiento de instalaciones, dando pie a un nuevo nicho de empleo especializado.

Y, por último, por todo lo anterior, el hidrógeno debe jugar un papel esencial en la acción por el clima, quizás la curva más desafiante. Combatir el cambio climático, sustituyendo lo fósil por lo renovable, implicará una reducción muy significativa de emisiones no solo en la industria o en el transporte pesado sino también en los sistemas de calefacción de nuestros hogares, por ejemplo, con lo que, en un futuro próximo, probaremos a fondo el nuevo motor.

En la medida que las iniciativas proyectadas en todo el mundo, y muy especialmente en España, arranquen a todo gas, la velocidad de implantación de los ODS en nuestras actividades diarias y en las de nuestras empresas se acelerará y seguro que llegaremos en las primeras posiciones a la bandera a cuadros situada en la meta del 2030. En VINCI Energies Spain trabajamos cada día para ello, de cara a contribuir a la construcción de un mundo más sostenible.

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