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En esta tarea que nos ocupa a tantas personas, la de mitigar la crisis climática y revertir en lo posible tanto daño infligido a la madre Tierra, es una inmensa suerte contar con las aportaciones de mentes instruidas y brillantes como la de Fernando Valladares, así que te animo a que disfrutes su último libro. Con este propósito he seleccionado algunos párrafos que me permito comentar por haberme resultado especialmente sugerentes.
Aprender de la naturaleza y de los que la cuidan

La Agenda 2030 es una agenda hermosa porque se basa en los derechos humanos, pero una agenda inútil porque no la estamos siguiendo… La humanidad necesita alimentos y energía, pero primero va el negocio de producir alimentos y energía y después aquello de abastecer a la población… Por supuesto que las empresas deben ganar dinero.  Pero si dejamos que ganar dinero vaya por delante de los servicios sociales y de la protección del medio natural, el resultado es el de un negocio insostenible que nos acaba endeudando a todos en materia de derechos fundamentales y, a la larga, endeudándonos también en cuestión de disponibilidad de recursos y de estabilidad climática y ambiental. (P. 116).

Las empresas pueden y deben ganar dinero, sí, pero no así.  Existen otras vías, como la de aprender de la naturaleza, desde la humildad, para emular su forma de gestión.  A modo de ejemplo: para producir alimentos y energía, nuestra sociedad apoya a grandes corporaciones que obtienen cuantiosos beneficios económicos importándoles un ápice destrozar el medio ambiente. Y, sin embargo, la naturaleza hace justo lo contrario:  la máxima “compra localmente” la aplica en todos los ecosistemas, desde animales que buscan alimento hasta plantas que se nutren en su entorno próximo.  En un paralelismo perfecto, tenemos pequeñas empresas que favorecen la producción y el consumo locales y se comportan como un ecosistema más dentro del más amplio ecosistema (social y natural) en el que se mueven.

La ciencia ya ha demostrado con claridad que vencer al cambio climático solo es posible si al mismo tiempo somos capaces de revertir la pérdida de biodiversidad y de corregir las principales afecciones que sufre el medio ambiente, en especial todas las formas de contaminación y sobreexplotación. (P. 125)

Retomando el contraejemplo de las grandes corporaciones que producen alimentos y energía, podemos indagar qué hace la naturaleza al respecto:  aplica los principios como “no agotar los recursos” (v.g. los grandes herbívoros africanos), “utilizar los deshechos como recurso”, (v.g.  cigüeñas que hacen el nido aprovechando materiales encontrados en el vertedero) “optimizar y no maximizar”, (por ejemplo, el vuelo de una bandada de estorninos) “permanecer en equilibrio con la biosfera” (v.g., la utilización que hacen las nutrias de las algas), y tantos otros que pueden aplicarse al mundo de la gestión de empresas.  De hecho, las empresas pequeñas y medianas tienen muchas más posibilidades de aplicar estos principios dada su agilidad en la toma de decisiones, diseño de procesos, asignación de presupuestos, etc.

Se pueden resumir en seis los tipos principales de ayuda que la ciencia puede dar a la sociedad ante el gran desafío ambiental al que nos enfrentamos (P. 127):

  1. Gestión de los datos
  2. Ponderación de la alarma
  3. Comprensión de las interconexiones.
  4. Gestión de la dimensión global.
  5. Objetividad
  6. Pensamiento y método

Seis tipos de ayuda que las empresas necesitan con urgencia para replantearse su modelo de gestión, básicamente porque hasta la fecha solo se está teniendo en cuenta la rentabilidad económica… y precisamente la ciencia nos está demostrando que gestionar de ese modo está afectando severamente al planeta.  

Una mención especial a las empresas que se están especializando en hacer lavado verde para engañar a la ciudadanía y seguir así acumulando capital, y también a aquellas otras que pretenden continuar lucrándose con la aplicación de energías verdes o similares para seguir produciendo a gran escala; es decir, un “más de lo mismo” con otro envoltorio.

Tendemos a pensar que conservar la naturaleza es un lujo costoso, un gasto superfluo propio de sociedades ricas.  Deberíamos ir actualizando esta noción porque la realidad es muy diferente.  De hecho, el presupuesto dedicado a conservar la naturaleza no debe ser considerado un coste, sino una inversión. Y de las más rentables: nos devuelve mil euros por cada euro que invertimos (P. 168).

Es una aseveración contrastada, y podemos resaltar que las empresas que gestionan respetando a la naturaleza y aprendiendo de ella consiguen mayor credibilidad (los empleados sienten orgullo de pertenencia, los clientes son más fieles y hacen de prescriptores, los proveedores se fidelizan y forman parte de planteamientos estratégicos…).  Es decir, se generan círculos virtuosos que no solo favorecen la vida en su sentido más lato, sino que mejoran las experiencias vitales de las personas.  Y ¿qué más se puede pedir que disfrutemos de la vida -nosotros y nuestros descendientes- en un planeta sano y hermoso?

Por si te apetece leer algo sobre empresas y naturaleza, te dejo aquí algunos enlaces:

Empresas que se mantienen en equilibrio con la biosfera

ODS 15: Vida de Ecosistemas Terrestres

Más allá de la Sostenibilidad: Biomimética Organizacional (XII)

ODS12. Biomimética Organizacional

 

Bibliografía:

- Valladares, F. (2023): La recivilización.  Desafíos, zancadillas y motivaciones para arreglar el mundo. Destino, Barcelona, ISBN 978-84-233-6385-8

En este artículo se habla de:
OpiniónODSagenda 2030crisis climática

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