Tecnología y sostenibilidad, pareja de baile contra el cambio climático

Afirmar que la sostenibilidad es hoy un objetivo clave para cualquier empresa de cierto tamaño no supone ningún descubrimiento. A los indicadores de gestión propios de cualquier compañía hay que sumar la contribución a hacer del planeta Tierra un lugar que pueda seguir siendo habitable.

Las organizaciones se han convertido en numerosos casos y como fruto de la globalización en entes con mayor poder que los gobiernos. Su papel está llamado a conformar un eje vertebrador de la recuperación del medioambiente. De la misma forma también las pymes deben concienciarse del importante papel que deberían jugar en la lucha contra el cambio climático porque la suma de todos los impactos, por pequeño que sean, tendrá un efecto determinante.

Algunos datos que deberían llevar a las empresas a la reflexión: según la Fundación Ellen McArthur, el 45% de las emisiones de CO2 proviene de la fabricación de productos. Las legislaciones en materia de medio ambiente son cada vez más duras e incrementan los controles sobre la actividad de las empresas. La Comisión Europea, por ejemplo, no deja de ampliar las recomendaciones a las empresas relacionadas con la sostenibilidad, con reglamentos como el SFDR (el Reglamento de Divulgación en materia de finanzas sostenibles) que favorecen las inversiones sostenibles.

En esta tesitura la tecnología emerge como gran instrumento facilitador para acometer el cambio.

Existen productos que permiten a las empresas obtener métricas para evaluar el impacto de su huella de carbono, de forma que puedan medir, con datos en la mano, la magnitud que sus acciones requieren. De forma general, entre los grandes pasos que las empresas vienen dando en este sentido figuran el acercamiento de los centros de producción con vistas a reducir la contaminación del transporte, el impulso a la economía circular -con el reciclaje como principal activo-, o el control de todos los agentes implicados a lo largo de su cadena de suministro. De este modo, lo que podría pasar por la implicación de un solo jugador se hace extensible a todo su entorno, en un retrato de lo que este propósito significa: un imperativo que nos apela a todos. La tecnología, cada día más presente en la escena cotidiana del tejido empresarial, debe desempeñar un papel protagonista.

Sostenibilidad y tecnología están llamadas a caminar de la mano y ambas transiciones digital y verde deberían ir al unísono. Según constata la Iniciativa Global para la Sostenibilidad digital (GeSI) en un informe, la tecnología tiene potencial para reducir las emisiones globales de carbono en un 20% en 2030, mantener las emisiones bajo los niveles de 2015 y disociar el crecimiento económico del aumento de las emisiones.

Llevado todo esto al ámbito empresarial, no debería pasarse por alto que nos encontramos ante lo que Naciones Unidas ha denominado como “década de la acción”, una ventana temporal en la que individuos y organizaciones están llamados a ponerse manos a la obra para revertir los peores efectos del cambio climático. Y se trata de una llamada al orden definitiva, constatado como está que todo lo que no sea un giro de 180 grados inminente supondría entrar en el terreno de lo irreversible.

Es por ello que la implicación la implicación de gobiernos, instituciones y organizaciones públicas y privadas de toda clase debe ser llevada al máximo nivel. Hay que aplicar la legislación y, si fuera necesario, endurecerla aún más, convirtiendo la protección del medioambiente en la norma que rija nuestro día a día.

Las medidas en materia de emisiones contaminantes, ahorro energético y reciclaje, con la economía circular como gran caballo de batalla, son hoy un habitual en los planes a corto plazo de cualquier compañía. Más aun sabiendo que la concienciación de su público es hoy plenamente transversal, ya que el cambio climático está en la primera plana de los medios de comunicación y en el discurso de prescriptores de opinión en prácticamente cualquier rincón del planeta.

Por llevarlo a lo concreto, un estudio reciente (*) muestra que la implantación de acciones de sostenibilidad supone un desafío para las organizaciones. La investigación cita a la legislación como la gran razón para invertir en sostenibilidad (29%), seguida por argumentos como la aprobación por parte de la sociedad (27%) o los riesgos para su reputación frente a la opinión pública (26%); y el compromiso del CEO y del consejo de administración con el medio ambiente y la legislación, seguida de los ingresos y el aumento de los beneficios como las principales motivaciones que mueven a las empresas a emprender acciones en pro de la sostenibilidad.

Como demuestran las respuestas de los encuestados al respecto, el principal obstáculo que encuentran para aplicar planes de acción contra el cambio climático es la dificultad de su integración en los procesos de negocio y en los sistemas informáticos. 

De uno u otro modo, el paso del tiempo ha hecho que tomar medidas no sea ya una materia optativa.

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