Empresas más humanas

En un mundo con crecientes dificultades para alcanzar la cohesión social con cuestiones complejas como la desigualdad, las brechas en el empleo, talento y educación o un crecimiento alarmante de las situaciones de pobreza de las familias, es necesario contar con empresas capaces de generar soluciones eficientes, eficaces, escalables y sostenibles.

Si hablamos de desigualdad, las cifras publicadas el pasado mes de julio por el INE se refieren a 2019, y por tanto no recogen el impacto que ha tenido la pandemia. A fecha de hoy solo existen unas estimaciones preliminares que elaboró el Banco de España y que confirman un fuerte aumento. Según estas, el 10% con mayores rentas pasó, con la primera ola, de ganar cinco veces lo que obtiene el 10% más pobre a ganar unas 18 veces. Como muestra el INE, el riesgo de pobreza es mayor en la población con menos estudios y en las familias formadas por un adulto con hijos dependientes. El 49,1% de las personas que vivían en hogares de un adulto con niños a cargo se hallaba en riesgo de pobreza o exclusión social. Al haber menos adultos aportando ingresos, la renta per cápita de la familia disminuye significativamente. La encuesta de condiciones de vida da un indicador clave, la tasa Arope (que mide el riesgo de pobreza o exclusión social). Esta se ha movido, desde 2013, entre el 23% y el 26,3%, el máximo que marca la encuesta. La tasa Arope se basa en tres componentes, y todos empeoran: la tasa de riesgo de pobreza (el porcentaje de gente que tiene ingresos anuales inferiores al 60% de la mediana de la población); la baja intensidad de trabajo (hogares en los que no se ha trabajado más del 20% del potencial de un año, una situación en la que están casi una de cada diez familias); y la privación material severa (en la que se encuentra el 6,2% de los hogares, que certifican problemas como retrasos en el pago de la vivienda o comida, imposibilidad de ir de vacaciones, no poder tener una dieta equilibrada, no poder tener teléfono, televisión, lavadora, coche o una temperatura adecuada en casa, etc.). La exclusión social grave ha pasado de afectar al 8,6% de los residentes en España en 2018 a hacerlo al 12,7% en 2020, según Foessa.

Estamos viviendo un momento de reconstrucción distinta: más humana, más social y con las personas en el centro. Asuntos como la implementación de los derechos humanos en toda la cadena de valor, el liderazgo responsable, el interés creciente en los asuntos ESG y la evaluación de la sostenibilidad y el impacto social de una organización por parte de los inversores o la medición del impacto social de las compañías serán grandes palancas en términos organizacionales y sociales para la reconstrucción.

Quiero hacer hincapié en la S, en el valor de lo social, porque hasta hace poco era un área que “tenía como único objetivo la obtención de resultados y que ha pasado a tener que valorar criterios subjetivos como el comportamiento de la compañía”. Desde el origen de la fundación hemos defendido el valor social unido a progreso empresarial como clave de la sostenibilidad en el tiempo de las compañías, que contribuye a una empresa más competitiva y una sociedad más justa, que no deja a nadie atrás. Sólo en una sociedad sana, pueden fortalecerse y crearse empresas sostenibles y de futuro.

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